Giulia Quaggio. Historiadora

"La cultura ha servido para crear una imagen de país moderno"

  • La investigadora muestra la importancia de los creadores en la Transición en su nuevo libro y participa esta tarde en un coloquio en la Biblioteca de Andalucía

Giulia Quaggio es doctora en Historia Contemporánea por la Universidad de Florencia y autora del libro Cultura en Transición, que cuenta el proceso de reconciliación entre la cultura y el ámbito político en la situación heredada del franquismo. La escritora visita la ciudad invitada por la Fundación Ayala para encabezar el debate sobre la cultura y su futuro que organiza el Ateneo en la Biblioteca de Andalucía (20 horas).

-¿De qué manera un Estado puede delimitar o fomentar la democracia través de la cultura?

-El concepto de cultura es un concepto etéreo. Cultura puede ser cualquier cosa. Dado el carácter simbólico de este bien espiritual, del que cualquier persona puede apropiarse, la cultura goza de una versatilidad única, además de la capacidad de transformar los sentimientos, las emociones y a veces incluso la vida. En otras palabras, la cultura, el arte y el intelecto, pueden crear ciudadanía, solidaridad y, por el contrario, reducir indirectamente tensiones y situaciones de crisis. Los estados tendrían siempre que considerar que la cultura constituye un capital simbólico muy importante que participa en la construcción social de la realidad, no es sólo superestructura, es decir un mero reflejo de la economía material, sino algo mucho más complejo. A través de mi libro he tratado de recordar a los lectores cómo la cultura puede ser una solución en una etapa de cambios.

-¿Qué opina sobre las políticas tomadas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno actual?

-Para el PP la política cultural no es algo central. Esto es evidente. Los datos preocupantes de un estudio del sociólogo Juan Arturo Rubio demuestran cómo entre 2010 y 2013 la Secretaría de Estado de Cultura ha registrado una reducción del 50% nominal en los presupuestos. España es el país que más ha reducido el gasto público en cultura. Se tratan de unos datos que contrastan con la tendencia experimentada entre 2000 y 2009 cuando España fue el país europeo con más inversión en cultura y arte, con un incremento del 91%. Sin embargo, la actual tendencia no es solo española, Alemania también está invirtiendo de forma más bien moderada en cultura. El 'hombre líquido' del siglo XXI ha perdido el valor legitimador y el potencial transformador de la cultura. Por eso, son necesarios libros que demuestren la importancia de la cultura en política en situaciones difíciles, como fue la Transición.

-Su libro documenta el panorama cultural hasta 1986. Desde entonces, ¿en qué etapa cree que se ha gestionado mejor la política cultural del país y por qué?

-Para España, la cultura y el arte contemporáneo, en particular, han sido fundamentales para delinear una nueva imagen del país moderna y democrática. Por eso la inversión en infraestructura cultural ha sido increíble en los años de consolidación de la democracia. Entre los distintos gobiernos del PSOE y del PP hubo mucha continuidad en proyectos, aunque el PSOE, heredero de los valores de la Institución Libre de Enseñanza, ha dedicado a lo mejor más interés y dinero en las políticas culturales. A veces, las mismas inversiones han sido excesivas y sin objetivos claros.

-Habla de lo beneficioso que fue para la España franquista una apertura al exterior provocada, en parte, por su anexión a instituciones internacionales. ¿Cree que la globalización es beneficiosa para las culturas minoritarias?

-Para España, Europa, durante la larguísima dictadura de Franco fue fundamental para superar la grisura cultural del país: no hay que olvidarlo ahora que la integración europea es criticada en muchos aspectos y con razón. Mi opinión es que la inserción en una cultura transnacional y cosmopolita es fundamental para enriquecer los ciudadanos y los Estados. No hay que tener miedo a perder nuestra identidad al confrontarse con el resto del mundo. Podemos permanecer fieles a nosotros mismos, pensando en grande, sin provincialismos y nacionalismos.

