La electrónica incómoda

Calladamente el ciclo de música contemporánea se ha ido consolidando hasta convertirse en cita obligada para los amantes del experimentalismo. Es elogiable el esfuerzo de los programadores por abarcar músicas de muy diversas procedencias, pero una vez más se pone de manifiesto el abismo que separa a los seguidores de unas y otras corrientes según vengan de la música sinfónica, del rock o de la electrónica, como ahora.

Yoshimitsu Ichiraku es un veterano de la escena japonesa que, además de haber formado parte de grupos legendarios como I.S.O. o Acid Mothers Temple, ha colaborado, entre otros, con Kevin Ayers o Pascal Comelade. Como Doravideo presenta un espectáculo audiovisual novedoso y divertido. Consumado batería, es éste el único instrumento que utiliza en directo y lo hace sin cuartel, pero gracias a un software especialmente diseñado para ello, mientras toca se activan unos sensores que llevan incorporados los distintos elementos de la batería y modifican las imágenes que a través de un ordenador se proyectan sobre la pantalla. Música y video-creación generadas al unísono por una sola cabeza. El resultado, un ejercicio de afirmación anti-copyright, es una serie de cortos frenéticos donde se entrelazan lo épico y lo cotidiano; lo disparatado y lo dramático; lo sublime y lo escabroso. Y así se encuentran promiscua y atropelladamente Freddy Mercury con Charles Chaplin, el más bizarro costumbrismo nipón con New Order.

Su actuación supo a poco y resaltó la crudeza de la propuesta de Pan Sonic. Visualmente el espectáculo se redujo a esto: sobre una pantalla blanca, una línea negra en vertical se iba descomponiendo y distorsionando al ritmo infernal de las máquinas. Los finlandeses pusieron a prueba los tímpanos del público y no todos estuvieron dispuestos a soportarlo. Su música, es verdad, se sufre más que se escucha. Partiendo de la música concreta, el techno desnudo y post-industrial y el minimalismo exacerbado, el dúo sobrepasa los límites del illbient, estira y malea los beeps digitales hasta extremos inconcebibles e hipnóticos, dañinos y catárticos, casi epilépticos. Su electrónica más que abstracta es hiriente como una taladradora y su apuesta absolutamente ultraísta. Así que el glitch era esto.

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