Arte hoy

La literatura convertida en hierro de Manuel Caba

  • Más de 400 piezas completan la obra del artista granadino, que inspira sus creaciones en los personajes de sus lecturas; una selección de éstas se puede ver en el Centro Cultural Pósito del Pan de Moclín en una sala dedicada al autor

De la lectura a la escultura saltan los personajes de los libros de la gran biblioteca del artista granadino Manuel Caba. El artista, que se inició en el dibujo artístico y actualmente dedica sus horas al arte de las formas, predica la vida en sus obras y transmite aires de alegría a través de las figuras y la forja.

Con más de 400 obras realizadas a lo largo de su trayectoria, Caba recorre una variedad de temáticas que se entrelazan y coinciden en su punto literario. Son las lecturas, una de sus grandes pasiones, las que inspiran al creador para contar su propia historia con el hierro. Autores como Antonio Machado, Federico García Lorca e historias como la de Romeo y Julieta hacen de unas páginas la fuente de la que bebe el artista: "Las precisas y ricas descripciones de los personajes hacen que vuele mi imaginación y me surjan ideas para crear nuevas caras de los protagonistas". A raíz de sus lecturas han aparecido en su obra figuras como López Sancho, Miranda, el Duque de San Pedro, Charlot, Mingote o el mismísimo Mortadelo.

De todos los estilos y para todos los gustos, la colección de Caba consta con más de quince series en la que clasifica sus esculturas de forma temática. Desde los personajes humorísticos a los más destacados de Granada, pasando por las mujeres a las que rinde homenaje, a los autores por los que tiene gran aprecio, a los mitos y, la naturaleza y vegetación que forman parte de su día a día en el municipio de Moclín, donde reside. Una selección de su obra, en la que incluye una muestra de cada una de las series está expuesta en una sala permanente del Centro Cultural Pósito del Pan del Barrio de la Mota en Moclín.

El artista no sólo se deja ver en 'su pueblo' sino que ha llevado sus creaciones a distintos puntos de la península. Recientemente participó en la semana cultural que celebra el centro penitenciario de Albolote, en la que presentó una colección de piezas variadas de gran formato con una gran aceptación. Como también así ocurrió con la exposición, que llevó a la galería Amador de los Ríos de Madrid durante las fiestas de San Isidro de Madrid, integrada por una serie de piezas dedicadas a la figura del toro y el torero. La colección que titula Tarde de toros está compuesta por una treintena de esculturas en la que retrata desde el paseíllo hasta el arrastre pasando por el indulto. Elementos como las banderillas, las muletas, los estoques también se pudieron ver junto una selección de toros de estilo 'picassiano'.

Sin falta también ha exhibido su trabajo en la sala de Caja Granada en Puerta Real de Granada y en el Auditorio Manuel de Falla, donde participó en el homenaje a Miguel de Cervantes en su cuarto centenario al que se le dedicó un monográfico y en la que Caba incluyó treinta figuras representando personajes de El Quijote. Pero el primer espacio expositivo que mostró su obra es, la ya cerrada, Sala San Antón, en el casco urbano de la capital.

Laboratorio de personajes

El hierro es la herramienta con la que trabaja el artista. En un taller propio elabora las esculturas para las que cuenta con más de 300 variedades de hierro: "Según lo que requiera cada creación utiliza uno u otro", confiesa, "la dificultad que presenta una obra está en acertar con el material que utilizas, no es realizarla sino crearla". Caba juega con los tamaños y el material para transmitir, afirma que "el arte tiene que estar vivo y contar algo, y la obra ha de crear sensaciones en el alma de quien las mira". Elabora piezas que van desde los 60 centímetros, tipo "trofeos de deporte", a otras que son aptas para los exteriores, que llegan a alcanzar los 6 metros de altura.

Para concebir una escultura no dedica un tiempo aproximado, pero son alrededor de la decena que las que confecciona a la largo de un año. "En una hora soy capaz de moldear una figura", ya que los materiales con los que trabaja no es necesario llevarlas a una fragua para fundir el hierro.

El color que comparten todas las piezas son el negro, pero no por ello le resta realidad a las creaciones. Lo que caracteriza el trabajo de Caba es la búsqueda del movimiento: "siempre con optimismo y humor". Una anécdota que recuerda el granadino es como una señora en una de sus exposiciones se acercó a la Azucena, una pieza de la serie Naturaleza y vegetación, para intentar percibir su olor y de repente darse cuenta de que se trataba de una figura de hierro que no desprende fragancia alguna. Hasta este punto alcanza la realidad en sus creaciones.

Entre las 400 esculturas que completan la obra del artista, destaca como las más importantes y favoritas de su trayectoria: Poesía, Acogida, Ballet, La libertad, Quijote y Sancho. Cada una de ellas pertenece a la diversas series en las que ha trabajado Manuel. Una selección de estas se pueden ver en el Centro Cultural de Moclín, pero su totalidad aún no han sido expuestas. Actualmente tiene en proyecto llevar a exposición la dedicada a autores de la literatura española, Letras en forja, con Federico García Lorca o Antonio Machado, al que dedica la ironía de la naturaleza.

Otra de la series por la que presta gran aprecio es la de los personajes mitológicos, representando al Dios Dédalo, un arquitecto y artesano muy hábil, famoso por haber construido el laberinto de Creta; y a Babel. Por otro lado, guarda un espacio a la figura de la mujer en Mujeres en forja, en la que se pueden observar figuras como la mujer de acero de Leopoldo Alas Clarín, Yerma de Lorca; Margarita de Rubén Darío; así como una trotaconventos con burka y una colección de cinco maternidades.

Es notable como en toda la obra de Manuel Caba se palpa su relación con la literatura, debido a que son los versos, relatos, cuentos y novelas los que inspiran sus creaciones. Más allá de los libros, además confiesa guiarse por la intuición, de sus experiencias diarias, del campo que le rodea, de las conversaciones, y en general de la vida, un requisito indispensable e inherente en el trabajo del granadino.

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