Crítica cine

Un huracán llamado Carter

Jazz en el lago

James Carter Organ Trío + Juan Valderrama & Moisés Sánchez Trío. Fecha y lugar: Katie Featherston, Kathryn Newton, MatViernes 3 de julio. Paraje de la Ermita de los Tres Juanes de Atarfe. Aforo: 1.500 personas.

Una luna rotunda y hermosa, apenas iniciado su ciclo menguante, coronaba el escenario sobre el que James Carter desataría un huracán dentro de sus saxos en contraste con el ambiente de quietud, asfixiante y plomizo que se respiraba alrededor. Fuera, la roca de Sierra Elvira aún guardaría gran parte de la noche el calor acumulado durante un día de máximas en el que ni el soplo hípervitaminado del prodigioso músico consiguió mover una brizna. Su dominio de todo el espectro de saxos -solo se dejó en el maletero el barítono- es portentoso, y resulta imposible imaginar ningún otro saxofonista que pueda hacerle sombra extrayéndole más posibilidades a cada uno de ellos, que pueda llevarlos más al límite de lo que los lleva el de Detroit.

Por momentos el instrumento parece poseído por la voz de ultratumba del ogro Tom Waits y al siguiente compás uno duda si habrá dado notas tan agudas que solo los perros hayan podido percibir. En sus manos el saxo soprano, el alto o el tenor se quedan pequeños y uno tiene la sensación de que faltan escalas en la naturaleza para que Carter las transite. La noche había comenzado antes, con el trío de Moisés Sánchez al ralentí, calentando con aire tropical pero sosegado el ambiente hasta la salida del cantante Juan Valderrama. Su voz limpia y templada dio forma a algunos clásicos de los cincuenta, básicamente boleros, eludiendo la obviedad, cosa que es siempre de agradecer. Sánchez al piano, Toño Miguel al contrabajo y Borja Barrueta a las baquetas acompañaron con corrección a un Valderrama que apenas se permitió aflamencarse a pesar de que sus trinos remitían indefectiblemente al gran talento de su padre, con cuyo registro guarda un innegable parentesco. Así funcionó con Alma Mía de María Grever, con la versión de Mañana de Carnaval, o con Verdad Amarga de Consuelo Velázquez, y algo menos con su original No o el Camarera de mi Amor de Antonio Machín. Durante el cambio de backline algunas intervenciones desde el escenario levantaron la liebre de una posible desaparición del Festival para futuras ediciones debido a las dudas que el nuevo equipo de gobierno atarfeño, en manos de Ganemos, la marca del lugar de Podemos, alberga sobre su viabilidad. Un burdo rumor que esperemos solo se quede en eso, pues Jazz en el Lago es una de las propuestas más atractivas del calendario en la provincia y sería muy lamentable decretar su desaparición tras catorce ediciones.

Al margen de las habladurías, el programa continuó con el trío propuesto por James Carter, con su inseparable Gerard Gibbs al Hammond B3, un versátil teclista al que ya vimos sentado al piano en la anterior visita de Carter, y el batería Alex White, que sustituía al anunciado Leonard King Jr. otro de sus viejos compinches que también lo acompañaba en su actuación en la costa de hace cinco años. El bueno de Carter decidió plantear un repertorio casi en exclusiva de piezas popularizadas por su admirado Django Reinhart, con la excepción de la exquisita Silver's Serenade de Horace Silver con la que se lució Gibbs. Y así utilizó Manoir de mes Reves (Django's Castle), un tema de su álbum Chasin' the Gypsy (Atlantic, 2000) para alardear de respiración circular, una técnica por cuyo control la mayoría de instrumentistas vendería su alma al diablo y que permite tomar aire sin dejar de insuflarlo al instrumento. El resto fueron temas de Reinhart no incluidos en ninguno de sus discos oficiales, Fleche D'Or, La Valse des Niglo's, Impromptu o Melodie au Crepuscule pero que llevó magistralmente a su terreno, ese soplo diabólico que hace que su saxo tenor suene como el gruñido del Hombre de las Nieves, el alto como el lamento de una gata en celo y el soprano como una declaración de amor entre delfines. Ninguno guarda un rincón que no conozca a la perfección un huracán llamado Carter.

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