diego martínez. director del festival de música y danza

"El fútbol es un enemigo de la cultura, tiene un gran poder de distracción"

  • La gran cita arranca mañana en el Palacio de Carlos V con la Danish National Orchestra El responsable defiende que la calidad se mantiene pese a las restricciones económicas

El Festival de Música y Danza, "el más importante del país", arranca mañana con once estrenos y con el Carmina Burana de La Fura dels Baus como uno de los espectáculos que quedarán guardados en la memoria colectiva de la cita. En una edición dedicada a la voz, la gran novedad será la aproximació al jazz y a l blues de la mano de Bobby McFerrin; y aunque, como aficionado al deporte rey, Martínez desea un largo camino a la Selección Española en Brasil, admite que cuando se juntan Iniesta y compañía la cultura pasa a un discretísimo segundo plano.

-¿Qué puede esperar el espectador de esta edición? ¿En qué se plasma ese 'sello Martínez' del que habló el año pasado?

-El sello se ve en la amplitud del Festival, en la impronta de los Cursos Manuel de Falla, en la búsqueda de otras ideas musicales, la presencia constante en la vida cotidiana de la ciudad... El Festival goza de una extraordinaria salud a pesar de las circunstancias económicas. Seguimos siendo el festival más importante de este país, aunque desgraciadamente han caído muchas instituciones culturales en los últimos tiempos.

-En el panorama de festivales de cine, por ejemplo, esto ha sido hasta cierto punto positivo porque ha depurado el panorama, ¿pasa igual en la música?

-Algún caso ha podido haber, pero yo le hablo de la pérdida de instituciones históricas. Por eso, el Festival de Granada sigue siendo la institución con más peso a nivel nacional. Es que somos el espejo de muchas otras instituciones, somos el referente por nuestro sistema de trabajo. Este año vamos a vivir momentos extraordinarios, aunque hemos tenido alguna dificultad con la muerte del maestro Frühbeck de Burgos o el conflicto del Ballet Nacional de España. Pero la conjunción de música, un entorno único, unos cursos reconocidos por la Universidad y un FEX que se expande por la calle es algo único en este país, esto no se da ni en Santander, Peralada ni Canarias, que son los grandes festivales de este país.

-Sara Baras, en principio, no tiene nada que ver con el Ballet Nacional de España y, sin embargo, apenas se han devuelto entradas tras el cambio. ¿A qué achaca esta respuesta del público?

-Estoy seguro de que si hubiese programado a Diego Martínez bailando se hubiesen devuelto todas las entradas. Es que estamos hablando de Sara Baras, que lleva ocho años sin venir. Por otro lado, es que es muy apetecible ir un sábado al Generalife, es un rito. El Festival de Granada es el más social del país. Por eso me encanta esa expresión de 'voy a subir a los festivales', porque habla de la implicación de la ciudad. Pero tengo que poner en valor el gesto de Sara Baras.

-¿Cómo fue el proceso de la cancelación del Ballet Nacional? ¿Sara Baras fue su primera opción?

-Me llamaron por teléfono para avisarme que, a lo mejor, la actuación se cancelaba. Me hubiese encantado que todo se hubiese solucionado, pero enseguida me puse en contacto con Sara Baras para explicarle la situación. Ella tuvo que mover alguna fecha, pero al final la tendremos. Por encima de otras consideraciones, el Ballet Nacional de España ha defraudado al público de Granada que compró sus entradas, cerca de 1.700.

-Ustedes incluso llegaron a valorar la posibilidad de pagar las horas extras de los bailarines...

-Hablamos con la dirección para asumir los gastos extraordinarios. Al público de Granada hay que tenerle una consideración, es el festival más importante de este país.

-¿No piensa contar con el Ballet Nacional en las próximas ediciones?

-Con estas situaciones se pierde cierta fiabilidad. Si con un contrato firmado y todo el aforo vendido no sabes si se va a celebrar el concierto...

-En esta ciudad hay museos con las últimas tecnologías y una puesta en escena moderna que no acaban de despegar. ¿Granada es reacia a cambios profundos, sobre todo en citas tan asentadas como el Festival?

