"El humor nos salva, aunque en España no tiene buena prensa"

  • El escritor peruano demuestra lo distinta que puede ser una historia si se enmarca con las situaciones más rocambolescas en 'España, aparta de mí estos premios'

Bien "como medio para llegar a fin de mes", bien "como estímulo creativo", los certámenes literarios son todo un mundo en una España que se divide entre "la que saber reírse de sí misma y la que no". Tras una conversación con el escritor Juan Bonilla acerca de lo difícil que es hoy en día tratar con humor la Guerra Civil desde la Literatura, Fernando Iwasaki buscó en la Historia y encontró a un brigadista japonés llegado a España en pleno conflicto. A partir de ahí, y en un mágico invento cargado de humor y finos dardos envenenados, el escritor peruano hizo salir a la luz a ese brigadista escondido durante años y le hizo toparse de bruces con un país protagonizado por las Belenes Esteban y compañía. Una misma historia pero con muchos escenarios y aún más interpretaciones que se puede leer en España, aparta de mí estos premios (Páginas de Espuma, 2009).

-¿De veras que la sociedad española tiene ahora tan mala pinta?

-Las sociedades contemporáneas se están banalizando y frivolizando, así que escribo sobre eso y sobre cómo, de la noche a la mañana, la gente que se hace famosa empieza a ir por los programas de televisión y publica libros sobre su vida. Todo eso me resulta tan deplorable y tan ridículo que quería hacerle una caricatura. Y, para que fuera más surrealista, decidí sacarme de la manga a estos personajes japoneses que supuestamente están ocultos y en la clandestinidad en España y que, una vez que se hacen famosos y se vuelven visibles y la sociedad los reconoce, ponen en marcha toda la maquinaria de la sociedad del espectáculo: se hacen famosos y van a la tele y a los concursos. Critico toda esa tendencia que existe de convertir la realidad en un reality show.

-¿Y se vislumbra alguna salida?

-Estamos ya metidos ahí de cabeza... Desde el punto de vista de cada individuo, la salida más evidente es el conocimiento. Estas cosas ocurren porque a la gente le interesa más el reconocimiento que el conocimiento, y eso es terrible, y sólo se combate siendo más exigente con uno mismo y con lo que uno desea. Pero lo que puedes hacer individualmente es terrible cuando lo planteas en términos sociales; son pautas de conducta extendidas por toda la sociedad y la pena es que todo lo que tenemos a nuestro alrededor, incluidos los medios más serios y progresistas, lo alimentan dándole protagonismo.

-Como escritor, también crea opinión, lo que le deja en una posición tan delicada en esto como a los periodistas...

-Si yo escribo un libro en el que critico todo eso y me rasgo las vestiduras sé que no voy a conseguir nada; pero si me burlo de todo eso y alguien lo lee, le hace gracia y se ríe, hará un pequeño esfuerzo de reflexión y entonces se dará cuenta de que se ríe de algo patético.

-¿Cómo se quedaría alguien si, como su brigadista japonés, se topase de repente con el país tal y como está ahora?

-No comprendería muchas cosas, pero es que si levantara la cabeza don Francisco Giner de los Ríos, o todas las personas que crearon la Institución Libre de Enseñanza, se podrían literalmente morir de ver en lo que se ha convertido la educación pública, y dónde se ha ido la cultura del esfuerzo y del sacrificio.

-Pero es que hoy todo es más fácil...

-Desde luego. Nunca como ahora ha habido más recursos para saber, aprender y estudiar y, sin embargo, nunca como ahora la gente ha elegido realmente las opciones más deleznables. Antes podías decir que había mucho analfabetismo y atraso, pero ya esa excusa no funciona. Ahora todo está al alcance de todos, y mucha gente elige deliberadamente lo que vemos.

-Dice que escribe "para la España que sabe reírse de sí misma". ¿Es más grande o más pequeña que la que no sabe reírse?

-Mi intención era sacar el debate de las dos Españas del eje político. Cada vez que dices "las dos Españas" la gente piensa en la derecha y la izquierda, así que hago mi propia división... Yo creo que el humor nos salva y en España, aunque el humor no tiene buena prensa porque casi todos los escritores en público hablan mal del humor y en privado tienen un sentido del humor excelente, la capacidad de reírnos de nosotros mismos es muy bienhechora.

-¿Y por qué los escritores tienen miedo de demostrar que se saben reír de las cosas?

-Quizá porque la literatura está revestida de mucha solemnidad, pero una cosa es lo que se dice en público y otra lo que se hace en privado. Conozco muchos escritores con un sentido del humor increíble pero que no lo dejan expresarse en lo que escriben porque no quieren dar una imagen de levedad, y eso que el humor no tiene nada de leve, sino que es algo muy serio... Hay una gran diferencia entre hacer el humor y hacer un chiste. El chiste es lo cómico, lo escuchas, te ríes y ya está. El humor es algo que te tiene que hacer pensar sobre lo que te estás riendo. La ambición del humor es otra cosa.

-¿Cuál de sus relatos le ha hecho pasar un mejor rato?

-Con La katana verdiblanca me reí mucho, porque continuamente estoy rodeado de gente del Sevilla y del Betis y conozco a la perfección sus enfrentamientos. Con El sushi melancólico también me lo pasé muy bien porque rememora un enfrentamiento entre Santamaría y Adrià que me pareció ridículo.

-Su libro hace pensar en la cantidad de certámenes que hay en España. En la web hay uno, incluso, que pide relatos sobre la depilación. ¿Qué lleva a un centro de estética a convocar un concurso literario?

-Fácil... Lo que está es deseando ver los cuentos que se presentan para imprimirlos en una especie de folleto y ponerlo en la sala de espera.

-Nos gusta mucho recrearnos en lo nuestro...

-Es muy legítimo y válido defender lo nuestro. Hay certámenes de pueblos muy perdidos pero que, como dejan sus bases en internet, se presentan a ellos gente de todo el mundo, y eso siempre da un toque muy internacional a un pueblo.

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