"Este disco es una invitación a la historia del siglo XX"

  • Sobre los cimientos de TNT nace Quäsar, una banda inquieta por el mundo, tanto que el mismisímo Joe Strummer habría dado lo que fuera por pertenecer a ella

Han vuelto a hacerlo. Jesús Arias y Ángel Doblas, de TNT, se han unido a Antonio Cervera, César Rodríguez y Guillermo Crovetto en un "embolao" que tiene toda la pinta de acabar como Omega. Lo han llamado Quäsar y con él pretenden generar un auténtico eclipse musical. Mañana presentarán la primera parte de este disco, Eclipse parcial de lunas, en el teatro de CajaGranada Isidoro Máiquez en un concierto no apto para mentes dormidas.

-Quäsar nace con un proyecto muy ambicioso en mente...

-Sí. Es el resultado de muchos años de reflexión, de la necesidad de hacer algo completamente diferente a lo que habitualmente escuchamos en la radio, vemos en los vídeos de la tele o presenciamos en directo: la mera idea de que la música es simplemente un objeto de consumo y, además, de consumo rápido, como la comida-basura o los programas del corazón a la hora de la siesta. Para nosotros, la música es una experiencia artística, algo con lo que disfrutar, algo que te enriquezca, te abra los ojos o los oídos, te haga pensar y, sobre todo, algo que te impulse a escuchar el disco de nuevo porque aprecias detalles interesantes. Quäsar, la banda, no es sólo un proyecto ambicioso, sino un proyecto que requiere muchas complicidades. Y este disco, Eclipse parcial de lunas, para nosotros no es un disco, sino un EP, el avance de un proyecto, sólo contiene 12 de las 40 canciones que pretendemos grabar en el futuro y que se llamará Eclipse.

-¿Y esa ópera magna de 40 temas será algo no apto para los oídos actuales de consumo acelerado de canciones?

-¡Esperemos que no lo sea! Más que no apto para oídos actuales, consideramos que es absolutamente apto para los oídos curiosos, los oídos ávidos de algo diferente. Mucha gente se sorprende cuando hablamos de un disco de 40 canciones, pero eso es cómo sorprenderse de que El jinete polaco, de Antonio Muñoz Molina tenga 600 páginas, o que Lo que el viento se llevó durara tres horas. El arte no se mide por el tiempo ni por la cantidad, sino por el disfrute ante su contemplación.

-Este disco reúne acontecimientos tan importantes como el primer paseo del hombre por la Luna o las últimas movilizaciones contra la crisis a lo largo del mundo... ¿Cómo se va colando la historia por las letras y la música?

-Ésa es la idea esencial de lo que será Eclipse, el disco con los 40 temas. Eclipse tiene un argumento: un hombre agoniza en la Unidad de Cuidados Intensivos de un hospital. ¿Quién es ese hombre? Podría ser Federico García Lorca, la víctima de un atentado terrorista, un enfermo de cáncer... Por su mente pasa el mundo que ha vivido, las historias que ha escuchado, sus recuerdos de la televisión... El disco es como una invitación a la historia del siglo XX, y la reflexión de que el ser humano puede ser capaz de lo mejor y de lo peor: dar el salto de lanzar la bomba atómica en Hiroshima en 1945 a pisar la Luna en 1969, ignorar a Somalia o Sarajevo en 1993 o ver cómo la Banca explota hoy a millones de seres humanos y los conduce al matadero del paro, de la angustia, al viejo lema punk del 'No hay futuro'. Cada uno de los temas, aparte de indagar muchísimo en la música, pretende tener letras que son sólo poemas, y poemas que son reflexiones. En eso hemos aplicado mucho la filosofía del flamenco.

-¿Cómo cantarle a los desvaríos de la Bolsa y que no suene a chino?

