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La era de la inconsistencia

La era de la inconsistencia La era de la inconsistencia

La era de la inconsistencia

La actualidad que Calasso llama innombrable es este confuso tiempo que vivimos y cuyo sujeto histórico, el Homo saecularis, ha vuelto definitivamente la espalda al orden sagrado para entregarse al culto de una sociedad que ya sólo se celebra a sí misma. No suele el gran editor y ensayista italiano fijar su mirada en el presente, pero cuando lo hace, como aquí, son muchos milenios los que sustentan un análisis tan lúcido como heterodoxo, que discurre a contracorriente desde una cierta nostalgia de la devoción o de las presencias invisibles. La misma civilización que las ha confinado al terreno de las supersticiones innecesarias, imprime un carácter casi religioso a certezas que pasando por evidentes no son menos indemostrables.

En la primera parte, Turistas y terroristas, Calasso aborda desde una perspectiva crítica algunos de los rasgos que caracterizan la "era de la inconsistencia": el componente sacrificial del yihadismo, el desprestigio de la mediación, la filantropía humanista, la incomprensión de lo divino, la fe en la ciencia, la atracción por los sucedáneos espirituales o la inquietante deriva digital, que sustituye por la información no ya el conocimiento, sino la propia conciencia. La segunda parte -cuyo título, La Sociedad Vienesa del Gas, alude a un pasaje de Benjamin donde este informa del corte del suministro a los judíos que al suicidarse dejaban impagadas las facturas- reúne en una colección de breves impresiones reveladoras los testimonios de contemporáneos que vivieron el auge y la caída del nazismo entre su llegada al poder y el último año de la Segunda Guerra Mundial. De algún modo, sugiere el autor, el breve y dramático periodo del Tercer Reich -"un intento de autoaniquilación, parcialmente exitoso"- funcionó como un corte desgarrador y seguimos, aunque en un mundo muy otro, habitando entre las ruinas. En la coda final, "Avistamiento de las Torres", Calasso reproduce una oscura premonición de Baudelaire que entrevió en sueños, angustiado por no poder transmitir el aviso "a la gente, a las naciones", la horrenda imagen del derrumbamiento venidero.

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