El fondo de armario de los nazaríes

  • Mañana y el próximo domingo 15 de febrero la voluntaria del Museo de la Alhambra, Carmen Mateos, explicará la vestimenta de quienes habitaron el recinto y los tejidos que usaron

Sabemos muchas cosas de los nazaríes que habitaron la Alhambra, pero poco conocemos de su vestimenta o cómo y para qué utilizaban los diferentes tejidos. Esta duda podrá resolverse en parte en el Museo de la Alhambra en las visitas temáticas que tendrán lugar los domingos 8 y 15 de febrero con el tema El tejido nazarí y el uso en el vestuario.

La voluntaria del Museo Carmen Mateos es la encargada de impartir estas charlas, para las que cuenta con muy poco material, ya que los tejidos "se deterioran con mucha facilidad y han sufrido muchos avatares", según explica. Utiliza imágenes de una exposición que tuvo lugar en 2012 en la Alhambra sobre este tema titulada A la luz de la seda y en la que se expuso material procedente de las fundaciones Gómez-Moreno de Granada y Galdeano de Madride, principalmente.

Pero podemos conocer cómo iban vestidos o cuáles eran los colores que utilizaban "por las pinturas que se conservan en la Sala de los Reyes y otras imágenes en las Casas del Partal", concreta Mateos, quien añade que a través de esas imágenes y lo que los cronistas, como al-Jatib y otros, nos han ido relatando "hemos podido conocer cómo iban vestidos hombres y mujeres".

Las mujeres usaban mucha ropa de lino o algodón, camisas blancas y velos y, cuando era más de lujo una especie de saya, llamada marlota y que también usaban los hombres, que llegaba hasta la mitad del muslo y era de colores muy vivos. Los hombres usaban además un traje de lana gruesa con chaleco de piel de cordero o conejo y una túnica larga pero sin mangas. Calzones, gorros y cinturones también formaban parte del vestuario masculino.

El objeto de esta visita temática es precisamente conocer la importancia de los tejidos durante el periodo nazarí, que fue el más importante, y para ello la voluntaria -que ya lleva diez años ejerciendo esta tarea- explica el uso que daban a los principales materiales: lana, oro, seda, lino y algodón.

En cuanto a la lana, en aquel tiempo en Al-Andalus se criaba la oveja churra ibérica. Tras obtener la materia prima al esquilar a los animales, tenía lugar todo el proceso hasta conseguir el tejido: lavar, tratar, cardar e hilar con ruecas y husos manuales. Después llegó del Magreb la oveja merina, que tenía una lana más blanca y más resistente, además de más flexible, y empezaron a utilizarla. Con la lana más fina obtenida se hacían vestidos y con la más gruesa alfombras y otros tejidos para la casa.

El oro era más complicado de trabajar. El río Darro proporcionaba pepitas, que se buscaban entre el puente de los Leñadores y el del Cadí. Para poder bordar con este material preparaban una piel de cordero muy fina, le pegaban hojas de oro, luego cortaban tiras muy finas de unos tres milímetros y las enrollaban en una madeja de manera que se pudiera trabajar, explica Mateos. "El problema fue -continúa- que el río se fue quedando sin oro y tuvieron que sustituirlo en las telas por seda amarilla", una forma de salir del paso.

Precisamente la seda era uno de los tejidos que más se elaboraban en la zona de Granada, ya que en la Alpujarra, por ejemplo, se cultivaban las moreras. Cuando el gusano hacía su capullo, se hervía para sacar el hilo, y tenía que ser antes de que saliera convertido en mariposa para que el hilo, de una sola pieza, no estuviera cortado. De cada capullo podían sacarse 1.500 metros de hilo en bruto, que luego hay que hilar y posteriormente tejer. "Aquí se elaboraba la mejor seda de Al Andalus, hasta el punto que se exportaba incluso a El Cairo".

En cuanto a los tejidos naturales, el lino y el algodón, se cultivaba en los llanos del Genil y después del tratamiento necesario se sacaba el hilo y luego se tejía.

Pero todos estos materiales -excepto el oro- necesitaban un tratamiento de color, para lo que utilizaban tintes rojos, azules, amarillos y negros. El rojo se sacaba de un tipo de azafrán o de la henna -"aunque el color de esta última se deterioraba con facilidad"-, el amarillo de las flores de la gualda y de los estigmas del azafrán, el azul de una hierba llamada pastel y el negro de la trituración de la cáscara de nuez.

Todos estos procesos de elaboración de las telas eran muy trabajosos y necesitaban la mano experta de muchos artesanos que se dedicaban en exclusiva al negocio de la tela en cualquiera de sus fases. De esta manera, además de los ganaderos o agricultores que cultivaban las plantas o cuidaban a los animales, había multitud de oficios relacionados con este sector, desde cardadores a tintoreros, buscadores de oro o curtidores hasta los que se encargaban de hilar o ya de tejer o bordar.

Todos estos oficios se redujeron mucho con la expulsión por parte de los Reyes Católicos, aunque a los cristianos "les convenía" que se quedasen los artesanos que conocían esas artes, sobre todo los judíos, así que hubo muchas 'conversiones' y los profesionales mantuvieron sus negocios y comercios.

Los tejidos y las telas han sido a lo largo de la historia el elemento básico para la elaboración del vestido, pero también han servido para cubrir suelos, paredes y techos o para cerrar puertas y ventanas, "pero eran tan importantes que servían tanto para cubrir a un recién nacido, vestir a los reyes o amortajar", resume Carmen Mateos.

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