"La gran lucha de Los Secretos ha sido contra sus tragedias"

  • La banda de Álvaro Urquijo actúa hoy en el Auditorio Falla para celebrar en concierto sus 30 años de idilio con la música

La historia de Los Secretos es "agridulce". En ella tienen cabida discos de oro, risas en carretera, noches de Movida y la convicción de haber creado canciones que son capaces de seguir conmoviendo pese al paso de los años, pero también hay hueco para las pérdidas y la añoranza de todos los que ya no están. Son treinta años de historia, pero sobre todo de música que han recogido en un doble CD y DVD que se podrá escuchar esta noche en el Auditorio Manuel de Falla.

-30 años en la música es más que una vida. ¿Qué ve cuando mira lo que ha pasado en todo este tiempo?

-Hacer un acto de memoria deja un sabor de boca agridulce. Han pasado muchas desgracias, pero también tenemos el sentimiento de haber hecho las cosas bien. Me veo en programas de televisión antiguos cuando tenía 17 años y me veo ahora con 45 y siento que mi espíritu no ha cambiado desde entonces. Mantenemos la imagen, el estilo y la forma de ser, esa fidelidad es lo que nos queda.

-Seleccionar lo mejor de todo este tiempo para un disco debe ser un ejercicio muy complicado...

-Muchísimo. Se sufre más por lo que se queda fuera que por lo que metes dentro, pero hay evidencias que no puedes obviar... La gente que quiere una historia coherente de Los Secretos necesita que estén ciertas canciones. Además, también hemos querido aportar un guiño nuevo incluyendo canciones raras que estaban en discos de homenaje ajenos para que los aficionados tengan toda la obra de Los Secretos, la de dentro y la de fuera.

-¿Cómo vivieron su reencuentro con los escenarios?

-En realidad, nunca hemos parado de tocar. Llevamos en esto desde hace muchos años, con discos, giras y más discos y más giras. Este 30 aniversario no ha cambiado nuestra forma de ser musical; tenemos conciertos, nos entregamos a tope en cada actuación y disfrutamos como niños. Nuestra vida es alrededor de la música y todo forma parte del ejercicio de un grupo que tiene mucha historia tras de sí.

-¿Con qué expectativas afrontaban ese regreso?

-Los músicos, al menos como yo quiero ser, no deberían pensar más que en lo que pueden hacer y ofrecer. El fin último de un músico es que alguien escuche lo que hace y compartir su música con la gente. Nosotros trabajamos en eso, en que haya canciones que se puedan compartir durante muchos años y que se conviertan en un bonito recuerdo. El trabajo es lo único que cuenta en esta profesión acostumbrada a los altibajos. Nosotros estamos apoyados por una compañía que ha confiado siempre en nosotros, pero el esfuerzo personal es notable.

-De hecho, es muy difícil encontrar en la música española otros ejemplos de carreras tan fructíferas y duraderas como la suya...

-Es que en un grupo entran en juego muchos aspectos. Las bandas se rompen a veces por intereses personales o luchas de egos, por iniciar carreras en solitario... Yo creo que un grupo de amigos que están unidos por la música y que tienen el sentido común como sintonía especial puede durar lo que quiera. Y hay grupos como Los Secretos, que además hemos tenido que luchar contra nosotros mismos por todas las tragedias personales que nos han pasado en este tiempo.

-¿La música se puede convertir en esos momentos en una terapia para salir de nuevo a la luz?

-Por supuesto. Cuando muere un miembro un grupo hay que tomar la decisión de continuar o no. Siempre hay una época de parón porque te quedas deshecho, y superar esos momentos y que la música te vuelva a envolver no es más que el triunfo del público, que es quien te acepta de nuevo. La lucha entonces se hace doble, porque hay que superar la falta de los talentos que van desapareciendo: Canito, Pedro y Enrique, que fueron una parte esencial de esta historia.

-Pero en ese volver a intentarlo fueron unos privilegiados y estuvieron arropados por prácticamente todos los músicos de entonces y de ahora.

-Es cierto. Hicimos un homenaje musical a Enrique que nos relacionó con grandes amigos que hacía mucho tiempo que no veíamos y que nos dio el espaldarazo para empezar la carrera 'en solitario'. Hicimos más de 70 conciertos y un primer disco sin él y desde entonces no hemos parado. En esos momentos es donde el público juega la función más maravillosa, porque fue la demanda de conciertos y de querer ver a Los Secretos lo que nos devolvió a la carretera después de la muerte de Enrique. Se cerró una etapa y empezó a funcionar otra. La música la llevamos en la sangre, y eso es lo que nos empuja a avanzar.

-Ahí las nuevas canciones tienen un papel difícil: acercarse a todo lo que un día consiguieron mover sus otras composiciones...

-Es difícil, pero la gente que viene a vernos también quiere escuchar las nuevas canciones, porque no se puede estar haciendo siempre lo mismo. En los conciertos ocupan un espacio más pequeño, pero también necesitan un lugar propio.

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