Un conversador memorable en Granada

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"Creí que al llegar a Londres iba a discutir con Aristóteles y Platón. Eso sucedió después, cuando conocí a Gabriel García Márquez o Juan Gelman". Palabra de Joaquín Sabina en sus últimas memorias. Juan Gelman destaca en dos de las grandes artes: la poesía y la amistad. Cortázar dijo de él que sus versos estaban llenos de palabras transparentes. Se quedó corto. Todo en Gelman es transparente. Hasta su lado más opaco.

Su nombre llegó hasta las últimas deliberaciones en la primera edición del Premio Lorca de Poesía. Se llevó el premio -y los 50.000 euros- Ángel González por un reducido número de votos. En las siguientes ediciones, una fotito suya aparece siempre en los periódicos que hacen sus quinielas sobre los posibles candidatos. En su última visita a la ciudad el pasado 8 de mayo deslumbró en la Huerta de San Vicente. "Me harta la poesía de hoy, ojalá fuera la poesía de ayer o de mañana", dijo ante un público en el más absoluto de los silencios. "Hay palabras que no se pueden decir: duran y hacen mal, como un caballo loco", continuó Gelman con su inconfundible acento argentino en el que las palabras vuelan. Estuvo sereno, íntimo, aunque durante sus días en Granada no abandonó nunca en el hotel su amplia sonrisa que esconde un abismo de amargura. Solícito y atento, dejó además un recuerdo de gran conversador.

Pero, en aquellas fechas, Granada ya no era sólo una postal de la Alhambra para Gelman. Ya había visitado la ciudad en octubre de 2004 invitado por la Cátedra García Lorca de la Universidad. Compartió versos y admiración con Luis García Montero. Y recuerdos amargos de su hijo asesinado, de una nuera de la que sigue buscando sus restos y de una nieta hurtada al nacer. "La poesía es una reflexión interior, es la biografía del espíritu. Se que ese dolor está ahí, pero cómo influye, de qué modo me influyó, es muy difícil de saber", confesó un hombre con apariencia de abuelo perfecto. "La poesía es una forma de interrogar a un mundo cada vez más cruel", continuó. "No creo que funcione como un arma para cambiar el poder político, pero sí es un vehículo para que la gente se enriquezca".

Gelman ha habitado en los infiernos y ahora vive en los altares de la poesía. En sus visitas a la ciudad de Granada dejó la impronta de un inmenso poeta y de un conversador memorable.

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