El gemir de los moriscos

  • La Casa del Chapiz ofrece la mejor representación del arte granadino tras la conquista de la ciudad

En la Cuesta del Chapiz, gime un trozo de historia: la de la casa que, con ese nombre, se encuentra en la bifurcación que conduce hacia el Sacromonte. Fue casa con solera, de rancio abolengo, de estirpe morisca y orgullo musulmán. Tal vez uno de los grandes ejemplos arquitectónicos de las construcciones moriscas de la Granada del siglo XVI, cuando ya los cristianos dominaban la ciudad pero se mantenían respetuosos con los nativos locales. La Casa del Chapiz tiene una larga historia desvencijada entre sus paredes.

No debería llamarse Casa del Chapiz sino las Casas del Chapiz, ya que se trata de dos viviendas que hoy están unificadas. En su día pertenecieron a dos moriscos ilustres granadinos, Hernán López el Ferí, propietario del inmueble más pequeño, y Lorenzo el Chapiz, dueño de la parte principal. Presumiblemente construyeron las dos edificaciones sobre los restos de una casa más antigua, probablemente del siglo XI, conocida como al-Dar al-Bayda (la Casa Blanca). Esa casa contuvo en su día una pila procedente de Medina Azahara que hoy se encuentre en el Museo Arqueológico de Granada.

Hernán López Ferí y Lorenzo el Chapiz eran parientes y pertenecían a una familia pudiente de Granada en cuanto a lo económico. Eso les permitió construirse ambas casas, llenas de adornos y ornamentos, algunos de ellos mudéjares, y vivir con holgura. Las casas gozan de su jardín con estanque, como era la usanza tanto en la Granada musulmana como morisca. Según un estudio del profesor Antonio Orihuela, autor, junto a Juan Castilla, del libro En busca de la Granada andalusí, durante mucho tiempo se creyó que se trataba de una sola casa con dos patios, al compartir la misma crujía, pero recientes investigaciones han revelado que las construcciones tienen orígenes diferentes. Habría sido Lorenzo el Chapiz el primero en levantar su vivienda y posteriormente, su cuñado Hernán López el Ferí.

Lorenzo el Chapiz organizó su vivienda en torno al patio central con un estanque. A su alrededor estaban las habitaciones principales de la planta baja, adornadas con bellas columnas. Levantó una segunda planta en la zona norte de la vivienda para tener acceso, desde su ventana, al paisaje de la Alhambra. Eso denota la exquisitez y el buen gusto de los arquitectos moriscos de la época, quienes, por algunos detalles en las escaleras de acceso a la segunda planta, también mostraban mucha curiosidad por el Renacimiento.

Pasear por la casa, hoy, es sumamente placentero. Aún se percibe el rumor del agua en el estanque, la paz de los cipreses y la delicadeza de la huerta situada al lado de la casa. Todo está ideado para ser armónico, hermoso, musical.

Sin embargo, la tragedia se abatió sobre ambas casas cuando Lorenzo el Chapiz y Hernán López el Ferí decidieron unirse a la sublevación morisca en 1571. La Carta de Incorporación dictada por Felipe II establecía que las pertenencias de todos los moriscos que se hubiesen alzado contra los cristianos pasarían inmediatamente a la Corona de España. La Casa del Chapiz pasó entonces a manos de un secretario del rey, Juan Vázquez de Salazar quien, a su vez las traspasó a su patronato familia, conocido como el Patronato de Salazar, que sería el titular de estos bienes hasta en siglo XIX.

El Patronato de Salazar unió a las casas algunas tierras colindantes y decidió arrendar las casas a la Real Compañía de Fábricas y Comercio que, a su vez, las arrendó a toda suerte de inquilinos de la más diversa procedencia. Lo que habían sido dos casas señoriales de ricos comerciantes moriscos se convirtieron ahora en casas vecinales. Y no sólo eso. Los inquilinos, con o sin permiso, instalaron en ellas, además de su viviendas, sus comercios y sus negocios y no tuvieron reparos en modificar el edificio a su antojo.

Con el paso de los siglos, y la poca comprensión que los cristianos tenían de la cultura musulmana y el sentido que tenía cada uno de los elementos en una obra arquitectónica, provocaron un tremendo deterioro que dejó las casas prácticamente en ruinas a comienzos del siglo XX.

En 1919 la Comisión Española de Monumentos decidió adquirir el inmueble y, unos años después, encargó al arquitecto Leopoldo Torres Balbás su restauración. Balbás, uno de los hombres que más han trabajado por Granada, acometió una tremenda rehabilitación.

Desde el año 1932, la Casa del Chapiz es la sede de la Escuela de Estudios Árabes del Centro Superior de Investigaciones Científicas. Quienes hoy trabajan allí conocen perfectamente cada uno de los elementos de la edificación y pueden apreciar, y oler, y saborear el legado de un mundo que ya no existe, pero que dejó toda su huella.

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