Las flamencas se reivindican

Cinco mujeres detrás de los micros, más dos bailaoras, apoyadas por algunos músicos, hicieron vibrar la sala de La Chumbera, poniendo de relieve que el flamenco tiene nombre de mujer. Tradicionalmente, las flamencas han estado relegadas a un segundo plano en los escenarios, en las peñas, en los tablaos. A excepción del baile, el flamenco fue cosa de hombres. Eso era antes. Quizá antes de antes. Ahora la mujer ocupa los escenarios y tiene un papel en el cante de tanta relevancia que el hombre. Desde un primer momento, desde las primeras voces por martinetes de Rafaela Gómez y de Irene Molina, se pone de manifiesto este espíritu, se revindica a la mujer.

Después de las tonás, una rumba a tres voces determinó la tónica del concierto. Sería una piña, una obra coral donde se superponen hasta cinco voces, cada una con sus matices, pero con sonido muy flamenco. La rumba vino seguida de temas más o menos flamencos, abordados por todas las cantaoras, al menos en sus estribillos. Desde las alegrías, que bailó Carmen Yolanda Villena, el escenario se llenó con la guitarra todoterreno de Rafael Habichuela. Emocionantes fueron los fandangos de Huelva y la canción Contigo de Sabina, que sonó aflamencada y guerrillera en estas voces desgarradas. El recital termina con lo lo mejor de la noche, unas bulerías bailadas por La Repompa con toda su fuerza y gracia gitana. Un reconocimiento aparte merecen los percusionistas. Hasta cuatro cajas al unísono generosas y bien coordinadas.

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