El libro de Teresa

  • La poeta granadina publica un primer y esperado poemario que se presentará hoy a las 20:00 en la Biblioteca de Andalucía dentro del ciclo 'Letras Capitales'

El libro de Teresa El libro de Teresa

El libro de Teresa

Antes de conocer personalmente a Teresa Gómez, había oído hablar de ella como poeta. Conocía el acercamiento crítico de Juan Carlos Rodríguez a su obra -incluido en el volumen Dichos y escritos (Hiperión, 1999)- y el amigo que nos presentó, el pintor José Ruanco, me la había elogiado con entusiasmo. Había oído hablar de ella mucho y bien, pero tardé en leerla porque sus poemas están dispersos en revistas, antologías y plaquettes difíciles de hallar. En fecha temprana asimismo supe de la existencia de un libro suyo todavía inédito, un libro que pertenece al ámbito de la leyenda, uno de esos libros secretos de los que muchos hablan y pocos han visto: Plaza de abastos. No pierdo la esperanza de que este libro por fin entre en imprenta; su lugar está en las librerías y las bibliotecas. Pero en tanto llega este momento -presupongo que feliz- he podido disfrutar de La espalda de la violinista (Fundación José Manuel Lara, 2018), que ha avivado mi deseo de conocer aquella obra, tan exquisita es ésta.

El título nos ofrece dos elementos a tener en cuenta: el cuerpo (la espalda) y la música (la violinista). Estamos ante un poemario delicadamente físico y armonioso. La estructura se corresponde con la de una sinfonía: La espalda de la violinista cuenta con un preludio, tres movimientos y un final en donde se entretejen una serie de ideas, imágenes y melodías que vienen y van en la página con el ritmo nada casual del oleaje. El libro se sostiene en recios puntales: el amor y la amistad y todo cuanto esto comporta. Los poemas reunidos bajo el epígrafe Palabras en la piel giran en torno a la espera y el desespero, la entrega y la correspondencia: "tus besos van ganando / la calidad antigua del panizo", y se cierra con un brindis en honor del amigo desaparecido, Javier Jurado Molina, que nunca volverá. En La noche, en cambio, se acentúan los aspectos más ingratos de cualquier relación sentimental: la distancia, la soledad, la indiferencia tal vez: "Tus labios no me tocan y la humedad me hiere", leemos en el primer poema de dicho bloque; "Por dónde van tus dedos que no me están tocando", leemos en el segundo; "Tus palabras se acercan y no me abrazan nunca", leemos en el tercero. Teresa Gómez utiliza el dolor como una forma de indagar en el ser humano; la emoción -advierte Ángeles Mora en su prólogo- es una forma de conocimiento.

Llama la atención la geografía poética del libro, que llega al ánimo del lector con el ímpetu de una galerna. Teresa Gómez nos sitúa en escenarios con una enorme capacidad de sugestión. En sus versos se menciona el puerto, el cabo, los acantilados, la playa y la arena y una habitación que "desemboca en el mar". Se nos habla de echar las redes, de ir a la deriva, de mástiles de esperanza y de un silencio "como un barco / desplegando sus velas / allá en el horizonte". Se nos habla de sirenas, corales, delfines y peces tan escurridizos como algunos de nuestros anhelos o como del primero al último de nuestros sueños: "Ignoras que en la arena también están mis labios, / que a la tarde en mi boca / le vas poniendo peces / como pones deseo". Y se nos habla asimismo de naufragios: "Naufragan sueños en tus lágrimas". Esta imaginería marinera crea una atmósfera sensual y embriagadora. Una atmósfera aventurera. Que no es exactamente la aventura en tierras desconocidas al otro lado del Océano, sino la aventura de todos los días. La aventura de la vida, ni más ni menos.

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