"He llegado a la conclusión de que España es un país memoricida"

  • La escritora sevillana presenta 'El Club de la Memoria': una novela en la que saca a la luz la tragedia estremecedora de los exiliados; una novela sobre ciudades convertidas en refugio. Lugares del destierro

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El periodismo es su taller literario. Aunque reconoce que "no corren buenos tiempos" para una profesión en la que los bien considerados -y destaca el 'fenómeno del tertuliano'- opinan (que no reflexionan) siempre de forma previsible, mientras que muchos de los que empiezan lo hacen "sin criterio y rebeldía" para después atrincherarse "a la voz de su amo".

La periodista y escritora sevillana Eva Díaz Pérez -que se ha alzado este año como finalista del Premio Nadal con su tercera novela, El Club de la Memoria- le tiene "gran respeto a las palabras" porque trata a diario con ellas y porque sabe que, a pesar de la dificultad que ello conlleva, "a veces la literatura puede hacer justicia".

Atrapada entre la literatura, la historia y el periodismo, Díaz cree que "la memoria puede ser la salvación", y la literatura le da la oportunidad de contar los episodios que la historia oficial ha olvidado. Tal y como explicó minutos antes de ser entrevistada en la Feria del Libro por el director de Granada Hoy, Ramón Ramos, el deseo de rescatar la memoria olvidada queda patente en sus tres novelas publicadas hasta la fecha y que bien podrían considerarse "una trilogía".

"Memoria de Cenizas", explica, "trata el tema del erasmismo, del humanismo heterodoxo, mientras que Hijos del Mediodía aborda las vanguardias literarias con unos personajes que, ante unos tiempos convulsos, prefieren refugiarse en la literatura antes que en la vida. Por último, El Club de la Memoria es una reivindicación de la España del exilio". En la misma línea, la recién publicada La Andalucía del exilio ofrece semblanzas biográficas y el itinerario de destacados refugiados políticos, olvidados y silenciados por los años de la dictadura.

En su caso, es una recuperación de la memoria en la que no otorga concesiones a planteamientos del tipo "conspiración", "secretos" y demás modas editoriales que, bajo su punto de vista, carecen de rigor histórico: "A estas alturas no admito que se plantee todo como una conspiración. ¿Hay algún cuadro que esté pintado sin un misterio detrás? ¿Es que no vamos a dejar a ningún pintor vivo? Vamos a tomarnos la historia en serio, por favor".

Rendida ante la historia contemporánea, El Club de la Memoria trata "sobre el exilio, la amistad y la memoria" a partir del "hermoso" episodio de las Misiones Pedagógicas, un proyecto de la España republicana en el que jóvenes artistas y maestros se lanzaron a recorrer las aldeas de la España pobre, donde no había llegado el cine, la música o los libros. La periodista quería reivindicar "el flagrante olvido de los exiliados", de "esa España que no pudo ser", "que murió fuera" y que hoy está en el absoluto olvido. Para rescatar la historia, supo que el origen debía estar en esas misiones: "Tenía absoluto sentido que los personajes se conocieran ahí, antes de que ese viento sucio de la historia que decía Salinas les cambiara la vida".

La novela arranca cuando una restauradora de viejos documentales que trabaja en la Filmoteca Nacional descubre por azar la pista sobre unas bobinas que el cineasta Val del Omar -a quien la autora considera "sombra tutelar de la novela"- filmó durante las Misiones Pedagógicas y que se creían perdidas. "Recuerdo que Val del Omar filmó el mar en Motril y después lo proyectó en una aldea de la Castilla profunda. Me fascinó esa imagen de los aldeanos viendo por vez primera el mar y el cine y pensé que sería precioso abrir la novela con la imagen".

Y es que la sevillana no oculta su deseo de "ser heredera de ese espíritu de la república que intentó cambiar un país a través de la educación y la cultura". Fue "una aventura preciosa y breve", una revolución que "duró poco y sus frutos no se ven más que en el recuerdo de aquellos viejitos".

Recuerdos que la escritora quiere rescatar en tiempos en los que los jóvenes apenas saben qué fue la república porque "los planes de estudio apenas dan importancia a la historia contemporánea". Pero a esta periodista inquieta la curiosidad le obligó a conocer los acontecimientos de forma autodidacta, consciente de que "esa laguna no se puede solventar con desgana". "Me inquieta el hecho de que sigamos resolviendo la historia con cuatro clichés y sin ninguna reflexión", lamenta la autora mientras recalca la sorpresa que le provoca el hecho de que haya gente que piense que, para abordar sucesos como la Guerra Civil, tenga que haber implicaciones personales.

Eva Díaz saca a la luz la historia del exilio y cree que "el hartazgo" referido a la memoria atiende a la politización y frivolización. "¡Pero si apenas hemos empezado a recordar!". Y es por ello que sentencia al instante que ha llegado a la conclusión de que "España es memoricida"; un país que "constantemente asesina su propia historia".

Pero El Club de la Memoria es también una novela sobre ciudades convertidas en refugio, lugares del destierro: "A mí me interesan mucho las ciudades como material literario poque, más que escenarios, se convierten en personajes". Además, después de situar sus dos primeras novelas en Sevilla, a la escritora le parecía especialmente importante incorporar nuevos espacios. De esta forma, El Club de la Memoria arranca en Madrid y Toledo para desarrollarse, en una segunda parte, en Toulouse, París, Berlín y Dresde. Estos capítulos tratan la participación de los exiliados en la Segunda Guerra Mundial, otro episodio "olvidadísimo". Según recuerda la autora, muchos de ellos estuvieron en campos de concentración y, después de las liberaciones, todos fueron a un país, excepto estos pobres desgraciados a los que nadie reclamó". Así, la derrota fue "doble": sufrieron los campos de internamiento francés, estuvieron en la resistencia, ayudaron a la liberación de París creyendo que después vendría la de Madrid...

El retrato de la ciudad como refugio está especialmente presente en París, donde "una de las exiliadas buscada por la Gestapo se esconde en una buhardilla y vive el tiempo de la ocupación nazi escondida en un diario". Por último, la tercera parte transcurre en México, el país que por excelencia acogió a los exiliados: "La novela termina, como no podía ser de otra forma, en el parteón jardín español de México, donde está la memoria olvidada de muchos de aquellos españoles".

Memoria que se reconstruye desde el presente y que, probablemente, sea la única salvación posible para los olvidados.

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