El más difícil todavía

Compañía e idea original: Vaivén Circo. Intérpretes: Raquel Pretil, Emilio Arquillo, Chema Martín, Miguel Moreno "Bolo". Escenografía, atrezzo: Pepe del Pino y Fina Alonso. Música original: Iván Monje. Dirección: Rosa Díaz. Lugar: Teatro Alhambra. Fecha: 9 al 11 de diciembre de 2011.

En tan solo tres años y tres espectáculos desde su formación, Vaivén Circo ha dado el salto a la poesía. Ese vuelo narrativo que en escena es siempre una acrobacia -el "más difícil todavía"- a alcanzar: los lenguajes escénicos dispuestos para hablar girando la perspectiva habitual (la relación unidireccional entre los seres y las cosas) hacia el simbolismo, la polisemia, la belleza que irrumpe al instaurar otra relación con el sentido.

Sólo así se puede hablar de tantas cosas como sugiere Do not disturb: la construcción de objetos, paisajes inesperados a partir de la rueda y sus fragmentos, el trabajo y el descanso en equipo, la nobleza de los objetos surgidos de la manufactura, la música viva que otorga el movimiento al roce entre un puñado de nueces y la madera, el vaivén y balanceo de los cuerpos que precisan y se mueven siempre en función unos de otros...

Si en su segundo espectáculo, Cayuco, ya se atisbaba una apuesta fuerte por trascender las barreras de las distintas disciplinas -circo, música en directo, teatro, danza- aunándolas en un solo discurso, pero sin llegar a ser entonces tanto un logro como una tentativa expresa al flaquear la dramaturgia; ahora, en Do not disturb (No molestar) ese paradigma creativo es todo un hecho. La pieza se pasea, fluye por entre la danza, el teatro, el circo, logrando además un añadido importantísimo, ese plus de belleza discursiva, poética.

La mutación de una rueda en sonajero, en cascanueces, en barquito-huevera balanceando a su tripulación, en caballo que vuela, en trampolín, en noria de feria, columpio, balancín; o el suelo escénico como pizarra, lienzo de tiza donde esbozar ideas y bailarlas entre dos, son algunos ejemplos de momentos o fogonazos poéticos que asoman rítmicamente a lo largo de todo el espectáculo.

La belleza surge también de la propia sencillez escenográfica propuesta -un panel de fondo reproduce parcamente un espacio de taller y el tono cálido, sepia de la madera impregna todo el conjunto visual- y, a partir de estos cuatro intérpretes y esos cuatro fragmentos semicirculares, de esa sencillez, vemos surgir la complejidad, la multiplicidad de formas, paisajes, sensaciones. Aquí, juega un papel indiscutible la música original de Ivan Monje, en su capacidad evocadora, narrativa, de transición de un ritmo o estado emocional a otro.

Al salto poético que para la compañía supone esta pieza, sin duda, han contribuido: la inquietud y rigor profesional -la investigación y formación continua de los miembros de Vaivén en las artes circenses que les llevó hasta la escuela de Le Lido (Tolouse)-, y el haber confiado la dirección escénica a una creadora extraordinaria, mujer de teatro integral como es Rosa Díaz.

Espectáculo sorpresivo, lírico, embaucador.

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