Los espejos del alma de brutcher

  • La artista expone las bondades y miserias del ser humano con su pincel hiperrealista y un estilo que mezcla la crítica y la ironía

En Teresa Brutcher terminan todas las concesiones del culto al cuerpo y comienzan nuevos ritos dedicados al espíritu. Se vale de él para mirarle a los ojos a la gente y sacar lo peor de esa preocupación por el físico perfecto. Exprime en su pintura hiperrealista arrugas, kilos de más y callos con una naturalidad expresada a base de ironía. Cómo no lo va a hacer... "Es que yo también tengo todas esas cosas".

Nacida en Arizona y afincada en Pontevedra desde hace dos décadas, Brutcher llena con The Real Thing la galería de Ceferino Navarro de desgarradoras imágenes que hablan de soledad en la vejez y el amor, del maltrato a la mujer, su lugar en la vida en distintas culturas y un nuevo tema que refleja la "superficialidad de nuestra cultura actual con la importancia de la belleza externa". Su serie Cuerpo Danone "es una crítica a esta tendencia de una sociedad tan plástica y tan poco profunda".

En este conjunto mujeres casi desnudas y ataviadas con diminutos tangas y joyas sucumben a la tentación de un buen bocado de chocolate ajenas a la mirada de los posibles clientes de un supermercado. Hay también musculosos cuerpos que anuncian con tatuajes la marca que les ha hecho así.

La ventajosa mano artística de Brutcher logra un lenguaje que aúna por igual técnica y mensaje. Utiliza el código apropiado para comunicarse a través del arte. "El deber de todas las artes es atender los problemas más grandiosos y las alegrías más grandiosas del ser humano. Ambas cosas. Debemos tener algo que aportar, algo que decir. Es lo que yo pido cuando soy espectadora". Llama la atención la pintura Conspiración, donde hay tres mujeres en la playa con un burka inventado por Brutcher con encaje que hace juego con la lencería que llevan las mujeres. Aquí esa conspiración no es más que la amistad que "nos salva de todas las situaciones en la pobreza, la vejez, y los momentos de suplicio", cuenta la artista.

Muchos de los cuadros tienen una historia detrás. "A veces son cosas que he visto hace mucho tiempo y surgen de repente. Los cuadros sobre el burka y el lugar de la mujer en la sociedad musulmana tienen su origen en una estancia en Iraq junto con mi marido, que estaba allí destinado. Tardé mucho tiempo en hacer un comentario sobre la sensación que me producía mezclarme en esa sociedad... trascendió después".

Salen así a la superficie sus preocupaciones, sus monstruos y sus miedos. Los de ella y los de mucha otra gente. "La realidad", explica, "es muy subjetiva. La mía es diferente a la de cualquier otra persona pero intento tratar temas que nos unen a todos como seres humanos. Cosas que son universales".

Chocan en la exposición los fuertes colores que usa la artista para hablar de problemas muy negros. Funcionan como signos de exclamación. "Como suelo tratar temas que son un poco escabrosos intento aliviar esa angustia a través de colores alegres. En muchos casos contribuye porque intento abordar los temas con un toque de humor, y cuando los temas son muy duros el color llama la atención y así casi obligo al espectador a tener que mirar". Señorita, ita, ita... es sólo uno de ellos. Cuatro mujeres que son una repetición de sí mismas que se pintan, se liman las uñas o posan sobre coches de colores.

El gran formato es otra de las características personales de Brutcher. "Esta vez hay también algún cuadro más pequeño porque quiero que la gente pueda tener arte y cuando acudimos a un formato muy grande limitamos su compra o su ubicación... pero en general trabajo en formato grande porque parece, gracias a él, que formas parte del cuadro. Que el cuadro y tú son la misma cosa".

Se plantea Brutcher colocar su caballete en una peluquería y empezar a pintar allí... "Es que lo que tenemos que hacer para llegar a estar o creernos bellos después es un auténtico suplicio, además de la pinta ridícula que tenemos cuando vamos a la peluquería". Aun así, miraría a los ojos de las clientas, "porque son el espejo del alma como dice el refrán. Cuando pinto intento pintar el interior, no quedarme en la superficie. Es cierto que estoy utilizando una y otra vez los mismos modelos, pero son la representación de algo mucho más en sí mismo. Lo que intento retratar es el interior y creo que cuando miramos a un ser humano vemos mucho más de lo que lleva dentro, incluso cuando los cierra, cuando nos prohíbe la entrada".

Teresa Brutcher. Galería Ceferino Navarro. Hasta el 14 de enero.

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