-Simplemente contando la realidad que uno va viendo a diario. En nuestro anterior grupo, TNT, teníamos una canción que hemos recuperado para el directo, llamada 1984 (Euroshima) y que tenía un verso como continuo soniquete, que golpeaba como un martillo: "Mira y dime lo que ves". No hay más que pararse un instante y observar la realidad que nos rodea para saber que es injusta, y que es injusta a sabiendas. Es decir, es una realidad prevaricadora: bancos que echan a la gente de sus casas, las dejan en la calle y pretenden seguir cobrando la hipoteca; banqueros que tienen sueldos de tres millones de euros y se los suben a siete; brokers de Nueva York que deciden que hay que invadir un poblado de Afganistán y exterminarlo porque así cotizarán mas las acciones de tal industria petrolífera o armamentística... Todo eso produce rabia e indignación. Mucha gente cree en Jesucristo, pero si Jesucristo volviese a aparecer, sería el indignado que entra en el Templo de Jerusalén con un látigo para expulsar a los mercaderes y al Sanedrín. ¿Qué haría el Sanedrín de hoy, el Vaticano? Ordenar crucificar a Jesucristo de nuevo. Tiene demasiadas acciones en la industria armamentística como para que un loco visionario le joda el negocio.

-¿Qué le queda a Quäsar de TNT además de dos de sus miembros fundadores?

-Le queda el espíritu rebelde, inquieto, curioso, rabioso. Los dos miembros fundadores mantenemos la misma forma de pensar que manteníamos desde que se creó TNT. Lo que hemos descubierto es que los demás miembros que se han ido incorporando al proyecto poseen sus propias inquietudes individuales que coinciden con nosotros: espíritu crítico, necesidad de hacer buena música y de que esa música también conlleve una reflexión sobre la sociedad, sobre el ser humano, sobre el arte. Del mismo modo, mantenemos la necesidad de decir: "¡Esto es muy bonito!" y compartirlo con el oyente. Nosotros no queremos fans. Queremos colegas.

-¿Y cuánto hay en este disco de Mozart, Shostakovich, The Clash, los Stones, Kubrick, Lagartija, Lorca, Boabdil...?

-Pues mucho, muchísimo. En este disco hay muchos homenajes internos a todos esos músicos y creadores mencionados. De García Lorca hay muchas referencias, que a veces aparecen en un verso suelto, o a veces en una versión de un poema suyo. De los Rolling Stones está el gusto por meter siempre algo distinto en una canción. De Mozart, la tremenda lección musical que dio siempre y que nos acercó a la música clásica, y que nos llevó, de ahí, a Shostakovich, y de Shostakovich, a la música contemporánea. De Boabdil nos llevamos el simbolismo de la Alhambra y el gusto por la cultura árabe, que es tan nuestra, y que debería ser para los españoles tan importante como la cultura occidental o la cultura del rock and roll. De Lagartija Nick, el ejemplo de banda absolutamente inquieta, continuamente en movimiento, eternamente en vuelo. Y de The Clash, las inmensas lecciones que aprendimos de Joe Strummer cuando vino a Granada en busca de amigos, de dolor y de ternura.

-Se rumorea que este disco ve la luz después de alguna que otra noche sin dormir... ¿Cómo ha sido esa grabación tan intensa?

-Todos trabajamos y tenemos que sacar las horas de donde no hay. Y esas horas están en la noche, en los fines de semana, en los días de descanso... Por desgracia, la figura del músico está muy mal vista hoy en día y no se le considera un profesional; la música es percibida como un mero hobby. Nosotros trabajamos para poder llegar a final de mes pero luego, al llegar a casa por la noche, comenzamos a soñar. Y es ahí cuando nos ponemos a componer, a tocar. Para nosotros, la música es el sueño de los pobres.

-Ahora escriben sus canciones en partituras, ¿qué pasó con la forma más punk de entender la música?

-Es simplemente una evolución. En una banda punk te entiendes con el batería diciéndole simplemente: "Toca más fuerte en esta parte" o "aquí podrías meter un redoble que dure un compás". Pero así no te puedes comunicar con el violinista de una orquesta sinfónica, cuya música tiene como un millón de matices. Escribir una partitura es sólo darle indicaciones al intérprete de cómo, más o menos, te gustaría que sonase... Viene a ser como cuando le decías al batería: "Toca más fuerte en esta parte".

