A mí me daban dos

La noche se había templado un poco y el público se disponía a ver en concierto a uno de los artífices del nacimiento del cool. El mismo Miles Davis reconoció que Konitz dotó de carácter a Birth of the cool (Blue note, 1949), el acta fundacional del estilo que replicó con aire y sosiego al torrencial bebop. Y por el mismo precio, nos dieron dos. Danilo Pérez entendió que era preferible dar espacio a los octogenarios pulmones de Lee Konitz y dedicó la mitad de su actuación a acompañar al piano las vaporosas improvisaciones del saxo alto. Así convirtieron el tema L.T. en una lánguida suite de casi media hora a la que se iban asomando insinuaciones de la Samba de una nota só entre algún que otro estándar norteamericano. Las melodías se deslizaban sigilosas, como un ladrón enguantado de Hitchcock penetraría por la ventana de una casa. Tras una también extendida e intimista lectura de Thingin' el viejo Lee desapareció entre bambalinas para dar paso a Ben Street y a Adam Cruz, los dos compinches al contrabajo y la batería -cómplices los llamó él- de Danilo Pérez. Aprovechó el panameño para congraciarse por la victoria de Obama, pero su mención no despertó en el patio de butacas el entusiasmo que cabría esperar y decidió entregarse al piano. Es conocida su proverbial capacidad para adaptarse a diferentes músicos y estilos y ésta no iba a ser una excepción. Así comenzó a amoldar la música del trío al sonido que mejor iba a envolver el saxo de Konitz un poco más tarde. Y con un Bésame mucho que hizo que acabara cantando el público, consideró que lo tenía a punto. Volvió entonces el maestro y no pudo resistirse a reproducir con su elástico estilo las notas del viejo bolero de Consuelo Velázquez. Con Lee Konitz integrado, ahora detrás, ahora en un lateral, ahora paseando, el grupo ofreció su mejor cara. Sus solos alternaban con los del contrabajo de Ben Street. Adam Cruz realizó el suyo a la vieja usanza, rítmico y acompasado, mientras Pérez animaba a la concurrencia a acompañar con las palmas. A pesar de haber publicado dos álbumes en lo que va de año, su repertorio obvió deliberadamente sus últimos trabajos y rescató Panamá libre y otros viejos temas de Motherland (Verve, 2000) para fundir su sonido con el del último representante del jazz de la Costa Oeste (a pesar de haber nacido en Chicago), como antes lo había hecho con otros grandes del género como Wayne Shorter o el maravilloso Dizzy Gillespie, cuyos All Stars tocan esta misma noche de sábado en el festival. Es algo que un buen aficionado no debería perderse nunca. Se trata de una formación de primera clase y de músicos legendarios.

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