-Pero está ahí. El Festival, a lo largo de sus 63 años de historia, ha tenido un proceso de altibajos. Todo lo que se estructura en torno a una ciudad como Granada necesita un proceso, es una ciudad con una riqueza extraordinaria, tanto patrimonial como ciudadana.

-Cuando se presentó la programación estaba claro que el 'Carmina Burana' de La Fura se iba a vender en cuestión de minutos. ¿Qué otros actos han tenido una repercusión inmediata en el público?

-Carmina Burana se vendió de inmediato, algo que me satisface porque cuenta en el foso con la Joven Orquesta de Andalucía, coros de Granada y el sello de La Fura. La Fura volverá el año que viene con una producción sobre el Amor brujo, un encargo directo del Festival en el que ya están trabajando. Pero el English National Ballet, Mariola Cantarero, la BBC Symphony Orchestra y Anne Sofie von Otter también se vendieron en una mañana. Para el concierto de Sara Baras, que sustituye al Ballet Nacional, sólo quedan 23 entradas disponibles [a día de ayer].

-A estas alturas ha bajado mínimamente el porcentaje de ventas de entradas. El año pasado rondaba el 95% y en esta edición gira en torno al 86%. ¿A qué achaca esta ligera bajada?

-El fútbol es nuestro gran enemigo, y eso que yo soy aficionado. El fútbol es un enemigo de la cultura, tiene un poder de distracción contra el que es difícil luchar.

-En el recuerdo queda el concierto de clausura de Barenboim en 2008 con gente del público con un pinganillo en la oreja escuchando por la radio la final de la Eurocopa...

-No sé qué va a pasar con España, ojalá que continúe, pero si siguiera en competición y algún partido coincide con el Festival volveremos a ver a espectadores con el pinganillo. Hay muchas anécdotas sobre el concierto que usted menciona. El propio Baremboin, un gran aficionado el fútbol, no entró a la segunda parte hasta que no terminó el partido.

-La presencia de Bobby McFerrin en el Generalife viene, de alguna manera, a cumplir con los deseos de Carmen Calvo, cuando era ministra de Cultura y defendía que artistas como Bruce Springsteen tendrían que tener su espacio. ¿Es una toma de contacto para incluir otras músicas?

-Ya ha habido alguna salida del guión, como un concierto de Joan Manuel Serrat en el Generalife. Bobby McFerrin es un músico de formación clásica, además de un grandísimo cantante y con una técnica vocal prodigiosa. Es un artista que ha cantado con la Filarmónica de Viena, ha cantado en las grandes salas europeas, ha estado en el Teatro Real... Es un artista en el que, en un festival dedicado a la voz, podemos ver y admirar otra técnica vocal. Es bueno que, además del Barroco, el Romanticismo, la canción española, la zarzuela o la ópera, podamos echar una mirada al jazz y al blues. El público ha aceptado esta propuesta y vamos a disfrutar mucho.

-El Patio de los Arrayanes vuelve a tener tres citas, en esta ocasión con tres grandes voces como Cantarero, Zapata y Anne Sofie von Otter. Aparte de la apuesta por este espacio, otra seña de identidad de su gestión es que programa una música muy 'digerible' para el gran público en este entorno...

-La idea programática de este año es la voz, el año que viene será otra. Un festival tiene que ayudar a la creación, pero hay que tener cuidado porque no tiene nada que ver con el programa de temporada de una orquesta o de un auditorio. Cada espacio tiene su papel, y el de un festival es atraer al público a espacios musicales en el que se disfrute de algo extraordinario sobre lo ordinario. Me dicen que Carmina Burana se llena porque es una obra conocida, ¿tenemos que pedir perdón porque nos entusiasme esta obra? Con todo, este año tenemos once estrenos, como el recital de Ainhoa Arteta con las Siete canciones populares o la obra de Marimé sobre el centenario de Guerrero. En resumen, hay que tener un equilibrio, porque Los Arrayanes es un espacio para disfrutar de la música y del espacio, para eso hay que ir con programas convencionales en los que uno se vea reflejado.

