Letras hoy

Por qué leer a Mendoza

  • El próximo marzo llega a las librerías la última obra de Eduardo Mendoza, el relato histórico 'El asombroso viaje de Pomponio Flato' l Casi veinte libros avalan su trayectoria literaria

La edad, el bigote cano y una sonrisa bondadosa han acabado dotando a Eduardo Mendoza de cierta aura de abuelo bienhechor (de ésos que ocultan a sus hijos las travesuras de los nietos), inclinado a contar las batallitas de una vez y a recordar las novias de antaño. Y sin embargo, basta escucharlo (esto es, leer alguna entrevista suya) para percatarse de que Mendoza pertenece al selecto grupo de quienes prefieren pensar en lo que aún queda por hacer para no embarrancar en la arena, dorada pero traicionera, de lo ya hecho. Que es mucho. Y notable. Mendoza cuenta en su haber con casi una veintena de libros, entre los cuales hallamos un par de títulos indispensables en las recientes letras en español, empezando por La verdad sobre el caso Savolta, su estreno en esta plaza.

La verdad sobre el caso Savolta (1975), un sugerente puzle con las luchas obreras del bienio 1917-1919 de fondo, presentaba un mundo narrativo ya madurado, un estilo personalísimo (basado en la multiplicación de registros y el señorío a la farsa), además de un espacio propio y propicio (una Barcelona, al mismo tiempo, singular y plural) y un bestiario de inspiración cervantina atento al pequeño más que al grande, al fracasado más que al triunfador, al loco más que al cuerdo. No nos sorprende, pues, que el protagonista de sus siguientes dos novelas fuera un chiflado, un tipo quijotesco metido a detective en vez de a caballero andante, galán de improbables Dulcineas y amigo de molinos de viento. El misterio de la cripta embrujada (1979) combinaba la novela negra, la gótica y la picaresca con un gracejo y una destreza notables; ambientada en 1977, en plena Transición, la novela era tanto una crónica de su tiempo como un retrato de grupo, tantos y tan varios son los tipos presentes en sus páginas. Lo mismo podría decirse de la segunda aventura del investigador tarado, El laberinto de las aceitunas (1982), pero no de la tercera, La aventura del tocador de señoras (2001), un título que, seamos sinceros, acumula más deslices que aciertos.

La ciudad de Barcelona, entre maternal y putona, es una presencia constante en la narrativa de Mendoza y fue la protagonista absoluta de otra de sus obras mayores, La ciudad de los prodigios (1986), un recorrido por la historia catalana desde la Exposición Universal de 1888 hasta la de 1929 a lomos de la inventiva más descocada; a modo de consigna, un personaje dirá: "En Barcelona sobran las oportunidades para quien tiene imaginación y ganas de aprovecharlas". Es una clave de lectura óptima, si bien oblicua, para adentrarnos en un libro espeso y poblado como un bosque en el que, además de los habitantes de la Ciudad Condal, nos saldrán al paso presencias improbables como Rasputín, la espía Mata Hari e, incluso, un platillo volante, quién sabe, quizás la nave alienígena de Sin noticias de Gurb (1991), uno de sus libros más populares, o bien las descacharrantes andanzas de un extraterrestre perdido en Barcelona en vísperas de los Juegos Olímpicos de 1992.

En 1996, Mendoza publicó Una comedia ligera, un ambicioso experimento colocado bajo la advocación de Cervantes y de Joyce, cuya fría acogida llevó al autor a amenazar con el abandono de la novela. El ultimátum no pasó de bravata y desde aquí, y en nombre de sus seguidores, le doy las gracias. El escritor ha seguido en la brecha, defendiendo sus posiciones en el terreno de la farsa, convertida en una especie de epistemología, aferrado a un sentido del humor insobornable, trasmutado en ontología. Además de puntuales y audaces disecciones del presente patrio, recuérdese Mauricio o las elecciones primarias (2005), Mendoza se ha atrevido con el relato futurista en El último trayecto de Horacio Dos (2002) -aunque ésta esté más cerca de la parranda que de la ciencia-ficción- y ahora con el relato histórico, El asombroso viaje de Pomponio Flato, que estará en las librerías el próximo marzo. En resumen, un puñado de libros sobrados de inteligencia, exigencia y alegría. Un puñado de razones, pues, para leer (o seguir leyendo) a Eduardo Mendoza, padre (o abuelo) de toda una generación de lectores.

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