El genio irrefrenable de un alma atormentada

  • Hoy se cumplen 25 años de la muerte del dramaturgo estadonidense Tennessee Williams, autor de 'El zoo de cristal', 'Un tranvía llamado deseo' y más obras eternas

Si hubo alguien capaz de llegar a lo más profundo del alma con su pluma, tomando como punto de partida el profundo sur de los Estados Unidos, sin duda fue Tennessee Williams, de cuya muerte se cumplen hoy 25 años. Un autor irrepetible que consiguió dar vida a unos personajes siempre enfrentados a una sociedad que los rechaza, en constante conflicto psicológico consigo mismos por culpa, a veces de su frustración vital, en ocasiones por la pasión física, y como no, también por la tremenda y extrema tensión emocional a la que llevaban sus relaciones.

Hijo de un comerciante de zapatos y de la hija de un predicador episcopaliano, Thomas Lanier Williams pasó a la historia como Tennessee Williams. Nació el año 1911 en Columbus (Mississippi), aunque la mayor parte de su juventud transcurrió en Saint Louis. Fue allí donde a los siete años se le diagnosticó una difteria que estuvo apunto de acabar con su vida y le impidió casi totalmente cualquier actividad durante años. Un tiempo que su madre aprovechó para animarle a leer y a utilizar su imaginación para conocer el mundo, algo que influiría en el futuro escritor tanto como la máquina de escribir que también le regaló su madre al cumplir los trece años. Fue en la Universidad de Missouri, en la que sus amigos le bautizaron como Tennessee a causa de su pronunciado acento sureño, donde el joven Williams estudió Periodismo antes de matricularse en la de Washington y de licenciarse, finalmente en Filosofía, por la de Iowa en 1938.

Hasta 1945 desempeñó diversos trabajos, incluyendo un contrato en la Metro Goldwyn Mayer para adaptar novelas al cine, pero ese año se representó en Broadway su primera obra, que Williams escribió movido por el profundo impacto que le ocasionó la lobotomía a la que fue sometida su hermana. Se trataba de El zoo de cristal, pieza considerada como uno de sus mejores textos, galardonada con el Premio del Círculo de Críticos Teatrales de Nueva York y llevada al cine en 1950 por Irving Rapper con Jane Wyman y Kirk Douglas.

Dos años después del estreno de El zoo de cristal, Williams estrenó la que para muchos está considerada como una de las cumbres del teatro de todo el siglo XX y la más representativa en la historia teatral de los Estados Unidos, Un tranvía llamado deseo, por la que recibió el Premio Pulitzer de Teatro y que también fue llevada a la gran pantalla en 1952 por Elia Kazan junto a Marlon Brando y Vivien Leigh. Pero no fue ese el único Premio Pulitzer de Williams, que en 1954 ganó de nuevo el galardón por La gata en el tejado de zinc caliente, que volvió a ser adaptada al cine con el mismo éxito que las anteriores, con dirección de Richard Brooks e inolvidables actuaciones de Paul Newman y Elizabeth Taylor.

Sólo aquellas tres obras valdrían para elevar a Williams al Olimpo de la dramaturgia del pasado siglo, pero su obra es mucho más extensa y contiene títulos tan inevitables en la historia del teatro como La rosa tatuada; Verano y humo publicada bajo el título de Excentricidades de un ruiseñor; En el bar de un hotel de Tokio basada en la vida de Scott Fitzgerald; De repente, el último verano; Dulce pájaro de juventud y La noche de la iguana. Muchas de ellas dejaron para la historia del cine filmes inolvidables dirigidos po maestros como Sidney Lumet, Joseph L. Mankiewicz, Sydney Pollack, John Huston o Joseph Losey e interpretadas por Burt Lancaster, Joanne Woodward, Richard Burton, Ava Gadner, Robert Redford, Jane Fonda, Natalie Wood o Jeremy Irons, entre otros.

Pero, aunque su fama mundial le llegó a través de su obras teatrales, también escribió espléndidas novelas y relatos cortos que en ocasiones quedaron eclipsadas por la grandeza de su teatro. Es el caso de títulos como La primavera romana de la señora Stone, Moisés y el mundo de la razón, Un brazo y otros relatos, Un empeño caballeresco y Ocho damas poseídas.

En sus Memorias, publicadas en 1975, el escritor abordó sin tapujos el tema de su homosexualidad y de su amor por Frank Merlo, cuya muerte, a causa de un cáncer en 1961, sumiría al escritor en una depresión que le arrastró a un desaforado consumo de alcohol y somníferos que le llevaría a sufrir ataques de pánico y precipitaría su profundo y prematuro deterioro físico que terminaría con su muerte, hace ahora 25 años, en el Hotel Elysee de Nueva York, donde el escritor, de 71 años, fue encontrado asfixiado tras atragantarse con la tapa de un frasco de seconal sódico que apareció en su boca.

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