El eco flamenco de Esperanza Fernández

Esperanza Fernández posee una de las voces más flamencas del momento. No sólo la limpieza, la perfecta afinación, el dominio de los bajos y los agudos, el desgarro y el aguardiente precisos, sino también la sensibilidad y el sentimiento que la coloca en el pabellón de las grandes, de las que se cuentan con los dedos de una mano. Su trayectoria es inmejorable. Desde sus primeras aportaciones en Potro de rabia y miel de Camarón y sus colaboraciones con Enrique Morente, no ha dejado de ser reverenciada y reconocida por cuantos la escuchan. Su versatilidad y sensibilidad artística la han llevado a cantar con orquesta, interpretando El amor brujo de Falla, o arropada con el piano de David Peña 'Dorantes'.

En la velada del lunes, esta trianera vino a presentarnos su segundo disco, Recuerdos, elegido por la Asociación de Críticos de Flamenco como el mejor álbum de 2007. Su función se limitó tan sólo a eso. Y para qué más. Junto con el último disco de Poveda, y alguna aportación puntual, es el trabajo más reconocible en su ortodoxia, sin dejar de mirar el horizonte. Es decir, no hay mejor forma de homenajear a los clásicos que seguir su estela dejándolos unos pasos atrás. Hasta el orden del cedé fue respetado. El espíritu de su abuela Salud, quien le inspira esos recuerdos, planea desde el principio de la obra. Comienza el espectáculo con la voz grabada de una niña Abuela, por qué no me cantas, con el puente de Triana al fondo. Suena Manolo Reyes las primeras bulerías. Para los fandangos de Huelva, Lo mismo que los metales, la propia Fernández se confiesa en off: "El flamenco es mi vida". A esto le sigue la soleá, Mi David y mi Miguel, interpretada a solas con la guitarra de Miguel Ángel Cortés, que, junto a la seguiriya y, sobre todo, al Himno gitano, al final de la actuación, fueron los momentos más emotivos de la velada.

Esperanza se acordó del Titi en esos tremendos tangos de Triana, en los que mana toda la sangre de su pueblo. Se acuerda también de La Niña de los Peines con su dulce farruca. Y, vuelve a trasparentar sus recuerdos cuando canta por fiesta la copla Antonio Vargas Heredia con una generosa introducción a capela, mientras sostiene un rojo clavel. Quizá la noche no estaba por Cádiz o quizá la cantaora quiso ser rigorosa en su horario. El caso es que Mi cabellito, las cantiñas de Pinini, que en el disco es el octavo tema, no las cantó. Con Celos hasta del aire pasó a los abandolaos a los que le acompañó un aplaudido baile masculino. Y, para finalizar, la tremenda Gelem-Gelem en versión romanó que en la grabación acompaña el piano de Dorantes y en directo, sin menoscabo, la guitarra de Salvador Gutiérrez, introducida por una voz que recita el himno traducido: "Anduve, anduve por largos caminos", a la vez que se proyectan unas instantáneas del particular éxodo de los gitanos.

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