El huracán Rosario Flores arrasa en el Son de Azúcar de Motril

  • La benjamina del clan Flores supo meterse en el bolsillo al público motrileño con sus clásicos temas y su nuevo trabajo en el concierto de clausura del festival

El huracán Rosario arrasó el sábado por la noche en el Son de Azúcar de Motril, que vivió su última y más exitosa velada. Con unas caderas que "ni Shakira" -según le gritaron- embelesó a las diez mil personas que se congregaron en la playa de Poniente motrileña.

La hija menor de Lola Flores hizo vivir emotivos momentos a un público de todas las edades, que vibró con su particular manera de interpretar, bailar y llenar el escenario, donde lo dio todo. Con una aparente prudencia ante los medios, protegida por su equipo, llegó con medidas estrictas al camerino prefabricado instalado en la playa de Motril. Una salobreñera la estaba esperando con un ramo de flores y, tras dar una serie de explicaciones, el servicio de seguridad del concierto le permitió tener acceso al backstage para regalárselo.

Luego, pidió que la pasarela de acceso al escenario se quedara libre y con aire tímido se dirigió hacia él flanqueada por sus músicos. Allí se transformó. Rosario Flores interpretó los temas de su último disco, Parte de mí, sin dejar de dirigirse en todo momento a "Motril", a diferencia de Triana que habló en varias ocasiones de "Granada", lo que levantó algunas suspicacias entre el público. La heredera del arte de 'la Faraona' conoce bien la ciudad costera puesto que su madre visitaba Motril con frecuencia y tenía varias amistades que, al parecer, han influido en la contratación de la artista con la premura que ha reinado en esta última edición del Son de Azúcar, debido a un problema de financiación por parte de la Junta de Andalucía.

Mientras hacía llorar y reír a sus fans y disfrutar a un público entregado que coreó y bailó sus canciones, daba un repaso a los éxitos de su discografía: Siento, De mil colores, Mucho por vivir, De ley, hasta llegar a su actual octavo trabajo. Después de su debut en los años 80, volvió con fuerza en los 90 de la mano de su hermano Antonio, al que recordó al compartir con el público su primer tema ¡Qué bonito!. La hija del Pescaílla señaló al cielo, habló de Dios, interpretó la rumba catalana y hasta rapeó a ritmo del clásico de su madre Cómo me las maravillaría yo. Baladas y "mucha marcha" convivieron entre su repertorio hasta que llegó el momento de la despedida después de hora y media del concierto. El público motrileño se negó a verla marchar, después de que hacía siete años que no podía disfrutar de ella, y pidió los bises.

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