Qué gran Corquesta

Con el juego de palabras ¡Qué gran Corquesta! la Orquesta Ciudad de Granada y su Coro se despidieron por este curso. El título parece muy apropiado si consideramos la espléndida temporada que ambos conjuntos han realizado. Mirando hacia atrás podemos afirmar que, pese a las dificultades acústicas del Palacio de Congresos y a la relativa falta de imaginación en materia de programación, orquesta y coro han cosechado el agrado del público, que es quien tiene la última palabra.

Hemos de lamentar que el último concierto de la temporada no haya sido un ejemplo práctico de lo que su título rezaba. El sábado no asistimos precisamente a la mejor actuación de este año por varias razones. La primera, ya aludida: el público es quien ha de juzgar los resultados. Al tratarse de un concierto familiar, la sala contaba con la presencia de un considerable número de niños y niñas entre cinco y doce años; este público es, si cabe, más exigente que la experimentada audiencia adulta, pues su falta de experiencia musical y su corta edad hacen necesario captar su atención y estimular su curiosidad. Tristemente, eso no llegó a ocurrir más que en momentos puntuales del concierto.

El segundo punto discutible del concierto fue precisamente su argumentación didáctica. El programa era variado, y contaba con alguno de los momentos más espectaculares de obras tan conocidas como Dido y Eneas de Purcell, Sueño de una noche de verano de Mendelssohn, La flauta mágica y Las bodas de Fígaro de Mozart o la Novena Sinfonía de Beethoven, entre otras. Sin embargo, no basta con buscar músicas conocidas, pues lo que es evidente para un oído adulto no tiene por qué serlo para el público infantil.

Por otra parte, el potencial expresivo de las obras escogidas fue desaprovechado al no dotarlas de un hilo conductor coherente y comprensible. Es difícil que personas poco experimentadas pudieran seguir la argumentación nada evidente que se le quiso dar al concierto, circunstancia a la que se unió la mala sonorización de la sala y la dificultad manifiesta para escuchar a los oradores. A ello hay que unirle una carencia total de atrezo y la pobreza del juego escénico, que por las dimensiones de la sala resultó difuso y poco efectivo.

Además, también están las carencias artísticas del programa. Diseñar un concierto didáctico con recortes de la temporada puede resultar económico, pero no siempre resulta oportuno. Por otro lado, daba la sensación de que las obras de nueva lectura no se habían trabajado en profundidad. Aunque Daniel Mestre intentó sacar el máximo partido a este 'frankenstein musical', musicalmente el concierto resultó blando y falto de la intensidad expresiva que cabría esperar. Tampoco las partes solistas estuvieron acertadas; el Coro de la OCG ha demostrado ser una formación madura y capaz, pero no cuenta todavía con voces solistas solventes.

No todo vale a la hora de programar conciertos didáctico-familiares. Un coro mermado y una orquesta poco motivada fueron elementos que no escaparon a la audiencia habitual de la OCG y su coro. Esto debería suponer un motivo para la reflexión con vista a la próxima temporada.

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