"Es increíble que la gente no esté ya en las barricadas"

  • El catedrático de Literatura de la UGR presenta 'En el mundo de los mundos', donde reflexiona sobre la situación actual

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El poeta y escritor granadino Álvaro Salvador, catedrático de Literatura en la Universidad de Granada, presenta hoy en la Asociación de la Prensa, a las 19.30 horas, el libro En el mundo de los mundos, una recopilación de los textos y columnas que publicó entre 2004 y 2008 en diarios como La Opinión, Ideal o Granada Hoy. En ellos reflexiona sobre literatura, la crisis mundial, el terrorismo o los mitos de la civilización tecnológica desde una perspectiva independiente y personal. El acto será presentado por el periodista Alejandro V. García.

-¿A qué se debe el título de En el mundo de los mundos?

-Octavio Paz decía, refiriéndose a un escritor tan cosmopolita como Rubén Darío, que el escritor debía ser "un hombre en el mundo de los mundos, no un abstraído frente a sí mismo". Me pareció que la expresión definía muy bien a un escritor de origen periférico que pretende sentirse cosmopolita, ciudadano del mundo. Y me parecía especialmente significativa para un escritor granadino.

-Habla tanto de literatura como de temas de actualidad... ¿Hastá que punto está comprometida la literatura de hoy con la actualidad?

-La literatura de hoy no está muy comprometida con la realidad, desgraciadamente. Bueno, no está comprometida con la realidad que la gente vive cada día en las calles. Aunque habría que definir primero que se entiende por comprometida. A mí me parece inmoral que un político de reconocido prestigio y "compromiso", a la hora de escribir una novela, en vez de escoger el tema de cómo los mercados capitalistas han destruido en la última década cualquier posibilidad de Estado de Bienestar y han hecho desaparecer prácticamente a los partidos de izquierda, escoja el de las rencillas de unos poetas de provincias. De todos modos, mi libro es periodismo, no literatura, aunque hable de literatura y de literatos.

-Una pregunta sin maldad. ¿Por qué se presupone siempre, y en un contexto bastante generalizado, que un escritor tiene una visión distinta sobre el mundo, algo que no tiene, por un ejemplo, un músico o un pintor? ¿Por qué se elige a los escritores para las tertulias políticas?

-Bueno, lo que parece razonable es que un escritor se desenvuelva mejor escribiendo, como columnista o crítico en un periódico o revista. Pero no tiene por qué saber más de ningún tema que un músico o un pintor. Las tertulias de la radio o la televisión yo creo, a lo mejor me equivoco, que están integradas mayoritariamente por periodistas y políticos.

-Desde su conocimiento en profundidad de la literatura y la realidad latinoamericana, ¿en qué momento histórico se encuentra ahora mismo todo el mundo iberoamericano?

-En la actualidad, Hispanoamérica está viviendo un proceso muy interesante y por primera vez en su historia, aunque parezca mentira, el protagonismo social y político de sus grupos humanos más numerosos: los indígenas. Si el "mercado", como se dice ahora, los deja, podremos ver en las próximas décadas logros muy interesantes, incluso en la literatura y las artes.

-¿Deberían estar más comprometidos los escritores hoy con todo lo que está sucediendo en el planeta?

-Sí, deberíamos, porque es un momento clave en el que se está engañando masivamente a la gente para llevarla a la misma situación de proletarización en la que los seres humanos vivían a comienzos del siglo pasado. Deberíamos, porque el proceso de destrucción de las condiciones naturales de vida del planeta es ya casi irreversible. Recomiendo una novela que lo hace de un modo magistral: La carretera de Conrad Mc Carthy.

-La gente de la calle tiene cada vez una percepción más intensa de que los ricos, los poderosos, viven a costa de las clases medias... ¿Llegará un momento en que pueda estallar una nueva revolución social?

-Me remito a lo que acabo de decir. Nos están robando miserablemente y encima pretenden que nos sintamos culpables. Es increíble, sobre todo que la gente no sólo no esté ya en las barricadas, sino que estén tan resignados a que el mercado nos esquilme y a que la culpa la tenga Zapatero. Lo normal sería que estallase, pero no sé hasta que punto el miedo y otras sustancias han adormecido la conciencia de las personas.

-Desparecieron el leninismo y el stalinismo, pero sin embargo, parece que existe como el comienzo a un regreso a las ideas de Marx. ¿Sería factible tal regreso?

-Marx predijo que el capitalismo perecería víctima de sus propios excesos. Lo que no dijo, porque él todavía tenía esperanza en los seres humanos, es que quizá nos llevaría a todos por delante. Bueno, a mi entender, estamos en la antesala de ese momento.

-¿No ha quedado la literatura hoy un poco al margen de la realidad social? No parece existir el espíritu de lucha o crítica que había en los años sesenta...

- Sí, y de eso hemos tenido un poco todos la culpa. A comienzos de los ochenta entramos en un proceso de euforia generalizada, en el que parecía que se iba a alcanzar, por fin, y en puridad la utopía del Estado del Bienestar. Y en el inconsciente general comenzó a instalarse el conformismo, la necesidad de preocuparse de otros temas distintos a los que hasta ese momento se habían considerado urgentes y necesarios. Hemos vivido todos (y al decir todos, incluyo a todos: al PSOE, a Izquierda Unida, a los nacionalistas, incluso a algunas formaciones de extrema izquierda) en una especie de sueño socialdemócrata. Y el problema de la ideología socialdemócrata es que siempre recurre a remedios paliativos, pero nunca se atreve a extirpar el cáncer. Al final, el cáncer te come, aunque hayas vivido sin mucho dolor.

-Poco a poco, hay una mayor consciencia de que los Gobiernos, como decía José Saramago, son sólo el brazo ejecutor de las decisiones de los poderes económicos. ¿Cuándo podrá cambiar eso?

-Desgraciadamente para nosotros, se ha demostrado que es así. Si no, ¿cómo se explica que en la presente crisis los "mercados" (que no son otra cosa que el nuevo eufemismo con el que se quiere definir al capitalismo internacional) estén ordenando continuamente a los distintos Gobiernos lo que tienen que hacer y las medidas sociales que tienen que tomar? ¿Cómo se explica que esas medidas estén tomadas siempre a costa de la pobre gente, de la gente que tiene sueldos más bajos (los funcionarios en su mayoría), de los pensionistas, de los parados, y nunca a costa de la banca o de los grandes trusts que, además, son los responsables de la crisis? Lo que me parece más curioso y distinto a otras épocas, es que ese poder está ya tan establecido y tan aceptado, que no hay disimulos ideológicos. Cualquiera puede leer en un periódico o escuchar en una emisora de radio o de televisión a personas que explican las cosas como las estoy diciendo yo ahora. Y sin embargo, no pasa nada.

-¿Hay malos augurios sociales para los próximos años?

-No pasa nada, hasta ahora. Yo creo que la gente aguantará hasta que sea humanamente posible. Después, no sé lo que ocurrirá... Me temo, como he dicho, que el Estado de Bienestar sea sustituido por una proletarización, un tercermundismo generalizado. Y ya sabemos lo que esto significa: falta de democracia, crecimiento de la delincuencia, Estados policiales. Un desastre. De todas estas cuestiones se habla en el libro, porque aunque la crisis estalló justo cuando yo acabo mis colaboraciones en prensa, sus síntomas estaban mostrándose ya en esos años.

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