Música hoy

El lado oscuro de una noche casi imposible

  • Retenciones de tráfico, lluvia, frío, viento, problemas de sonido, cerdos que no levantan el vuelo... Y, pese a todo, fue el concierto del año; un montaje espectacular a cargo de una leyenda del rock

Nadie dijo que asistir a un espectáculo musical único de una de las grandes leyendas vivas de la historia de la música fuera algo fácil. Tampoco que escuchar en directo himnos del rock como Another brick in the wall, Money, Brain damage, Sheep, Eclipse o Comfortably numb estuviera exento de riesgos y sorpresas. La lluvia que había mantenido en vilo desde hace dos días a los cerca de 20.000 asistentes al concierto del año en Granada decidió finalmente 'pasar por agua' una noche en la que hubo tiempo para mojarse y helarse de frío, pero también para cantar, recordar épocas pasadas con más o menos nostalgias y pasar de la mayor de las euforias a un estado de absoluta emoción en apenas un par de canciones.

La temible lluvia que al final cayó durante la primera parte del concierto no fue la única sorpresa de la noche. Cerca de hora y media de retenciones fue el tiempo por término medio que los asistentes tardaron en llegar al campo de fútbol de Atarfe desde el centro de Granada, lo que impidió que gran parte del público se quedase sin asistir a uno de los hechos más insólitos para el milimétrico calculador Roger Waters. En uno de los momentos álgidos de In the flesh, la canción con la que el músico inglés abrió el concierto, el potente sonido cuadrafónico que trae el espectáculo The dark side of the moon se vino abajo para el asombro de A: público; B: técnicos de montaje; C: músicos; y D: el mismísimo Waters, que se tuvo que entretener mientras se solucionaba el incidente saludando a los seguidores con estoicidad.

Pero como parece que la suerte acompaña a los grandes, sólo un par de minutos bastaron para olvidar todos los inconvenientes porque, como dirían otros de su quinta, el show debe continuar...

Arco iris luminosos y una Luna más que negra, negrísima, destaparon encima y abajo del escenario un caudal de sensaciones donde la imágenes más psicodélicas se confundían con los inevitables recuerdos a Syd Barrett, el malogrado creador de Pink Floyd. Pompas de jabón, círculos viajeros y nubes de colores. También imágenes de masacres, desastres naturales, conflictos bélicos y de los líderes políticos de estos dos últimos siglos. Ilusiones y patadas en el estómago. Felicidad narcótica y rabia. Cada destello mágico que salió del 'monstruo' sonoro que lleva tras de sí Roger Waters en esta gira hechizó a un público que terminó de enloquecer a ritmo de Sheep, cuando el famoso cerdo rosa de Animals -de nuevo junto a Waters después de su secuestro- intentaba sobrevolar las cabezas del público. El porcino, decorado para la ocasión con los graffitis de El Niño de las Pinturas, fue el único elemento capaz de distraer la atención de cada uno de los movimientos y acordes que salían de la guitarra de Mr. Waters. ¿La razón? Que fue incapaz de volar. Técnicos y público se aferraron a las cuerdas y le impidieron elevar las pezuñas... La lluvia que ha querido saludar el único concierto de Waters en España pudo con el músico, que pedía, rogaba, hasta en español, que lo soltaran. Pero el cerdo de Pink Floyd no quiso volar en Granada.

Tras la magia del 'lado oscuro' de la Luna, fiesta. La enorme carpa instalada a la salida del campo de fútbol, en el bulevar del Hotel Coronas, reunió a los seguidores que se habían quedado con ganas de más: más bebida, más comida y, sobre todo, más música de Pink Floyd, concretamente la que varios grupos nacionales de tributo a la mítica banda se encargaron de recordar a través de sus canciones más conocidas.

Desde primeras horas de la mañana, el campo de fútbol de Atarfe se había convertido en un hervidero de rockeros: los seguidores de Pink Floyd más madrugadores comenzaron a rondar los alrededores de un escenario imponente que ya advertía sólo con su estructura todo el espectáculo que se iba a poder ver allí horas después. Aunque también hubo algunos cabreados: los que sufrieron las retenciones y también quienes habían decidido pagar diez euros más para ver el espectáculo desde las gradas y se encontraron con que era la zona de peor visión...

Nada que no pudiera resolver un espectáculo como The dark side of the Moon. Entre el público, lágrimas de conmoción; rostros extasiados; corazones desbordados... Una noche casi imposible. Una noche inolvidable.

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