-¿Por qué es tan importante la figura de Fraga en la etapa final del franquismo?

-Una tesis de mi libro es que la transición cultural española no puede entenderse sin considerar la fuerte influencia de las políticas culturales de los años de tardofranquismo. El primer Ministro de Cultura de UCD, Pío Cabanillas Gallas, se formó en el séquito administrativo de Fraga. La idea de fracaso cultural del franquismo tiene que ser matizada. Sobre la base de esa identidad fronteriza, dúctil y dialéctica en la que coexistían elementos de modernización y de la tradición nacionalcatólica se forjaron los cambios administrativos y políticos de las instituciones culturales después de la muerte de Franco.

-¿Qué estrategias utilizaron los socialistas, a través del ámbito intelectual, para provocar la ruptura con el régimen e iniciar un proceso de democratización estable?

-Toda la oposición antifranquista, y sobre todo muchos intelectuales comunistas, fueron fundamentales en la creación de espacios de libertad en el interior de la grisura franquista. Intelectuales y artistas, además del movimiento vecinal pidiendo servicios culturales, han contribuido a la formación de una cultura democrática para los ciudadanos españoles. Durante la segunda mitad de los años 70, con la crisis del marxismo y de la idea de una cultura comprometida, muchos intelectuales pasaron del PCE al PSOE. El PSOE se dio cuenta inmediatamente de la importancia de la cultura para los resultados electorales y la consolidación de la democracia. Hay solo que pensar en el manifiesto Por el cambio cultural, publicado en El País en 1982 que firmaron intelectuales como Vicente Aleixandre o Jorge Guillén.

-Esta semana, numerosos diarios internacionales han publicado la suspensión de una corrida en Las Ventas tras ser heridos los tres toreros. ¿Cree en los toros como valor cultural? Miles de usuarios de todo el mundo han manifestado su alegría por la cancelación, ¿cree que la imagen del toreo beneficia a España?

-Como explico en mi libro, hay una continuidad histórica en las políticas culturales de los gobiernos españoles que han utilizado con fines turísticos una imagen nacional basada en los estereotipos de los viajeros románticos del siglo XIX, es decir una España como fiesta, pasión, flamenco y toros. La verdad es que incluso en el siglo XXI los gobiernos, con independencia de su color político se aprovechan de una imagen estereotipada del país, tal vez porque todavía es difícil encontrar una identidad nacional en el que todos los españoles puedan reconocerse sin conflictos. Sobre esto habría que trabajar con una aportación de todos, ciudadanos y gobiernos.

-¿Qué puntos cree que España debe reforzar para hacer una cultura competente tanto de forma interna como de cara al exterior? ¿Cree que nuestro país podría ser una primera potencia cultural?

-España es un país que ha sido siempre una pieza central en la cultura europea. En él nacieron genios del arte contemporáneo, admirados e imitados en todo el mundo. Probablemente España debería tener más conciencia de sus posibilidades sin copiar demasiado hacia el exterior; debería tener como objetivo más que una cultura de la imagen y de gran infraestructura cultural, tratar de redescubrir su poder de influencia dentro de la cultura mediterránea, así como sus lazos con Iberoamérica.

-En su libro recoge declaraciones de Víctor Pérez Díaz, prestigioso sociólogo, donde afirma que el cambio hacia la apertura consolidada venía de la mano de generaciones crecidas en el calor de los movimientos estudiantiles. ¿Cree que vuelven a ser los jóvenes el sector poblacional con mayor poder?

-España en los años de transición era un país joven. Y fueron unos jóvenes que lideraron el proceso de democratización. La situación actual es totalmente diferente. Es obvio que los jóvenes pueden aportar nuevas ideas, nuevas percepciones y soluciones creativas. Sin embargo, no creo en un juvenilismo sin verdaderos objetivos, muy cercano al populismo que la crisis económica ha traído a Europa. Más bien creo en el encuentro entre generaciones.

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