Una correcta despedida del programa central

Intérpretes: Eric Alexander Quartet. Fecha: viernes 15 de noviembre. Lugar: Teatro Isabel la Católica. Aforo: lleno 500 personas.

Del entusiasmo que contagió la noche anterior China Moses, pasamos a la corrección personificada que encarnó el viernes Eric Alexander al frente de su cuarteto. Si esta reducida edición del Festival de Jazz de Granada comenzaba la semana pasada con los exabruptos de Christian Scott, un tipo dispuesto para la confrontación, capaz de plantarle cara a la autoridad, ya venga esta representada por un agente de policía o por el trompetista más influyente de los últimos setenta años, el cierre, al menos en su programa central, pues los conciertos en paralelo continuarán hasta final de mes, estuvo protagonizado por el comedido Eric Alexander, un saxofonista dotado como el que más para hacer diabluras con su instrumento, pero que en cambio prefiere centrarse en una ejecución formalmente perfecta, saludar y dar las gracias como un buen chico. Y ciertamente, en el aspecto formal, el concierto que ofreció la noche del viernes fue intachable, se podría decir que impecable, tanto en la elección del repertorio, un excelente muestrario de las principales corrientes, como en la ejecución, que fue sencillamente perfecta, con las notas precisas y cada una en su sitio, inmaculado, lo que los críticos llaman un concierto aseado. Digamos que uno preferiría actuar aunque después tenga que disculparse, mientras que el otro se inclinaría siempre por pedir permiso. Así pues, con un aspecto elegante, bien trajeados y dirigiéndose al público con simpatía -y en un muy correcto castellano- pero muy educadamente, el norteamericano cubrió el expediente sobrado de capacidad. Comenzó el cuarteto dejando el protagonismo en manos de Joseph Farnsworth, un excelso batería cuyo aspecto de empleado de banca no le impide fundirse con su instrumento como si ambos fueran uno solo. Al igual que el resto, cubrió su parcela impecablemente, y como una encarnación moderna de Gene Krupa, arrancó dando espectáculo y ejerciendo de solista en el primer tema, un ejercicio redondo de be bop atemporal cortesía de uno de las mayores influencias de Alexander, el gran George Coleman, al que volverían más tarde interpretando Apache dance. Fue uno de los momentos más genuinamente jazzísticos de todo el festival, clasicismo en estado puro. Y poco se desviaría el cuarteto de ese camino, pues tocando varios palos infalibles, el resto del repertorio estuvo enfocado a ejercitarse con cada uno de ellos como en una lección académica de jazz canónico. Por supuesto hubo bop, un tema de base blues, unas gotitas de afro y latin-jazz que condimentó Fabio Miano al piano, y por supuesto una sentida balada con saxo tenor y piano que reservaron para el consabido bis. Con siete temas en apenas hora y media despacharon su lección de clasicismo y con ella clausuraron la edición 2013 del Festival de Jazz. Hasta noviembre de 2014.

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