Una gruta con notas de amor

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Aunque su nombre coincida con el de uno de los grandes de la literatura, Juan Ramón Giménez se deja llevar por un arte distinto. El escultor argentino descubrió un buen día que la idea del mármol como material frío y pesado es una idea equivocada. El mármol, dice, "puede ser algo flexible y cálido". En la exposición que ayer inauguró en el Hotel El Ladrón de Agua va mucho más allá. El artista demuestra que esta piedra caliza puede servir también para "confesar el amor".

Todo surge de la idea del amor "como algo que hay que trabajar, porque no es inherente a nada, no es obligación de los hombres. Yo creo que es una gran oportunidad que la vida nos da".

Cuando el argentino leyó en su ciudad, Mar del Plata, las bases de la Bienal del Milenio encontró tantas afinidades con su filosofía que no se lo pensó. Decidió participar con una exposición titulada La herencia de Federico, un centenar de piezas de mármol con textos escritos con rotulador. "Releí al poeta y descubrí que hablaba de Granada como un lugar para el sueño y el ensueño". Pero sobre todo le inspiró aquello que decía Lorca: "Eres el espejo de una Andalucía que sufre pasiones gigantes y calla". El artista propone precisamente no callar ninguna pasión. "No callar el amor".

En la exposición, Giménez fija en el patio interior del hotel notas de amor realizadas en mármol convirtiéndolo en uno de esos lugares donde la gente expresa en papeles libremente sus pensamientos. "La idea es generar como trozos de papel recortado para invitar a los visitantes a reflexionar sobre el amor". No hace falta, avisa Giménez, "ser un poeta ni escribir la declaración más perfecta, simplemente permitirnos confesar ante todos que el amor forma parte de nuestra vida".

La exposición comenzó ayer con cincuenta notas del propio autor en soporte de mármol, que en un futuro pretende convertir junto a otras tantas reflexiones en un libro. Otras piezas estaban vacías esperando a quien quisiera llenarlas.

Como explica el artista, "desde hace algunos años me convertí en un trabajador, de forma autodidacta investigo y creo en mi taller; comencé con pequeñas piedras que encontraba en las playas de mi ciudad, hasta que de a poco me fui rodeando de mármoles, hierros y maderas que me fueron indicando el camino de la escultura". Un arte, dice, que también trabaja con libertad: "Día a día fui ajustando mi mirada sobre la realidad, las formas y las posibilidades de cada material; descubriendo espacios para compartir entre mi imaginación y mis manos".

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