El delirio humano según el Lliure

  • Álex Rigola adapta al teatro las más de mil páginas de '2666', la fascinante novela póstuma de Bolaño con la literatura y los crímenes de Ciudad Juárez como temas centrales y la magistral forma de contar del autor

Cuando Álex Rigola viajó a Ciudad Juárez para adaptar al teatro la titánica novela de Roberto Bolaño 2666 se topó con tres momentos macabros. "Unos días antes de que llegásemos habían asesinado al fiscal general de la zona. Cuando llegamos, mataron al nuevo fiscal que venía al entierro del anterior... Al tercer día, a cien metros del hotel donde nos alojábamos, unos narcotraficantes ametrallaron a unos mariachis por cantar una canción que les criticaba". Su idea era documentarse sobre los asesinatos y desapariciones de mujeres en la ciudad del desierto mexicano. Se encontró sin quererlo con aquella sucesión del delirio humano que contó Bolaño en su inmensa obra.

Crecía así su interés por un libro que ya desde el principio, cuando comenzó a leer, no podía soltar. Buscaba una historia que sucediera en muchas partes y contara muchas cosas. Justo lo que ocurre con 2666, "una novela río que se va abriendo en muchas ramas y al mismo tiempo queda cerrada. No existe para el que la ve la sensación de perderte sino de encontrar el significado final a través de una obra magna", dice Rigola.

Estructurada en cinco textos, La parte de los críticos cuenta la búsqueda de cuatro críticos del misterioso escritor Benno Von Archimboldi. La segunda, La parte de Amalfitano traslada al espectador hasta Ciudad Juárez. La tercera, La parte de Fate reúne a varios personajes de la ciudad mexicana en torno a un combate de boxeo. En la cuarta, La parte de los crímenes se busca a los asesinos ante el cuerpo de la última víctima. Y en la quinta, La parte de Archimboldi, se atan los cabos sueltos de toda la historia.

Más de mil páginas resumidas en cinco horas de teatro con cuatro entreactos, que posee todos los componentes teatrales que debe tener una historia para ser trasladada a las tres dimensiones escénicas: un gran contenido, con historias inabarcables porque son muchas pero donde hay dos "polos importantísimos", cuenta el director. Por un lado, el tema central de Ciudad Juárez y, por otro, el tema de la literatura a través de todos sus agentes: el autor, el editor, el lector, el crítico, el estudioso... Pero, sobre todas las cosas, el grandioso lenguaje de Bolaño. "Me encantó cómo escribía; no es exactamente prosa, sino prosa poética".

Para Rigola, "es un material realmente bueno para los actores, donde la palabra casi se hace miel en su boca y nos permite disfrutar de ideas contadas de una forma poética de uno de los grandes autores del siglo XXI".

Junto a Pablo Ley, Rigola consiguió adaptar una obra nada fácil, con cinco textos independientes pero magistralmente engarzados. Cinco horas de espectáculo también independientes que dan la posibilidad al público de salir y entrar a una obra nueva. Cinco lenguajes y cinco títulos para cinco formas de hacer teatro, que Rigola domina en un total control de las acciones simultáneas y los personajes que transitan por las diferentes historias. Cuarenta personajes a quienes dan vida doce actores entre los que están Chantal Aimée, Andreu Benito, Alba Pujol o Julio Manrique.

"Las quinientas mujeres muertas y más de dos mil desaparecidas en un periodo tan corto de tiempo en medio del desierto en Ciudad Juárez me acabó contando que por culpa del sistema capitalista introducido por los europeos en su momento y en la actualidad por los americanos los valores de la vida son nulos".

Puede pasar impunemente en cualquier lugar del mundo acostumbrados a mirarnos el ombligo. Cualquier delirio. La no cordura compartida por una sociedad con miedo a despeinarse. Bolaño lo denunció en su 2666 y Rigola recoge el testigo. "Ese delirio es culpa de todos nosotros. Desde la Edad Media hemos decidido mirar sólo dentro de nuestros muros. La ciudad que crecía fuera ya no era cosa nuestra".

La obra se mueve por el relato épico, la novela policial, la crónica literaria o la necesaria reflexión que propone Rigola. "Esta simpleza de no querer saber lo que pasa dentro de nuestros márgenes es lo que ha convertido al mundo en lo que es". Bolaño lo contaba en otra novela, Amuleto, donde hacía referencia a un cementerio de 2666. Como cuenta Rigola, "decía, hablando de Ciudad Juárez, que la Avenida Guerrero se parecía a un cementerio, pero no a un cementerio de 1968 ni uno de 1975 sino a un cementerio de 2666. Un cementerio con el párpado no nato o muerto, un párpado con sus viscosidades acuosas que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo".

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