Arte Exposición

La espera en bronce

  • l Hasta el próximo 26 de abril en la Casa de los Tiros.Las esculturas de Zitman posan en la Casa de los Tiros con su peculiar halo de esperanza y sus formas voluptuosas

En el patio de la Casa de los Tiros, una mujer voluptuosa reclinada sobre sí misma recibe a los invitados de la obra de Cornelis Zitman (1926). Es como un satélite apoyado sobre un sencillo cojín. Una escultura de bronce inmensa que adelanta la pasión del artista holandés por la mujer, protagonista absoluta de su universo. Hoy abre al público -a las 19.00 horas- Zitman en España, una exposición que trae a Granada a un escultor reconocido internacionalmente.

Un total de 58 esculturas posan con toda su dignidad para trasmitir la admiración que el holandés siente por el pueblo criollo. Hijo de familia de constructores, cuando la defensa del imperio holandés amenazaba con llamarlo a filas, huyó en 1947 a Venezuela, donde primero montó una fábrica de muebles y después comenzó a crear esculturas inspirándose en los nativos de la Isla de Granada, donde vivió a lo largo de tres años. Son sus mujeres, de rasgos chatos, vientres prominentes y extremidades delgadísimas, diosas que acometen tareas cotidianas. Sin embargo, si hay algo que las une es que están como esperando a alguien o algo. Unas en la cama, otras en hamacas, otras en sillas... Zitman es capaz de convertir esa no acción en todo un cúmulo de movimientos.

El autor, que por problemas de salud no pudo estar ayer en la presentación, "ha tenido un especial interés en que esta exposición esté aquí en Granada", como subrayó el delegado de Cultura, Pedro Benzal, ayer durante la presentación. La obra procede de diversos museos y colecciones privadas de Estados Unidos y Europa, entre ellas la del propio artista, y ya ha pasado por Cádiz, Huelva y Sevilla.

El comisario, Carlo Armas Ponce, que estará presente hoy en la apertura, explica en el catálogo que Zitman es un admirador de Van Eyck, Rubens, Matisse o Picasso. La obra del genio malagueño supuso para él como una revelación clave en su proceso de formación: la nueva realidad plástica ya no era un ejemplo de pintura bella, sin embargo, en su fondo seguía palpitando la verdad". Resume la filosofía del escultor. No importa que las formas no sean perfectas, sino que cuenten algo.

Él cuenta la verdad como un narrador de lo que ve a través de sus esculturas, quedando al margen. Gracias a esa narración hoy sus obras tienen ya una historia propia. La raza zitmaniana sigue evolucionando junto a la arquitectura y la naturaleza que la rodea. Lleva desde los años cuarenta viviendo en Venezuela, donde tiene su propio taller de fundición. Su "tribu" es descrita en figuras de menor formato, como la Tejedora, Lucifer, Mujer desafiadora, Mujer tranquila o en sus inmensas Luna, Niña Vestida, La desconocida, esta última sobre una hamaca en un ejercicio perfecto de equilibrio, tanto de la escultura como del escultor, que refleja perfectamente la postura precisa para no caer. Es interesante la Serie Dina, donde la redondez es una alegoría de la forma plena, cosa que Zitman expresa con rostro y cuerpo circulares.

Como fundidor -aprendió con Starreveld- alcanza cotas muy altas y lo que parece una tela puesta sobre sus esculturas es tambien parte del bronce. Una curiosidad de la exhibición del escultor y dibujante es que, junto a la gran Luna que posa en el patio, se exponen dos esculturas dedicadas al Quijote y Sancho Panza. Dos figuras que -como el propio Zitman explica en un vídeo que se puede ver en la sala de la Casa de los Tiros- comenzaron en el proceso de fundición siendo muy pequeñitas y si se quisiera podrían ser enormes-. No tienen rostro pero son claramente reconocibles. Don Quijote, con sombrero puntiagudo, y Sancho, con una especie de boina.

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