-¿Cómo se tomó el año pasado que Michael Nyman cambiara sobre la marcha el programa y no estrenara su anunciadísima versión de 'Las variaciones Goldberg'?

-Fue una anécdota, es como si tenemos un cuadro precioso y alguien se fija en que el marco tiene un pequeño arañazo. Fue un concierto bellísimo y si no hubiésemos anunciado ese estreno se hubiese vendido igual. Todo el mundo salió encantado del concierto.

-Hubo críticos que incluso hicieron su crónica sobre las 'Variaciones Goldberg'...

-Yo no puedo entrar ahí, pero es que Nyman fue muy cariñoso, todo el mundo se pudo hacer una foto con él antes del concierto.

-De alguna manera, Philip Glass toma su testigo en esta edición...

-Philip Glass es un compositor y músico muy solvente, estrena ópera y música sinfónica cada año y en los mejores espacios.

-La financiación privada ronda los 600.000 euros, mientras que las aportaciones de las instituciones públicas rondan el millón y medio. ¿La Ley de Mecenazgo puede obrar del milagro de que se equiparen estas aportaciones?

-Debemos ir a más, este es nuestro trabajo, intentar que las empresas patrocinadoras puedan aliarse con nosotros. El Festival de Granada es una gran herramienta de promoción para las empresas. Parece que la Ley de Mecenazgo puede estar funcionado el año que viene y puede ser un instrumento importante por las desgravaciones que ofrece a las empresas. Esto puede dar un respiro muy importante a muchas instituciones.

-¿Es justo que el Festival de Granada se compare con los presupuestos que se manejan en instituciones como el Maestranza de Sevilla?

-Nosotros nos comparamos con los festivales que juegan nuestra liga. El Festival de Salzburgo tiene 64 millones de euros de presupuesto. En esa comparación tenemos un coeficiente altísimo, porque con tres millones de euros conseguimos unos resultados óptimos.

-En cuanto a grandes orquestas, parece que este año la música sinfónica ha perdido algo de terreno en el programa. ¿Un ajuste presupuestario?

-Las producciones de ópera tienen un presupuesto alto, lo que puede ir en detrimento de un concierto sinfónico. Pero tenemos dos Carmina Burana, eso es un concierto sinfónico coral. Tenemos dos orquestas como la BBC y la Danish, la JONDE... El discurso programático de este año es la voz, el año que viene habrá otro discurso y otro programa.

-¿En Granada se ha hecho durante años el mismo festival, con la misma estructura, pero cambiando los nombres?

-Los propios espacios en los que se desarrolla el festival determinan el programa. Yo quiero que cada festival sea una historia distinta, que haya una idea central sobre la que programar. El año que viene tendrán más presencia las orquestas.

-¿Qué significa el acuerdo con Pablo Heras-Casado para que participe en el festival los tres próximos años? ¿Será una presencia como la de Baremboin?

-Pablo es un hombre muy implicado con Granada, él sabe que es una figura internacional y que la OCG y el Festival son su casa. Está en una posición en la que puede ser muy útil a Granada. Estoy convencido de que va a tener un gran protagonismo en el devenir musical de esta ciudad. También es verdad que los proyectos del futuro estarán condicionados por nuestra economía, pero la calidad nunca va a bajar. El 80% de programa del año que viene ya está cerrado y va a ser sensacional.

-¿Tiene cuantificado cuánto reporta a la economía de la ciudad el Festiva de Música y Danza?

-Hay algún estudio de hace años, pero hay que actualizarlo para ver el retorno a la ciudad. Esa propuesta se la vamos a hacer a la Universidad porque es necesario conocer esto datos, aunque intuimos que la ciudad se llena de gente.

-¿Cuántas plazas de hotel para músicos y técnicos reserva directamente el Festival?

-Reservamos en torno a 4.000 plazas hoteleras, 4.000 personas comiendo y viviendo en la ciudad. No tenemos los datos del público, pero hay hoteles llenos de gente que viene a los conciertos. Además, hablamos de que es gente que suele tener una gran solvencia económica.

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