javier perianes. pianista

"Estoy aquí para hacer música en mayúscula, no por la fama"

  • El pianista visita hoy el Festival con un programa dedicado a Falla, Albéniz y Debussy. De éste último, intepretará una pieza inspirada por la Puerta del Vino

El músico onubense en una fotografía reciente. El músico onubense en una fotografía reciente.

El músico onubense en una fotografía reciente. / Josep Molina

"La música no es sólo el arte más joven, sino tal vez el único cuyo ejercicio, si ha de ser eficaz, exige una completa juventud de espíritu". Citamos a Manuel de Falla porque la frase le va como un guante a Javier Perianes (Huelva, 1978). El artista onubense se convierte por momentos en aquel niño de ocho años fascinado por el sonido de un piano de cola cuando habla de vocación, de compositores, de partituras, de proyectos. La boca se le llena de síes. Sí a hacer música, sí a vivir con pasión, sí a disfrutar de una trayectoria que suda esfuerzo y horas frente al piano. Esta noche, el Patio de los Arrayanes acogerá su recital dedicado a uno de sus compositores favoritos, Franz Schubert; y a Claude Debussy, Manuel de Falla e Isaac Albéniz, tres músicos que se dejaron seducir e inspirar por esta ciudad -y la Alhambra-. "En cualquier parte del mundo se tiene que defender una obra como si fuera lo más importante del mundo", sentencia Perianes.

-Albéniz, Falla y Debussy son compositores esenciales en su repertorio. ¿Se siente más cómodo cuando intepreta piezas de sus músicos favoritos?

-Este programa es muy particular. De hecho, el repertorio que estaban buscando el año pasado era de compositores completamente distintos. Con orquesta vamos cambiando constantemente. Beethoven, Schumann, Schubert, Rajmáninov, Brahms. Este programa tiene una particularidad, y es que la segunda parte la conforman compositores que escribieron pensando en una ciudad en concreto, que es Granada. Al final del homenaje de Falla a Debussy -Le tombeau de Claude Debussy- el compositor hace una mención a una pieza de Debussy dedicada a la ciudad, La soirée dans Grenade. Ésta también la tocaré. Justo después interpretaré La Puerta del Vino. Creo no le tengo que explicar a ningún granadino qué es la Puerta del Vino.

-Esa obra está inspirada en una postal que Falla le envió a Debussy donde le felicitaba la Navidad. Entre las tarjetas, una en la que aparecía coloreada la Puerta del Vino llamó la atención del francés.

-Imagínate. Después, seguiré ahondando en el vínculo granadina con otra obra de Debussy, La sérénade interrompue, que, pese a no citar a Granada, uno está pensando claramente en música española porque el compositor era un fan de la misma. Casi con el mismo ritmo viene El Albayzín de Albéniz. Sin un vínculo explícito, pero más que obvio a la música española, aterrizará el arreglo de Manuel de Falla de El amor brujo.

-Si me tuviera que hablar de un programa hecho a su medida.

-Éste es uno de ellos. La última vez que estuve en el Festival de Granada curiosamente también lo hice con un programa muy bien cuidado. En él, intentamos hermanar a Chopin, Falla y Debussy. Era un programa en torno a tres compositores que se admiraron los unos a los otros, aunque ni Falla ni Debussy llegaron a conocer a Chopin por cuestiones históricas. Debussy manifestó en sus obras la admiración por el pianista polaco. Incluso dejó constancia de ello en cartas o en conversaciones que tuvo con sus alumnos. Falla en sus primeras obras de joven gaditano ya hacía mazurkas u obras claramente inspirados por Chopin. A mí me gusta invitar al oyente a hacer un viaje a través del recital, y que no sea un programa a merced de las cuestiones estéticas. Claro que me gustan las obras que interpreto, pero me gusta que haya algo más, que haya un discurso, y que el público entienda esas conexiones para viajar con ellas.

-¿Cuáles son sus referentes actuales, sus pianistas preferidos?

-Soy una persona con una capacidad de admiración enorme por otros colegas y maestros. Daniel Barenboim, Maria João Pires, András Schiff, Mitsuko Uchid, Martha Argerich. Siempre que tengo oportunidad, aunque cada vez menos, voy a escuchar a otros compañeros porque se aprende muchísimo.

-¿Se acuerda de su primer contacto con el piano?

-Tenía ocho años. Estaba a punto de comprar un clarinete a un gran amigo mío. Durante ese verano veraneábamos en la Antilla y una tía mía, profesora de piano, se entera de que el niño se quería comprar un clarinete. Puso el grito en el cielo y me convenció para ir a un hotel, frente a la Antilla, donde habían puesto un piano de cola. Ella empezó a tocar para mí. Yo tenía ocho años y aquello me impresionó sobremanera. El sonido del instrumento, la capacidad orquestral. Parecía una orquesta. Son muchos colores, muchos sonidos. Ese fue el principio de la fascinación.

-Medios, crítica y público lo consideran uno de los mejores pianistas españoles. ¿Hasta llegar hasta aquí qué ha sacrificado?

-Cualquier persona con vocación no siente lo que hace exactamente como un sacrificio. Por supuesto es un esfuerzo. Son muchas horas de estudio. Esto no es sólo poner la firma, ni trabajar de ocho a tres e irte a casa. Hablamos más que de sacrificios de un esfuerzo placentero.

-Aceptó tocar el Concierto Emperador de Beethoven con una orquesta y un director con los que no había colaborado nunca. Tres horas antes. Menudo lío...

-Lo había tocado tres meses antes y tenía cierta confianza en mí mismo. También es cierto que pensé que no iba a pasar, que el pianista se iba a recuperar. Al final me encontré a las 16:30 cogiendo un taxi para el auditorio y así ensayar con la Real Orquesta del Concertgebouw. Todo salió bien, pero podría haber salido mal.

-Leí en una entrevista que todavía no le había pasado que alguien le parara en un aeropuerto para que se hiciese una foto con usted...

-Me preguntaban los músicos estamos aquí por la fama. Estoy aquí por la música en mayúscula y la vocación. Lo que me interesa es hacer música, no la fama.

-Pablo Heras-Casado está a punto de recoger el testigo de Diego Martínez como director del Festival. ¿Qué opina de su nombramiento?

-Me hace muy feliz y creo que es una aventura preciosa. Más aún para un granadino militante, que siempre habla maravillas de su ciudad. Será un orgullo para él poder dirigir el festival desde la ciudad que le ha visto crecer.

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