El genio de Pablo González

Obras: Juan Crisóstomo Arriaga, Obertura de 'Los esclavos felices'; Robert Schumann, Concierto para violonchelo y orquesta en La menor op. 129; Ludwig van Beethoven, Sinfonía núm. 3 en Mi bemol mayor op. 55 'Heroica'. Orquesta Ciudad de Granada. Solista: Asier Polo (violonchelo). Director: Pablo González. Lugar: Palacio de Congresos. Fecha: 4 de diciembre de 2009

La Orquesta Ciudad de Granada recibía la visita de Pablo González, principal director invitado de nuestra orquesta desde el año pasado. En el programa que dirigió figuraban tres obras de la primera mitad del siglo XIX, una mirada hacia el romanticismo desde sus primeros momentos hasta su madurez. El concierto se abrió con la obertura de Los esclavos felices del compositor español Juan Crisóstomo Arriaga. Conocido como 'el Mozart español' por su precocidad musical, su meteórica carrera se truncó cuando sólo contaba con veinte años. Sin embargo, dejó escrita una sinfonía, varias arias de concierto y una ópera, Los esclavos felices, que ha llegado hasta nuestros días fragmentada. De esta ópera escuchamos su obertura, una magnífica pieza sinfónica digna de un maestro, que sin embargo fue escrita por un joven compositor que en París quedó fascinado con la música de Cherubini y Rossini. Así, la influencia de estos dos autores se puede encontrar en esta página, que se construye a partir de una delicada combinación de motivos melódicos y numerosos juegos imitativos. La OCG al completo, capitaneada por Pablo González, construyó magistralmente esta partitura, destacando por su bondad las cuerdas, que en esta ocasión sí sonaron brillantes, con cuerpo y bien empastadas. También hay que mencionar el magnífico trabajo de la sección de viento-madera, ya que en ellos recaían numerosos efectos contrastantes en el juego motívico, en conexión con las cuerdas.

La obra central del programa fue el Concierto para violonchelo y orquesta op. 129 de Robert Schumann. Esta página concertante es una muestra clara del romanticismo pleno, tanto por la expresión de sentimientos que vuelca su autor en ella como por el papel relevante y claramente destacado del solista, visto como un genio interpretativo frente al grueso orquestal. Asier Polo fue el encargado de dar vida a este bello poema para chelo; su técnica depurada y la belleza del sonido que extrae de su instrumento (un violonchelo Francesco Rugieri construido en Cremona en 1689) hacen de Asier Polo uno de los grandes nombres del panorama internacional. Verdaderamente, nos regaló una interpretación del concierto de Schumann memorable, cargada de sentimiento y con un discurso perfectamente construido. La destreza de Pablo González en la búsqueda de equilibrio entre orquesta y solista completó el cuadro musical, elevando la actuación de Asier Polo a lo más alto. Tal fue la ovación recibida que el chelista ofreció como propina dos números de la Suite núm. 2 para chelo de J. S. Bach. En la segunda parte del concierto se interpretó la Sinfonía núm.3 "Heroica" de Ludwig van Beethoven. Pablo González, desde su rectitud y seriedad en la dirección, construyó una versión bastante acertada, atacando directamente los movimientos más vivos, como lo requiere la partitura. En general, fue una versión dinámica y bien contrastada; quizás el tempo del segundo movimiento estuvo algo más lento de lo que requería el conjunto de la obra, pero el balance final fue altamente positivo. El público lo agradeció obligando al director a salir cuatro veces a saludar.

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