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La fortaleza creativa de artista imprescindible

  • El palacio de los Condes de Gabia acoge la exposición 'Santiago Ayán. Buscando el paraíso'

  • El artista fue una de las figuras del arte en los años 90

Ángeles Quesada y Carmen Sigler son las comisarias de la exposición. Ángeles Quesada y Carmen Sigler son las comisarias de la exposición.

Ángeles Quesada y Carmen Sigler son las comisarias de la exposición. / g. h.

La ausencia forzada del artista magnifica la dimensión del momento con todos los honores. Pudimos estar ante uno de los más grandes y, sin embargo, no pudo ser por culpa de un destino cruel que rompió el hilo argumental de una existencia con sus postulados artísticos marcando posiciones en una vida que debió ser mucho más larga. Santiago Ayán nació en Granada en 1963; fue uno de los artistas que en la década de los años noventa de la anterior centuria, con un grupo de ilustres compañeros, escribió la mejor página artística de la historia de la creación granadina de los últimos años, esa que cubrió de gloria e intensidad creativa la etapa más significativa del arte de esta ciudad de todos los tiempos. Su desaparición temprana, en el año 2010, puede, ahora, agrandar su figura y dar pie a caer en fáciles elogios; pero, no obstante, la calidad de su trabajo, la abierta disposición de su concepto artístico, la variedad de registros, la clarividencia de los asuntos artísticos que acomete, sus diáfanos horizontes y el sello indiscutible de sus trabajos son datos inequívocos para considerar que Santi Ayán fue uno de los artistas granadinos más importantes de su generación; algo tremendamente significativo toda vez que, en aquellos tiempos, en casi todos los foros del Arte español había presente un artista de Granada.

La exposición, con Ángeles Quesada y Carmen Sigler comisariando el evento, pretende, sobre todo, rescatar del olvido -ese lastre tan usual que echa polvo sobre la memoria y mete en el ostracismo más radical a cualquiera a las primeras de cambio- a un artista y a su obra para darlo a conocer en su ciudad y recuperarlo para una historia que él contribuyó a hacerla muy grande. Esta repercusión se ha hecho posible, también, con la publicación de un libro con testimonios de sus amigos y una presentación amplia de Mar Villaespesa.

La exposición del granadino guarda una obra de una naturaleza formal muy dispar

En el Palacio de los Condes de Gabia, el escenario natural de esta generación de artistas granadinos, se ubica una muestra que nos sitúa por un variado y amplio recorrido por la trayectoria de un artista diferente que buscó rutas distintas a las habituales para dejar constancia de un proceso creativo siempre con lo simbólico y metafórico marcando los rumbos. La obra de Santiago Ayán había pasado por muchas etapas, partiendo de una pintura iniciática marcada por un expresionismo figurativo que ya planteaba su ideario vital y artístico; pintura que fue dando paso a una obra objetual con el concepto posibilitando un trabajo lleno de metáforas y símbolos que evidenciaban las preocupaciones del artista: la realidad cotidiana, el surrealismo imperante en una sociedad esquiva, lo religioso y sus controvertidas posiciones, sus propias vivencias, el sexo, los viajes... y, así, todo un gran proceso de circunstancias con el contenido muy bien distribuido en unas obras en las que el sentido del humor siempre estaba presente y la ironía sobresalía con festiva mordacidad.

La obra de Santiago Ayán, desde los primeros momentos había gozado de una clara intencionalidad social; una denuncia social que, a veces, se nos presentaba con un jugoso velo de mayor crítica hacia un amplio sector de esa sociedad un tanto desesperante.

La muestra, muy bien planteada en fondo y forma como es habitual en lo que tiene lugar en el Palacio de la Plaza de los Girones, nos concede una obra de muy dispar naturaleza formal, que trasciende el espíritu comprometido de un artista total, de muy amplio espectro conceptual, capaz de transitar por muchos caminos, siempre manifestando una clara preocupación por lo que le rodeaba y planteando registros que dejaban entrever, al mismo tiempo que cuestionaba, tales aspectos.

Estamos ante una exposición importante; tan justa como necesaria porque rescata la obra tan significativa de un artista que fue muy importante para el discurrir del Arte que tuvo lugar en Granada; un autor de mente preclara y solvente ejecutor de lo que ideaba.

Desde ahora, su obra va a permanecer en el imaginario de todos; sobre todo de los más jóvenes, aquellos que no lo conocieron y que, con esta exposición, van a comprobar su inequívoca trascendencia. Los que sí lo conocimos nos sentimos orgullosos de ello y de haber asistido a su poderoso proceso creativo.

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