Juan Andrés Maya. Bailaor

"No creo en los finales felices, ni en el escenario ni en la vida"

  • El director de los XIV Encuentros Flamencos de Granada, que comienzan el 3 de diciembre, prepara su mano a mano con Farruquito.

Juan Andrés Maya dirige por sexto año los Encuentros Flamencos de Granada, que este año tienen como protagonistas a las dinastías de los Maya y los Farruco, además de las voces de Miguel Poveda y Argentina.

-El festival une a dos sagas flamencas, los Farruco y los Maya, dos familias que, cuando tienen un niño, el doctor dice: "Ha tenido usted un bailaor...".

-En mi caso fue así, dicen que nací moviendo las manos como si estuviera bailando. En este festival comparto escenario con Farruquito porque somos amigos y hace tiempo que queríamos hacer algo juntos. Escucho por ahí gente que se pregunta quién de los dos va a bailar mejor, como si fuese una competición, pero los dos tenemos nuestro público y nuestra manera de bailar. Va a ser una fusión muy bonita de los dos porque vamos a improvisar en el escenario.

-¿Se puede improvisar un espectáculo de baile como si fuera un concierto de jazz?

-Hay un guión y sorpresas, pero teniendo oído y con músicos como los que llevamos detrás se puede improvisar sin problemas.

-¿Se va a atrever a bailar una farruca con su compañero?

-No, yo me tiro más por la soleá, pero él no me ha dicho qué va a bailar. También haré seguiriya o tarantos, todavía tengo que decidirlo.

-Antes de esta conjunción en el escenario, la Farruca y su hijo abren el festival con el espectáculo Herederos.

-Es un homenaje a la familia Farruco. La Farruca es un ejemplo a seguir, es una luchadora y ahí sigue después de todo lo que ha pasado en la vida.

-La mayoría de bailaoras de su edad están más centradas en la enseñanza y en la coreografía que en salir al escenario para bailar

-Ella da sus clases, acaba de estar en Nueva York dando un cursillo, pero ella se ve con fuerza. Hay que centrarse en la enseñanza cuando empiezas a retirarte y ya tienes tu sello. Pero en el flamenco una retirada a tiempo es una victoria.

-Mario Maya decía que se retiró porque la danza es estética y sentía que ya no tenía la presencia física necesaria.

-Era tan personal que, aunque ya tenía su barriguita, no tenía que haberse retirado nunca. Cuando trabajé con él en Diálogo del Amargo me equivocaba en los ensayos a cosa hecha para que él subiera al escenario a explicarme cómo se hacía. Hay veces que con dos pinceladas no hace falta nada más. El flamenco es una carrera de fondo y llega un momento en el que las fuerzas te abandonan, porque somos seres humanos, pero queda un arte, un saber.

-Manolete parece más centrado en su escuela de La Chumbera aunque conserva la presencia física...

-A Manolete lo ves en el escenario y parece un niño de 15 años, cada vez baila mejor. Es verdad que hace sus galas contadas.

-En su caso, por su trayectoria, parece un veterano aunque apenas tiene 41 años. Un médico de su edad casi está empezando...

-No tengo edad para meterme en una academia para aprender con este y con aquel. Yo ya tengo un nombre y la gente busca aprender conmigo. Me gusta más mirar atrás que adelante, pero si Carmen Amaya levantara la cabeza tendría que aprender lo que se hace hoy en día. Siempre tienes que aprender, bailar para tener fondo. Con mi edad es más peligroso porque tengo que defender una escuela y un sello, no soy partidario de estar bailando mucho tiempo porque lo hago con mucha intensidad y mucha fuerza y cuando no pueda estar al nivel que yo me impongo me iré, como un cantaor que se queda ronco.

-Como hombre del Sacromonte, ¿ha pensado cómo podría repercutir este festival en la cuna del flamenco?

-Mi barrio está implicado a través de la gente de mi cueva. Está La Chumbera, pero se queda pequeño por espacio, de hecho Poveda actúa en el Auditorio Manuel de Falla porque el Teatro Isabel la Católica se queda pequeño. Si se pudiera hacer un festival flamenco en verano en el Sacromonte sería una joya porque tenemos los espacios.

-¿Los bailaores están resistiendo mejor la crisis que los cantaores?

-Creo que sí. Pero nosotros también notamos la crisis, sobre todo a la hora de viajar. Hace unos años iba a Nueva York y me tiraba cuatro meses, iba a Tokio y estaba tres. Ahora te llaman y estas tres días para una gala y para impartir un curso. Las giras de antes ya no existen.

-Muchos artistas que actuaban en los grandes teatros del extranjero ahora lo hacen en los hoteles

-Claro, yo no lo he hecho, pero tampoco me han llamado porque no he presentado proyectos. Mucha gente presume de que estrena espectáculos en Madrid, pero no es que los hayan contratado, son ellos los que corren con todos los gastos. Para trabajar hay que mandar proyectos, ya no te llaman para decirte que tienes una actuación.

-¿Los bailaores tienen ahora que hacer más trabajo de despacho?

-Sí, por ejemplo acabo de presentar un proyecto para Flamenco viene del Sur. También están los Jueves Flamencos de CajaSol en Sevilla, la Bienal, acabo de estar en la I Muestra de Flamenco de Sevilla, el Festival de Jerez... Son festivales para programadores, viene gente de otros teatros y otros países para contratar espectáculos. Pero las cosas han cambiado, nadie puede tener una compañía estable. Cuando tenemos una gala juntamos a nuestros artistas, pero ya no compañías estables como la que tenía Antonio Canales, que sabes que son artistas que trabajan siempre juntos y están cortados con la misma tijera.

-En la actualidad se aprecia cierta uniformidad en los espectáculos flamenco, todos correctos pero cortados con el mismo patrón escenográfico. Usted en cambio se sale del guión y no duda en crucificarse sobre el escenario con su obra basada en la Pasión de Jesucristo.

-Yo no dejo las cosas a la mitad, no entiendo el flamenco sin riesgo. Soy muy cabezón, si me equivoco, me equivoco yo. Para la crucifixión contraté al que hace las escenografías a David Bisbal, me ofrecieron salir crucificado de los camerinos y yo dije que no, que había que hacerlo sobre el escenario. Y si lo tengo que pagar de mi bolsillo lo hago y punto. Hoy en día ves espectáculos muy bonitos, pero cuando te levantas no ha pasado nada. Antiguamente ibas a a ver a Mario Maya y era diferente, Antonio Gades también. Venían de la misma escuela de Pilar López, pero eran diferentes. Hoy en día todos son un calco, todos lo hacen igual.

-¿El problema es que no hay grandes equivocaciones porque no hay riesgo?

-Me gustan los espectáculos que rompen. Por ejemplo, el espectáculo que he presentado a Flamenco Viene del Sur es la historia de un hombre que no encuentra a sí mismo, en el sexo, en la vida, en sus relaciones... Lleva un montón de pasos flamencos que estoy rescatando, siempre con una razón, y hablo en el escenario con un muñeco, en directo.

-¿No habrá que leer el libreto para comprender el espectáculo como pasa en otras ocasiones?

-Hay veces que no he hecho programa de mano y la gente entiende el espectáculo perfectamente. En este espectáculo muestra a un hombre traumatizado, que está solo, con un muñeco que interpreta diversos personajes, su madre, su amante... El final es muy trágico porque me gusta impactar al espectador, no quiero que el espectador salga diciendo que es un espectáculo muy bonito pero nada más. Yo no creo en los finales felices, ni en el escenario ni en la vida.

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