Las esencias de José Guerrero

  • En la exposición 'Los años primeros 1931-1950' se recogen los años de formación del artista· Surge tras la publicación del Catálogo Razonado que finaliza un trabajo de investigación

José Guerrero, tal y como lo conocemos hoy, pasa por ser el gran pintor abstracto español a partir de los años cincuenta. Desde ese momento, con sus desarrollos y desenlaces en torno a la Escuela de Nueva York, con su particularísimo lenguaje, con su solvencia creativa, con sus planteamientos expresionistas, con su gestualismo e, incluso, con su descarado poder evocador, el autor granadino asume unas circunstancias únicas supeditadas a la clara formulación de una abstracción personal e intransferible.

Pero el artista, antes de su trascendente realidad pictórica, tuvo sus comienzos en torno a una figuración que mantenía los postulados propios de una pintura que recreaba posiciones pretéritas pero que aventuraba perspectivas más diáfanas que las que se habían gestado en los espacios formativos del pintor Gabriel Morcillo donde comenzara a pintar y donde, al parecer, el maestro el censuraba porque "pintaba a la manera de un pintor mejicano muy malo que se llamaba Diego Rivera".

El Centro José Guerrero, con un magnífico criterio, ha tenido a bien, incidir en todos los sectores de la amplia producción del artista del que es valedor. Por eso, esta exposición va a ser la iniciadora de una serie de muestras monográficas sobre los distintos momentos creativos del pintor, sobre todo de aquellos que descrian los periodos menos conocidos o que se alejen estilísticamente de la obra crucial de Guerrero. De este modo, se comienza un recorrido por un Guerrero iniciático - Juan Manuel Bonet, con una acertada definición, habla del "Guerrero antes de Guerrero"-, un autor joven que comenzaba a plantearse nuevas necesidades artísticas al margen total de los intereses al uso, en aquella España esclerotizada por los generalizados impactos de una descarnada postguerra.

En la exposición nos encontramos a un Guerrero esencial, poseído de marcas paisajísticas básicas que, pronto, retomarán caminos mejor argumentados en torno a una vanguardia donde se encuentran, entre otros, efluvios matissianos. La muestra ha surgido tras la publicación del Catálogo Razonado que el Guerrero ha editado y que termina un riguroso trabajo de investigación, donde se da a conocer al completo la figura de José Guerrero, situándonos en el conjunto de una ora que tiene muchos más matices que los que estamos acostumbrados en torno a su figura excelsa como pintor abstracto. Una exposición amplia y variada, que culmina con dos pequeñas obras - una no titulada y otra con el ilustrativo título de Las Lavanderas-, ambas de 1950, que suponen las coordenadas estéticas de una producción donde la figuración va a bandonar su posición más representativa para buscar la esencia de una realidad que, desde entonces, va a ser interpretada sólo desde los parámetros de un color con supremo poder y absoluta potestad.

La figura de José Guerrero es, sin lugar a dudas, la base sustentante donde se asientan las experiencias importantes de la modernidad no sólo de Granada, sino de una España que, a partir de él, supo reconquistar unos tiempos que nunca debieron perderse.

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