El hombre que amó la Alhambra

  • En 2008 se cumplen los 120 años del nacimiento de Leopoldo Torres Balbás, el arquitecto y arqueólogo que implantó en la Alhambra sus revolucionarios conceptos de restauración y cuidado

Fue el artífice de la salvación de la Alhambra, el hombre que despojó del templete oriental del Patio de los Leones una falsa cúpula al estilo bagdadí para restaurar su verdadera cubierta. También logró evitar que las piedras de la Puerta de Bib-Rambla terminaran siendo utilizadas como cantera para la construcción y, para evitar más desmanes, la ubicó en el bosque de la Alhambra. Fue el arquitecto que puso en práctica en Granada las teorías de la Institución Libre de Enseñanza. Fue un sabio de su tiempo. Fue Leopoldo Torres Balbás, de quien este año se cumple el 120 aniversario de su nacimiento.

Pese a todo lo que hizo por

Granada desde que llegó a la ciudad en 1923 como arquitecto conservador de la Alhambra, Torres Balbás se desvivió por el monumento y se afanó en entenderlo hasta en su más mínimo detalle. Eso le valdría el odio de la mentalidad más rancia de la ciudad, que veía el recinto monumental como una especie de decorado de Las mil y una noches y no como el vestigio de un esplendoroso pasado. El arquitecto terminó yéndose de la ciudad con una sensación de amargura por la incomprensión que encontró. Hoy, sin embargo, su figura es una de las más reivindicadas en el mundo de la arquitectura del siglo XX.

Leopoldo Torres Balbás nació en Madrid el 23 de mayo de 1888 en una familia liberal y culta que le inculcó desde pequeño valores de progreso. Educado en la Institución Libre de Enseñanza, el joven decidió estudiar las carreras de Arquitectura y Arqueología. Al licenciarse, se dedicó a escribir en las más prestigiosas revistas de Arquitectura, en las que defendía las teorías más modernas de la época y, en lo que a restauración se refiere, su opinión de que los edificios antiguos debían respetarse al máximo y ser despojados de cualquier ornamentación que hubiera sido añadida.

Torres Balbás pudo plasmar esas ideas en la práctica cuando llegó a Granada en 1923. Se encontró con una Alhambra a la que se le habían ido poniendo añadidos de la forma más arbitraria. El arquitecto detuvo esa tendencia y comenzó una lenta labor de reparación sistemática y de rescate de las ruinas. Él, personalmente, participaba en los trabajos de restauración. Y lo hizo de una forma modélica. Entre 1923 y 1936, cuando fue destituido de su puesto por los sublevados nacionales, Torres Balbás dejó una Alhambra realmente auténtica, muy similar a lo que debió ser su estado original y rabiosamente bella. Sus intervenciones en los jardines y el palacete del Partal, que estaban prácticamente en ruinas, o en la Torre de Comares, devolvieron el esplendor del monumento.

En 1935 se vio, sin embargo, envuelto en una tremenda polémica cuando, de forma audaz, decidió echar abajo la cúpula del templete oriental del Patio de los Leones, que había sido añadida en el siglo XIX, y restaurar el antiguo tejado original. La prensa granadina, acostumbrada a ver el Patio de los Leones como si se tratase de un recinto oriental, arremetió duramente contra el arquitecto. Fue necesaria la intervención de sus amigos, como Manuel de Falla, Emilio García Gómez, Antonio Gallego Burín o Francisco Prieto Moreno, que escribieron un comunicado en su defensa y en defensa de su actuación, para que la tensión se calmase. Pero Torres Balbás quedó duramente herido por las críticas recibidas y decidió dejar Granada.

Otra de sus grandes intervenciones, también en 1935, fue el rescate de la Puerta de Bib-Rambla o Arco de las Orejas. Ubicada originalmente en la Plaza Bib-Rambla, la puerta fue demolida en 1884 por el Ayuntamiento de la ciudad a petición de los comerciantes de la zona, que la consideraban un estorbo. Sus escombros fueron a parar al Museo Arqueológico. No contento con la demolición, el Ayuntamiento envió un escrito al museo diciéndole que, si no hacía nada con los escombros, la corporación los utilizaría para obras públicas. El responsable del museo, Manuel Gómez Moreno, decidió enterrarlos en el jardín.

Cuando Torres Balbás llegó a la ciudad, se interesó por la Puerta de Bib-Rambla y, tomando como guía un plano elaborado cuando el Gobierno central estudió declarar la edificación como patrimonio artístico, la reconstruyó piedra por piedra en el bosque de la Alhambra. No quiso ponerla en un lugar llamativo para que no desvirtuara el recinto. Gracias a él, hoy puede contemplarse la puerta, sola e imponente.

La Guerra Civil sorprendió a Torres Balbás en Soria, en manos de los sublevados. Su casa de Madrid fue saqueada por milicianos republicanos y todo su archivo personal, destruido. En Soria tuvo que ganarse la vida como profesor de bachillerato. Luego tuvo que hacer frente a las acusaciones de simpatizante de la República y seguidor del Frente Popular. Fue destituido de su cargo como arquitecto conservador de la Alhambra y puesto en entredicho por las autoridades franquistas. A Torres Balbás le costaría mucho volver a rehacer su vida profesional y quedaría relegado y silenciado en una especie de exilio interior, entregado exclusivamente a impartir clases de Arquitectura hasta su jubilación.

En noviembre de 1960, a los 72 años, fue atropellado por una motocicleta en Madrid. Perdió el conocimiento durante unas horas. Cuando parecía haberse restablecido de las heridas, perdió de nuevo el conocimiento y murió en el hospital, en la mesa de operaciones, el día 20. Dos días después fue enterrado en Madrid. Sólo unos pocos amigos asistieron a su entierro.

En 2005, el también arquitecto Alfonso Muñoz Cosme, de la Universidad Autonóma de Madrid, publicó el libro La vida y la obra de Leopoldo Torres Balbás, un libro editado por la Junta de Andalucía, que se ha convertido en imprescindible para conocer todo lo relacionado con el arquitecto y con las obras que realizó no sólo en Granada, sino en todo el país. En la obra de Muñoz Cosme se percibe la gran pasión que puso Torres Balbás al conocimiento de la arquitectura hispano-musulmana y la verdadera devoción que sintió por la Alhambra, un monumento que es hoy lo que es, gracias al trabajo erudito del madrileño.

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