El viajero con alejandro pedregosa

Tras las huellas de Mariana Pineda

  • El escritor, Premio de Poesía Arcipreste de Hita, ejerció durante un trienio de guía de las rutas 'Los lugares de Mariana', para recuperar la memoria de esta ilustre mujer

En 2004 comenzó el idilio entre Alejandro Pedregosa y Mariana Pineda, 200 años después del nacimiento de la heroína granadina. Este escritor afincado en la capital con una bibliografía repleta de galardones como el último Premio de poesía Arcipreste de Hita, ejerció durante un trienio de guía de las rutas Los lugares de Mariana que impulsa la Concejalía de Igualdad de Oportunidades del Ayuntamiento de Granada.

Con estas visitas se ha pretendido recuperar la memoria histórica de la figura de esta ilustre mujer, a través de dos recorridos urbanos que se ajustan al desarrollo de la secuencia biográfica y al contexto histórico de la vida de la heroína que murió por defender sus ideales y no delatar a sus compañeros de causa.

La ruta 1 arranca desde la Plaza de Santa Ana para continuar por la Carrera del Darro hacia la Casa de los Pineda, Plaza Nueva, Real Chancillería, Calle Elvira y terminar ya en la Plaza de la Libertad.

La ruta 2 comienza en la Plaza de Santa Ana, sigue por la Carrera del Darro, Plaza Nueva, Real Chancillería, Plaza Mariana Pineda, Beaterio de Santa María Egipciaca y finaliza en el Centro Europeo de las Mujeres Mariana Pineda. Este edificio guarda un antiguo vestido de ella o el arca en el que se trasladaron sus restos durante años.

Este guía de excepción explica cómo era la Granada de la época de Mariana Pineda, personaje de gran arraigo popular por el que se sintió cautivado desde que se acercó al mismo, tanto que ha compuesto algunos poemas dedicados a este símbolo de la lucha liberal constitucionalista del siglo XIX.

Y es que Alejandro Pedregosa no escribe 'hacia adentro' sino que entiende la labor poética como "una actividad que se sustenta en un severo compromiso con la palabra y cuya especificidad más relevante consiste en una serie de leyes propias entre las que se destacaría el ritmo y la medida (el verso libre, los silencios, que son también formas de ritmo y de medida)".

Más allá de esto, los lugares desde los que proyectar el poema pueden ser diversos, desde un yo introspectivo a un yo compartido con los otros, es decir, con la Historia común; también en la observación narrativa que intenta superar lo banal se siente cómodo. "Acaso la principal labor del poeta consista en atender siempre a la justicia del verso: comprender sus necesidades expresivas, pulir lo que se estime necesario y desechar lo superfluo. En este empeño andan mis poemas. Estimo profundamente a todos aquellos que con humildad y oficio lo intentan. Admiro a quienes lo consiguen".

Pedregosa cuenta en relación a la ruta detalles de la vida de Mariana Pineda, como que nació el 1 de septiembre de 1804, tal y como aparece en la placa de la casa situada en la Carrera del Darro. Hija natural de D. Mariano de Pineda, de familia de abolengo granadina y de Dña. María Dolores Muñoz, de familia humilde, de Lucena (Córdoba), ya vivió en sus carnes el drama de ser descendiente de padres separados.

También le tocó sufrir la pérdida de su marido con dos hijos de corta edad. Un año después (1823), fue abolida la Constitución por Fernando VII y se restauró el régimen represivo del primer periodo absolutista.

Mariana participa en las tertulias donde se conspira, asiste a los presos en la cárcel entre los que se encuentra un primo y un tío suyo. Además, se encuentran en su casa de la calle Águila, donde está actualmente el Centro Europeo de las Mujeres, unos documentos comprometedores. Pedregosa relata cómo se escapó de uno de sus balcones esta valiente mujer durante un arresto domiciliario. Es en esta misma casa donde es descubierta por Ramón Pedrosa la bandera que le llevó hasta el garrote vil en 1833, que se empezó a confeccionar por las bordadoras del Albaycín por orden de Mariana.

Al conocer la sentencia le heroína dijo: "El recuerdo de mi suplicio hará más por nuestra casa que todas las banderas del mundo" y bajo la estatua que preside la plaza que lleva su nombre y que intentó plasmar valentía a la vez que resignación ante la muerte se recoge: "Con el secreto inmortalizó su nombre". Para la historia.

En Granada sigue estando su espíritu, en la plaza de la Libertad, concepto por el que ella tanto luchó, en el beaterio en el que pasó sus últimos días junto a mujeres 'de mal vivir' que tan bien pusiera en escena Martín Recuerda y, sobre todo, en la memoria colectiva.

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