-Estrella Morente retoma en una de las canciones de este disco la fascinación de su padre por explorar con las músicas actuales y por aventurarse en nuevas experiencias...

-Estrella Morente está brutal en el disco, y queremos que esté mucho más presente en el futuro disco. Su participación en nuestra versión de En un sueño viniste, de Enrique Morente, un tema que su padre musicó basándose en un poema del rey andalusí Al Mu'tamid, viene de una vieja promesa durante la época de gestación del disco Omega, de Enrique Morente y Lagartija Nick. Ella tendría entonces 14 ó 15 años y yo quería una versión punk de esa canción de Enrique, que me entusiasmaba. Le dije un día: "Esto lo tenemos que grabar alguna vez tú y yo". Y me dijo que sí. Cuando, la noche en que bajamos al estudio de su padre, el pasado octubre, ya muerto Enrique, o más bien asesinado por el cielo, tuve que coger de la mano a Estrella porque le resultaba muy duro. Pero al cabo del rato, cuando nos fumábamos un cigarrillo en el patio, mientras los ingenieros lo preparaban todo, comenzó a sentirse más relajada y más en la onda de "Esto lo tenemos que hacer por mi padre... se lo debemos". Para mí, La Seguiriya del Hierro II, la que cierra el disco con Estrella Morente, es lo mejor que se ha hecho en años en el flamenco. Es una seguiriya devastadora. Lo mejor del disco.

-Tuvo mucha 'culpa' de que naciera un gigante como Omega, un disco que ya forma parte de la historia de la música de este país... ¿De qué forma este álbum toma su relevo?

-Digamos que Omega ha tenido, por pura coincidencia en el tiempo, dos hijos al mismo tiempo: por un lado, el disco de Los Evangelistas, Homenaje a Enrique Morente, y por el otro, Eclipse parcial de Lunas... Es todo muy curioso, porque nada ha sido premeditado, sino que ha fluido así, como el agua de la Alhambra. Tras la muerte de Enrique, a mi hermano Antonio le ofrecieron hacer un homenaje en Córdoba a Morente desde el punto de vista de dos bandas que habían trabajado con él, Lagartija Nick y Los Planetas. Por el otro, yo quería incluir en Eclipse muchas de las ideas y propuestas que Morente y yo habíamos estudiado durante la gestación de Omega y que, por falta de espacio, o porque eran demasiado locas para su momento, quedaron fuera. Yo tenía con Enrique ideas como una seguiriya con alarmas y voces de astronautas, una versión de Helter Skelter, de The Beatles, con la letra de Niña ahogada en el pozo, de García Lorca, la versión de En un sueño viniste, que debía ser al mismo tiempo un homenaje a la canción Paint it black, de los Rolling Stones... Muchas cosas así que pensaba que sería una pena que se quedaran en el tintero, en bocetos, en apuntes... De modo que, en 2008, tras una nueva reunión de TNT, le propuse al resto de la banda que nos pusiéramos a grabar ya en serio Eclipse y que incorporásemos ese material que yo tenía con Morente. Nuestra idea era grabar unas nuevas maquetas, llamar a Enrique y decirle: "¿Te apetece sufrir de nuevo, meterte en otro embolao?". Un día me encontré a Morente y se lo comenté, y me dijo: "Jesusico, contigo yo termino en la cárcel, pero ¿qué mejor sitio para los dos que terminar en la cárcel?". Yo me reí. Morente se nos murió de pronto y nos dejó a todos una sensación de vacío, de cómo sin poder creer eso. Yo aún no me lo creo... Lo que me sorprende es que, tras Omega, y salvo Carmen Linares, nadie se haya atrevido a transitar ese terreno. Enrique Morente abrió un panorama inmenso a flamencos de todo tipo. Y hemos tenido que ser más o menos los mismos locos que estuvieron involucrados en Omega quienes nos estemos atreviendo a explorar nuevas cosas. No a imitar, sino a aplicar las lecciones que nos da Morente y cuya primera ley era: "Si un cantaor flamenco clava una seguiriya, no importa que el acompañamiento sea un yunque, una guitarra flamenca, una orquesta sinfónica o una banda punk". Yo animaría al mundo del flamenco a transitar ese camino, a explorar esos territorios, a indagar, como hacía Enrique Morente. Él fue incluso más allá: mezcló flamenco y cantó gregoriano. O voces búlgaras. Para eso hay que ser muy listo, muy loco y muy genio.

