arte Inauguración de una exposición en la Fundación Rodríguez-Acosta

La gente de Francisco Fernández

  • El fotógrafo reúne en una muestra una colección de más de 70 retratos de personas vinculadas con la ciudad

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Francisco Fernández se tiene ya que parar a pensar un rato para acordarse de cuál fue el primer retrato que hizo. Después de unos instantes ni lo duda: a un chico que trabajó con él en Londres. Desde ese día han sido cientos, incluso más, las personas que se han puesto delante del objetivo de la cámara de este fotógrafo jienense, profesor de la Facultad de Bellas Artes de la UGR, amigo de sus amigos y enamorado de la luz y de los paisajes de una ciudad como Granada que tanto quiere.

La Fundación Rodríguez-Acosta, precisamente uno de esos lugares donde siempre encuentra un escenario perfecto para sus fotografías, acoge desde ayer bajo el nombre de Un oriente perpetuo una colección de casi ochenta retratos de granadinos o de personas que dedican su tiempo y su vida a Granada. Aparece la directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife, María del Mar Villafranca; el director del Festival Internacional de Música y Danza, Enrique Gámez; el rector de la UGR Francisco González Lodeiro; escritores como Manuel Villar-Raso, Ian Gibson o Michael Jacobs; poetas como Maram al-Masri o Antonio Carvajal; artistas como Alejandro Gorafe, Santi Ydáñez o el propio Miguel Rodríguez-Acosta y hasta María Fernández, la hermana del fotógrafo, que guarda un gran parecido con su madre.

"Los retratos me permiten acercarme a la gente, que es lo que me gusta. Las personas me comunican muchísimo con sus miradas, con su pose... y yo tengo la impresión de que con las fotografías puedo retener algo de la vida", cuenta Francisco Fernández.

Asegura que a veces tiene el retrato en la cabeza antes de que se produzca, pero siempre deja que la persona y el escenario tengan la última palabra. Así salió, por ejemplo, la de Ian Gibson, con su gato negro cruzando por encima de un libro; o la del restaurador del Chikito Antonio Torres, al que consiguió sacarle una sonrisa apenas un mes antes de su muerte. "Adoro fotografiar a la gente de mi entorno, a los que son realmente importantes para mí en mi día a día. Intento jugar con quien tengo en frente, conseguir que se relaje y captar su estado anímico, aunque siempre en positivo, buscando el lado más noble. El fotógrafo, al final, se tiene que convertir en el mejor espejo de la gente", afirma.

La exposición, que está coordinada por el también fotógrafo Francisco José Sánchez Montalbán, reúne retratos de los últimos veinte años y, así, conviven a la perfección la primera fotografía que tomó del artista Pedro Osakar, cuando era un recién llegado a la Facultad de Bellas Artes, y el retrato de la decana de la Facultad de Letras, María Elena Martín Vivaldi, que hizo apenas hace una semana.

"Ser fotografiado por Paco Fernández es toda una experiencia", describe Sánchez Montalbán. "Hay conversación, hay contacto, hay conexión... Se introduce en el personaje, descubre su vida interior y la plasma para siempre con un interesantísimo juego de sombras y de luces".

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