La huella viva de August Strindberg

  • La UGR arroja luz sobre el dramaturgo y artista a través de unas jornadas

Dramaturgo, poeta, novelista, lingüista, pintor, escultor, alquimista y fotógrafo. Son todas las caras de August Strindberg, un artista del que se conmemora el centenario de su muerte y al que la Universidad de Granada (UGR) ha querido rendir homenaje a través de las jornadas La huella viva de un genio, que ha contado con ponencias, proyecciones y lecturas de algunas de las obras más relevantes del autor sueco.

Strindberg nació en Estocolmo en enero de 1849 y tras terminar sus estudios, trabajó como periodista en varios periódicos suecos. Su carácter fuerte y su deseo de decir siempre la verdad le provocaron grandes discusiones con los directores de estos diarios que acabaron echándolo. Tras su fracaso en el mundo de la prensa, Strindberg pasó a interesarse por el teatro, ya que su deseo era convertirse en actor, aunque el fracaso de su carrera fracasó le llevó a aventurarse en la literatura. A los 20 años estrenó una de sus grandes obras en el Teatro Nacional de Suecia, Roma, donde se comienza a observar el ingenio y la genialidad del dramaturgo.

Strindberg abandonó su trabajo en la Biblioteca Nacional para dedicarse en cuerpo y alma a la literatura, trabajo que le depararía más derrotas que triunfos y que jamás le colmaría de fortuna. Tanto fue así que en 1883 se vio obligado a exiliarse tras publicar El Nuevo Reino, un libro en el que atacaba a la clase noble de Suecia. Sin embargo, él afirmaba que estaba haciendo literatura e historia y que por ello, se merecía el Premio Nobel en tres categorías: literatura, paz y alquimia.

Debido a su carácter, Strindberg fue cosechando un gran número de detractores y enemigos a lo largo de su vida, todo ello como consecuencia de las numerosas críticas que vertía públicamente en sus textos. Sus comentarios ácidos fueron destinados a editores, mujeres y monarcas, sobre todo a éstos últimos, a los que definió como "personas que se beben e hipotecan el país". A pesar de los enemigos, también tuvo grandes amigos como el filósofo Nietzsche, con quien se carteó en repetidas ocasiones y con el que compartió un pensamiento muy radical de la vida.

Su personalidad esquizofrénica y excéntrica comenzó a reflejarse en sus obras artísticas, que tomaron un excesivo carácter crítico además de un tono trágico y dramático. La violencia verbal y su crítica a la mujer dejaban entrever una infancia dura, con un padre agresivo y pragmático, y una madre sumisa y profundamente religiosa, así como una vida amorosa tremendamente desastrosa, puesto que es que el dramaturgo sueco se casó tres veces y tuvo tres hijos. "Mi misoginia es teórica" llegó a afirmar en sus escritos.

Strindberg jugó un papel fundamental en la recién nacida fotografía y es que su deseo era captar los instantes de la vida de la forma más real posible. Tal fue su empeño por el realismo fotográfico que llegó a hacer fotografías sin lente y sin cámara, exponiendo las placas a la luz de la luna y las estrellas.

En sus últimos días, allá por 1910, Strindberg decidió trabajar gratis en el periódico con una condición: escribir lo que quisiera sin ningún tipo de censura. Al final de su vida, su obra tan criticada comenzó a ser reconocida y una gran empresa editorial compró sus derechos.

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