Arte hoy

Una explosión de fortaleza

  • Los 'fauves' de la pintora María Josefa Díaz llegan a la Galería Felicia Hall, una colección de 22 óleos y acrílicos en los que prima la figura de la mujer

A primera vista, denominadores comunes de la obra de María Josefa Díaz son la fuerza de sus cuadros y la explosión del color, que atrapan al observador con cada pincelada. La fortaleza de la artista y su peculiar historia personal se plasman, sin duda, en su obra. La Galería Hall (La Herradura) acoge hasta el próximo 2 de marzo un total de 22 lienzos realizados en óleo y acrílico, con una temática fundamentalmente paisajística y en los que no faltan las reminiscencias a París, lugar donde se formó la artista, a la costa francesa, pero también a rincones de la capital, como se refleja en Darro, ya que se considera una granadina de adopción.

María Josefa Díaz nació en Fuente de Cantos (Badajoz) en 1936, el mismo pueblo de la Baja Extremadura donde nació el insigne pintor Francisco de Zurbarán. Sin embargo, la mayor parte de su formación la realizó en Sevilla. En la apasionante vida de la artista llama la atención su perseverancia y el desarrollo de su carrera en unos tiempos difíciles, en los que el papel de la mujer era muy distinto.

Aunque desde niña se había interesado por recibir clases de dibujo y pintura, tuvo que compaginar estos estudios con los de contabilidad e idiomas en Badajoz y Madrid. Durante este tiempo nunca dejó de realizar encargos privados. Tampoco cejó en su empeño de pintar después de casarse y 'ejercer' de esposa y madre de cinco hijos.

En 1976 se traslada con su familia a Granada y es aquí donde alcanza su mayor realización profesional. En principio, se pudo dedicar por entero a la pintura a la edad de 40 años. Decidió hacer la carrera de Bellas Artes en Sevilla. Diez años más tarde consiguió una de las becas que otorga el Circlee Europeen pour propagation des Arts, con sedes en Luxemburgo y Alemania, para la ampliación de estudios artísticos. De esta forma, tuvo la oportunidad de trabajar un año al lado del pintor yugoslavo Marinkovic Penkin. Posteriormente, pudo pintar y grabar en Luxemburgo y en París con la profesora francesa del taller de Monmâtre, María Genevieve Havel.

Durante este tiempo se dedicó a investigar sobre las primeras vanguardias, ya que no estaba satisfecha con lo aprendido hasta ese momento. Así, tuvo la oportunidad de estudiar la obra de los expresionistas alemanes y los fauves franceses, que causaron una profunda huella en María Josefa Díaz.

Junto al cuadro expuesto en la Galería Felicia Hall Homenaje a Pechstein (uno de sus favoritos), explica el reflejo que le quedó de esa experiencia y cómo buscó a la modelo original del mencionado artista hasta que pudo pintarla en este cuadro.Díaz reconoce que esta etapa fue para ella como una "lluvia fresca", ya que logró la fortaleza suficiente para romper con el pasado y poder expresarse como de verdad lo sentía.

Las expresiones de fortaleza no acaban ahí. Fue capaz de superar las duras pruebas que se le pusieron en el camino hasta ser la única doctora de la Facultad de Bellas Artes de Granada durante tres años. "Una mujer en un mundo de hombres", rememora unos años que califica como "difíciles" no sólo por su condición de mujer sino por verla como una 'extraña' procedente de Sevilla. Sin embargo, ella defiende su condición de granadina de adopción: "Aquí me vine con mi familia, aquí han crecido y han estudiado mis hijos".

En la ciudad de la Alhambra también dio sus primeros pasos en la docencia, como profesora de Enseñanza Secundaria en varios institutos, para después continuar en la Facultad de Educación y, finalmente, en la Facultad de Bellas Artes, de donde se jubiló en septiembre del año pasado. Sin embargo, su espíritu inquieto la obliga a "no parar", puesto que va a seguir exponiendo y realizando conferencias. Ganadora de varios premios nacionales e internacionales, ha expuesto en ciudades como París, Belgrado, Luxemburgo, Madrid, Marbella, Úbeda o Granada.

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