-¿Qué tal está resultando la experiencia de llevar al directo un disco tan complejo?

-Por el momento, en los ensayos, todo genial. Suplimos la falta de instrumentación con unos musicazos tremendos. Guillermo Crovetto es un cantante abrumador, lleno de recursos, un gusto exquisito, y capaz de ir de un sitio a otro sin despeinarse. No hay límite. Yo, a su lado, me siento como si estuviera junto a David Bowie, Tom Waits, Mick Jagger, Bono o Joe Strummer. Hagas lo que hagas, plantees los problemas que plantees, es un bestia. César Rodríguez, nuestro guitarrista, es un jodido genio de la guitarra. No es que toque bien, es que todo lo que toca lo convierte en nuevo, hermoso, futurista. Aparece en el ensayo con su inmenso material de efectos sonoros para la guitarra, se pasa todo el rato toqueteando botones, y lo que al comienzo de un ensayo era un desastre, al final termina siendo una cosa que nos deja fascinados a todos. Antonio Cervera, el batería, es sencillamente sublime. Tiene unos registros rítmicos que son apabullantes, una imaginación desbordante. No es un batería. Es otra cosa. Podría estar horas y horas escuchándole solamente con la batería, sin ningún otro instrumento alrededor. En directo mucha gente no va a poder quedarse sentada en sus asientos.

-Hace más de dos décadas que empezaron en esto de la música, ¿cómo han cambiado las cosas desde entonces en esta ciudad?

-Afortunadamente, no han cambiado ni las cosas ni el espíritu de Granada. Por una parte, hay una Granada muy cainita, muy obsoleta, muy anquilosada... Es la Granada que mató al mejor de sus poetas y durante años alardeó de ello. Es una Granada rancia y triste. La única ciudad del mundo que es capaz de tapar sus ríos, como decía Antonio Muñoz Molina. Por otro lado, hay una Granada creativa, luminosa, curiosa, humilde, llena de poesía y arte. Es la Granada de Morente, de Lorca, de Falla, de la Alhambra. Es la Granada de los amigos, de las tertulias creativas, de los bares de tapas en la que un cineasta se encuentra con un músico y deciden hacer cosas juntos... Omega, de Morente y Lagartija Nick habría sido imposible en cualquier otra ciudad que no fuese Granada. O Morente sueña la Alhambra habría sido imposible sin... precisamente la Alhambra. Granada es una ciudad que tiene una parte que sueña en blanco y negro y otra parte que sueña en color. Afortunadamente, la ciudad que piensa en color sigue siendo una abrumadora minoría.

-¿Qué les habría dicho Strummer al escuchar Eclipse parcial de lunas?

-Habría dicho: "Fuck that, I want to be a part of this!!!" ("Coño, quiero ser parte de esto").

-Este disco no está pensado para ser descargado…

-La gente que lo desee puede hacerlo si me envía un correo a tntjesus@hotmail.com. Hay mucha gente que sabemos que no tiene medios económicos para comprarlo, y a esa gente le debemos un respeto. Lo que no nos gusta es eso de las descargas 'por la cara', o la gente que se beneficia de unas descargas a costa de nuestro esfuerzo. Lo triste es que la gente piense que un disco se ha hecho sin esfuerzo alguno. Porque esfuerzo hay mucho, y muchísimo, detrás. Quien realmente no tenga dinero y quiera tener el disco, no tiene más que pedírnoslo. Lo triste es que las multinacionales se lucren por los millones de discos que ponen gratuitamente a disposición de todo el mundo sin consultar con sus autores, lucrándose con ellos, sin pagar ni un céntimo de euro y robándole al ciudadano de la calle. Eso sí es triste.

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