Dos culturas muy nuestras

  • La música de Al- Andalus y de la corte de los Reyes Católicos se unen en un gran recital La Grande Chapelle estableció un tierno diálogo con la cantante argelina Beihdja Rahal

Fantasear sobre cómo sería vivir en la Alhambra casi es inevitable cuando uno está sentado en el Patio de los Arrayanes. Imaginar cómo pudo ser la llegada de los Reyes Católicos a la ciudad palatina, de qué manera acoplaron las estancias a sus necesidades, cambiaron o adoptaron determinadas costumbres e impusieron nuevas normas fue lo que ayer se desprendía del diálogo musical que La Grande Chapelle dirigida por Albert Recasens estableció con la cantante argelina Beihdja Rahal.

La música y la poesía eran dos pilares de la cultura andalusí, los monarcas protegían a los poetas y los versos de alabanza a Dios, al emir o a la propia belleza de la Alhambra están inscritos en las paredes en árabe clásico otorgando al monumento un singular papel de libro de poesía que anoche se abría ante nuestros ojos. Pero la música también fue fundamental para la Reina Católica, de hecho todos sus hijos la estudiaron. Juan, además, tenía buena voz y contaba con su propia capilla musical. Su temprana muerte, poco después de casarse con Margarita de Habsburgo, impidió que llegara a reinar. Juana, tercera hija de Isabel y Fernando también destacó por sus dotes para tocar el clavicémbalo. La Reina Isabel creía tanto en el poder de la música que incluso aseguraba que ayudaba a reinar y a tomar decisiones más justas. Por eso, es su corte protegió a importantes músicos de la época que escribían temas tanto religiosos como dedicados al esparcimiento.

Esa mezcla de melodías andalusíes y castellanas que seguro se fusionaron, al menos en la primera etapa de los Reyes Católicos en la Alhambra, fue lo que ayer escuchamos con el programa bello y original que la Grand Chapelle dedicó al segundo Conde de Tendilla, Íñigo López de Mendoza.

Debió ser un contraste fascinante escuchar la llamada a la oración del imán y, por otra parte, las campanas tañendo o los rezos en latín. Por eso resultó muy hermosa la Plegaria Alâ hal la-nâ min ba'di al-tafarruqi que significa Los almendros están en flor entonados por la voz de Beihdja Rahal que llenó de color el silencio de la noche evocando esa forma de vivir de Al-Andalus.

Antes de verla a ella escuchamos su voz porque la argelina Rahal llegó desde la parte de atrás de los Arrayanes y paseó cantando junto al agua, de una manera exquisita y fantásticamente vestida a la manera andalusí portando su laúd. Su plegaria terminó una vez en el escenario, donde se sentó junto al resto de los músicos. Apenas hubo unos segundos de pausa, era la manera de sentir más intensamente el contraste, de entender la abismal diferencia entre Granada y Castilla y el choque de mentalidades y maneras de vivir, de la mano de la música.

La Grand Chapelle entonó dos piezas religiosas de Juan de Anchieta (1462-1523): el motete a cuatro voces Virgo et Mater y el Domine Iesu Christe. Pudimos conocer la parte festiva, lúdica y divertida de la corte de la reina Isabel escuchando una de esas composiciones que se tocaban justo después de comer, La vilanella de Vincenzo Capirola (1474-1548) y, después, el villancico Damos gracias a ti de Francisco de la Torre (1483-1504). Tras la 'dosis' castellana volvimos a Al Andalus con Bi Rabbi elladi faraj âla Ayoub que significa Señor, Tú que has disipado el dolor de Job. Y así discurrió la noche, 'al alimón' entre dos culturas que se fusionaron en Granada: la andalusí con todo su refinamiento y la recién impuesta castellana. Las dos ya nuestras, las dos inmensamente interesantes. Las dos defendidas por el segundo conde de Tendilla, a quien estaba dedicado el recital con motivo del quinto centenario de su muerte. Interesante personaje e interesante propuesta la del Festival realizada con la calidad de intérpretes de primera fila de una y otra orilla del Mediterráneo.

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