El corazón de un grande

A George Roger Waters, nacido en Great Bookham, Reino Unido, el 6 de septiembre de 1943 (es de la quinta de Mick Jagger y Keith Richards), siempre le marcó de forma crucial la muerte de su padre, Eric Fletcher Waters, durante la Segunda Guerra Mundial, en la campaña de Anzio. La pérdida del padre, la influencia de la madre, los destellos de la guerra fueron, de hecho, el eje central de una de las obras fundamentales en el rock del siglo XX: el disco The Wall (El Muro). En él Waters llegaba a su cumbre como compositor después de haber realizado joyas musicales del rock sinfónico como The dark side of the Moon, Wish you were here o Animals con su banda, Pink Floyd. Roger Waters demostró con The Wall que él era, había sido, la esencia de Pink Floyd. A partir de ese disco, el grupo se desmoronó. Pero el bajista inglés ya había mostrado su talento.

Lo mostró desde el comienzo, desde el año 1965, en que, junto con el guitarrista Syd Barrett, el teclista Rick Wright y el batería Nick Mason formó el grupo Pink Floyd, una banda de nombre sonoro y casi psicodélico (muchos creyeron que la traducción al castellano era Fluido Rosa, cuando en realidad eran los nombres de pila de dos bluesmen a los que Syd Barrett adoraba, Pink Anderson y Floyd Council) que pronto daría mucho que hablar en Londres.

La formación destacaba por la experimentación sonora que hacían en sus conciertos y su modo de hacer grandes desarrollos musicales. Fue el comienzo de la psicodelia de la mano de un Syd Barrett que rápidamente se convirtió en el líder y compositor de la banda, pero también rápidamente se deterioró por su abuso del LSD.

En la época en que Barrett comandó el grupo y salieron los dos primeros LP, Waters parecía agazapado detrás de su bajo. Pero cuando, finalmente, Syd Barrett tuvo que ser sustituido en 1968 por el guitarrista David Gilmour por su absoluta falta de contacto con la realidad, Roger Waters retomó las riendas del grupo y lo hizo pasar del pop psicodélico con canciones de tres minutos a un rock sinfónico de enorme envergadura.

Para ello tuvo que 'ocurrir' un disco, Ummagumma, en el que los cuatro músicos decidieron hacer estallar todos sus egos para ponerse de acuerdo en qué rumbo debía seguir el grupo. Ummagumma era un disco doble en el que uno estaba grabado en estudio y el otro era un concierto en directo. Lo curioso del disco grabado en estudio es que cada uno de los temas era compuesto e interpretado en solitario por cada uno de los músicos. El disco sirvió de exorcismo.

A partir de ahí, Pink Floyd entró en una dinámica de experimentación y éxito. El LP Atom Heart Mother, de 1970, era un experimento, en la cara A, con una orquesta sinfónica. La cara B volvía a ser una colección de composiciones en solitario. En los siguientes trabajos, David Gilmour y Roger Waters se convirtieron en el principal tándem compositor del grupo y la banda entraría en una buena dinámica creativa. También predominaban los temas compuestos por los cuatro miembros del grupo.

El grupo alcanzaría el éxito total con The dark side of the Moon y el triunfo de temas como Money, compuesto por Waters. A partir de ese disco, se convirtió, de facto, en el líder de la banda, y continuaría siéndolo hasta la publicación de The Wall, en 1980.

El disco, pese a su éxito, supuso la primera crisis seria dentro de la banda, cuando el teclista Rick Wright decidió marcharse antes de la publicación de The final cut, en 1983. Comenzaron entonces fuertes disputas internas que terminaron con Roger Waters declarando unilateralmente, en 1985, la disolución de Pink Floyd.

Ni Nick Mason ni David Gilmour estuvieron de acuerdo con aquello y comenzó un largo litigio que terminó en los tribunales. Finalmente se decidió que Gilmour y Mason pudiesen seguir utilizando la marca Pink Floyd mientras Waters podía tocar en directo los últimos cinco álbumes del grupo.

La carrera en solitario de Waters comenzó con The pros and cons of hitch-hiking, con músicos como Eric Clapton en nómina, seguido de la banda sonora de la película When the wind blows, estrenada en 1986. Al año siguiente, Waters experimentó con el pop en Radio K.A.O.S., disco que fue eclipsado en las listas por el triunfante A momentary lapse of reason de Pink Floyd, de nuevo reunidos sin Waters.

La caída del muro de Berlín le dio la oportunidad perfecta para realizar uno de los conciertos más emblemáticos del siglo XX: el que llevó a cabo en la capital alemana, ahora reunificada, para retomar The Wall en directo acompañado de las grandes estrellas del rock del momento. El espectacular muro que se fue levantando mientras se iba desarrollando el concierto para terminar derrumbándose en el último tema fue uno de los grandes iconos del rock. Tras eso, Roger Waters se embarcó en la escritura de una ópera, Ça Ira, en la que invirtió 16 años de trabajo. En 1992 publicó Amused to death, con grandes halagos de la crítica. Sin embargo, Waters decidió tomarse ocho años de descanso.

En 1999 decidió volver a los escenarios con el tour In the flesh, en el que retomaba temas de Pink Floyd y composiciones en solitario. Era su modo de ir desengrasando la máquina.

En 2005, tras años de disputas con sus antiguos compañeros, Waters, Gilmour, Mason y Wright volvieron a hacer las paces y subieron como grupo a tocar en el Live Eight Festival organizado por Bob Geldof, el protagonista de la película El Muro. Aquello dio pávulo a rumores de reunión y fue el primer paso para un acercamiento.

En 2006 Waters se embarcó en la gira The dark side of the Moon live, gira que hoy llega a Granada después de dos años rodando por todo el mundo. Waters, como sus compañeros de quinta Jagger y Richards, demuestra seguir siendo un peso pesado en el mundo de la música. Su corazón sigue activo y su obra está más viva que nunca. Esta noche se podrá comprobar en Atarfe.

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