Una inauguración 'light'

  • La sobrina del poeta, que estaba llamada a ser una de las grandes protagonistas de la inauguración, acudió al acto pero no participó en la ronda de discursos oficiales

Laura García-Lorca vivió ayer una inauguración que no hubiera imaginado ni en la peor de sus pesadillas. Cuestionada por el escándalo suscitado en torno a la deuda millonaria de la Fundación Lorca, la sobrina del poeta participó en el acto, recibió con una sonrisa y un beso a los asistentes y ofreció su primera declaración a los medios en los últimos meses, cuando aparecieron las primeras noticias de un escándalo que, de momento, tiene como primera consecuencia que el centro de La Romanilla se haya inaugurado vacío.

Deudas

En este mal trago tiene mucho que la reclamación de la Junta y del Ministerio de Cultura de 4,5 millones de euros por subvenciones sin justificar, cuando la Fundación se encargó de la construcción del edificio entre 2007 y 2013 mediante una encomienda de gestión. A esto se le suman los 4 millones más intereses que reclama La Caixa de un préstamo concedido mientras llegaban los Fondos Feder, del que no se han pagado ni los intereses y que tenían como aval el propio legado de Lorca que custodia en Madrid. También tiene que pagar 400.000 euros a Ferrovial y debe 300.000 euros en otros conceptos.

El hombre de confianza

Y en todo este asunto aparece la figura de Juan Tomás Martín, el que fuera hombre de confianza de la sobrina del poeta y secretario de la Fundación hasta hace apenas unos días. Laura García-Lorca lo denunció por estafa y falsedad documental por, presuntamente, cobrar unas magras comisiones del 15% de todas las subvenciones que entraban para la construcción del Centro, según la denuncia, después de falsificar la firma de la sobrina del poeta. Juan Tomás Martín, que llegó a percibir un sueldo de 12.000 euros al mes, está en la actualidad en paradero desconocido, con toda la documentación del Centro Lorca entre 2017 y 2013 en su poder y, presuntamente, con más de 5 millones en el bolsillo entre mordidas a las subvenciones y sueldos astronómicos.

Al parecer, según fuentes consultadas por este periódico, utilizó el crédito de La Caixa para maquillar sus operaciones y para que el dinero llegara a la constructora, hasta que en 2013 se comenzaron a observar los primeros indicios de una gestión más que inapropiada. Y Laura García-Lorca, en mitad de todo este galimatías, vio como en los nuevos estatutos quedó defenestrada en el Centro Lorca y su función se reduce a la de programadora de actos y a dirigir el archivo lorquiano que, a día de hoy, permanece en el exilio. De hecho, el propio concejal de Cultura, Juan García Montero, ratificó ayer las informaciones publicadas por este medio que relacionan la llegada del legado con el rumbo que tome la investigación judicial que comenzará a la vuelta del verano. De momento, es la única medida de presión que tiene Laura García-Lorca ante todos los frentes que tiene abiertos en la actualidad.

Un sueño que arrancó en 2003

La idea de traer a Granada el legado del poeta ronda la cabeza de los herederos desde hace décadas, pero no comenzó a tomar cuerpo hasta 2003. José María Aznar, por entonces presidente del Gobierno, realizó gestiones a título personal que desembocaron en un acuerdo institucional para traer desde Madrid todo el legado de Lorca con materiales como el manuscrito original de Poeta en Nueva York. En 2005, un jurado presidido por el prestigioso arquitecto Rafael Moneo eligió, de entre todos los proyectos presentados al concurso internacional de ideas, la propuesta más arriesgada y vanguardista de las presentadas, realizada por un equipo de arquitectos mexicanos y eslovenos con sede en Barcelona. El Ayuntamiento puso el solar en la céntrica plaza de La Romanilla, los Fondos Feder cubrirían el 75% de los 18,5 millones en los que estaba presupuestado el edificio y la Junta y el Ministerio el resto del dinero. Estas instituciones, junto a la Diputación y la propia Fundación Lorca, integrarían el Consorcio para la construcción del espacio. Era una época de brindis con vino entre los políticos de todos los colores.

Primeras polémicas

El primer contratiempo fue la necesidad de modificar puntualmente el Plan Centro para el solar en el que se iba a levantar el edificio, un trámite que llenó páginas de periódico por el enfrentamiento entre Ayuntamiento y Junta por una cuestión urbanística. Se fumaron la pipa de la paz y apareció un incómodo vecino, una churrería anexa al solar que, en principio, no tenía que incluirse en el proyecto definitivo. Pero este asunto acabó por enquistarse, las administraciones se enzarzaron en el cuerpo a cuerpo y el solar de la churrería fue finalmente adquirido por 300.000 euros. La Junta de Andalucía no acababa de dar el visto bueno a los estatutos del Consorcio para la construcción del Centro Lorca, que dejaba en manos de la Fundación la ejecución de las obras y la gestión de todos los millones que iban a entrar procedentes de la UE. Al poco empezaron los trabajos y los obreros de Ferrovial comenzaron a edificar el sueño de una ciudad y se daba como seguro que en 2010 el flamante edificio albergaría los cerca de 5.000 manuscritos.

Una demora tras otra

Desde que se dio la primera fecha de apertura, prevista para 2006, se han sucedido los anuncios y posteriores desmentidos de la apertura del centro . Las obras se pararon en 2010 por un sobrecoste en la ejecución de 4,5 millones con las obras terminadas al 96 % y Ferrovial se plantó. Laura García Lorca tenía una programación ya diseñada para el centro que, pese a todo, se empeñó en continuar en ciudades como Nueva York o México D. F. Así que de 2010 a 2013, el Centro Lorca tuvo una parálisis en todos los sentidos con los pertinentes cruces de acusaciones. Llegó el 7 de octubre de 2013 y se escenificó una entente política sin fisuras para afirmar ante los medios que, tras tres años de intenso debate, habían concluido que la solución era pagar a escote el sobrecoste.

Fondos noruegos

De pronto aparecieron unos fondos procedentes de Noruega, Islandia y Liechtenstein, 4,08 millones de euros que iban a sufragar el equipamiento del centro y su programación durante los dos primeros años. Así que aparecieron unos operarios, con su casco y todo, para rematar el edificio, pero a los días volvió a ser un espectro. De nuevo problemas de pago a la constructora hasta que, en junio de 2014, las obras se retomaron después de que las instituciones abonasen a Ferrovial la mitad del sobrecoste, unos dos millones. A partir de aquí, una nueva cascada de fechas de inauguración que se fueron incumpliendo una tras otra: finales de 2014, comienzos de 2015... hasta llegar a la ya 'definitiva' del 5 de junio, la primera vez que se daba un día concreto.

Más de 12 años después de que se comenzase a gestar el proyecto todo iba a quedar como un mal sueño. Pero unos días antes, Ferrovial volvió a plantarse para exigir los tres millones de euros que todavía se le adeudaban, condición sin la cual no iba a entregar las llaves. Un miembro del Consorcio pedía en privado mantener la prudencia. "Van a correr ríos de tinta sobre el Centro Lorca", decía esta fuente que, pasado el tiempo, se ha demostrado que se quedaba corta. 12 años y más de 25 millones de euros después, el Centro Lorca es una realidad... a medias.

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