La dificultad del Ser

El otro lado, que idea Fernando Hurtado no termina de ser el lado más salvaje -que decía la canción-, ni el lado más insospechado, el inconsciente, ese divino claustro más turbio, el otro lado metafórico que aborda lo innombrable con lo que carga, como buenamente puede el ser. El otro lado quiere ser un espectáculo que despliegue cuestiones metafísicas: ¿Qué somos? ¿Qué queríamos ser? ¿En qué nos hemos convertido?; así dice el programa de mano. Otra cosa distinta es lo que una lee en la escena.

El problema fundamental, narrativamente hablando, es que Fernando Hurtado no transparenta ningún extrañamiento en escena respecto al ser, no interroga: predica. Crea un espacio escénico limpio de telares, vacío y ahí dispersa algunos objetos: una cama blanca y naïf a la izquierda, dos tallos de rosa gigantes, un grupo de músicos al fondo, tres maniquíes camufladas entre seis intérpretes femeninas, un tríptico de pantallas-muro móviles; una ovejita de cartón piedra y una serie de letras. Visual -y discursivamente también- el espacio remite a un lugar familiar a medio camino entre el cuento para niños y el videoclip musical. La música en directo del grupo Dardem, igualmente remite, recuerda en eco a Los héroes del silencio; en escena suenan mejor, ahora bien, no se distingue bien el texto, las letras. Eso puede tener su sentido, si así lo exige la dramaturgia, pero la dramaturgia de El otro lado no llega a hilar tan fino, resulta bastante difusa. Lo que sí articula es un personaje principal, protagonista, interpretado por Fernando Hurtado como si fuera el sueño del creador que se hace explícito en escena. Y en ese sueño -que viene a ser la pieza- llama la atención que la música, esté a cargo de un grupo de intérpretes masculinos y el movimiento, lo ejecuten seis intérpretes femeninas. Entre ellos, unas veces danzando, otras meramente observando desde lejos, cual ilusionista orquestando, ángel de la guarda o predicador que predica al espectador discurre -mal camuflado- este dios escénico que interpreta Hurtado. "Estás dormido, despierta. Si eres libre, que se note", dice micrófono en mano en algún momento. Para alcanzar al final de la función a componer, con las letras iluminadas, las palabras: "dios" "retos" previas al The other side final.

Salvo la feliz tentativa de aunar intérpretes a un mismo nivel y un par de coreografías poéticas que ejecutan las intérpretes femeninas y que frasean sobre lo enclenque del ser, el espectáculo acontece como una sucesión de coreografías sin fuerza narrativa. En ocasiones falta limpieza y sincronía, pero sobre todo; falla la capacidad discursiva de este pequeño dios para ese gran reto que es siempre la escena.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios