El guión mató a la telerrealidad

Puede pasar por novedoso, y de hecho así lo han vendido, pero el formato de [REC] ya ha tenido ilustres precedentes, desde los experimentos de Peter Watkins (El juego de la guerra, Punishment Park, La comuna) hasta el más reciente éxito de El proyecto de la bruja de Blair, de Myrick y Sánchez, o la propia parodia de Álex de la Iglesia en El día de la bestia.

Se trata, como tal vez ya sabrán, de encorsetar el cine de terror bajo la forma hiperrealista y sensacionalista del reportaje televisivo, simular un falso directo en el que la cámara es siempre testigo excepcional de lo que acontece, en este caso una truculenta escalada de horror, contagio y muerte a costa de un virus, un edificio y sus rabiosos inquilinos, una versión dramática y con sorpresa incluida de Aquí no hay quien viva. Balagueró y Plaza, tanto monta, monta tanto, veteranos perpetradores ya de cine de terror de hechuras importadas (Darkness, El segundo nombre), pretenden aquí dar una vuelta de tuerca a los tópicos del género con su formato ligero, frenético e histérico, aunque no pulen lo suficiente otros elementos como para poder ocultarlos entre tirones de cámara, aceleraciones súbitas, cortes de sonido, apagones y miradas espías. Nos topamos aquí, de nuevo, con los subrayados de un guión sobrescrito, con unas interpretaciones desiguales, todas ellas con tendencia al griterío, que lastran esa credibilidad, ese realismo hipertrofiado que se busca denodadamente simulando la textura y los modos del reportaje.

Cualquier posible cita a El ángel exterminador de Buñuel (los inquilinos del edificio no pueden salir al exterior) queda aquí banalizada por los lugares comunes del género de zombis, por el paulatino abandono de la contención y la coherencia de los primeros quince minutos en favor de los golpes de efecto (o sustos), que se acumulan irrisoriamente en el tramo final de la cinta. Así, por más que nos vistan a la mona de seda, [REC] sigue siendo un producto de terror convencional y previsible, fallido incluso en sus propósitos por un déficit de ajuste realista, un producto sin densidad reflexiva sobre el género o sobre el propio formato que da con sus huesos (y sus vísceras) en ese terreno infantilizado en el que sucumben buena parte de las propuestas del cine de género de nuestro tiempo.

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