"Todos llevamos un falangista dentro"

  • El profesor y miembro del Grupo de Investigación Estudios Literarios de la UGR presenta mañana 'No parar hasta conquistar', un detallado estudio sobre la propaganda franquista del grupo Escorial

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Con una mano hacían el saludo fascista y con la otra escribían. Es a trazos gruesos el retrato que hace Eduardo Iáñez del grupo de intelectuales que participó en la revista Escorial. Luis Rosales, Laín Entralgo y Ridruejo son los protagonistas de la tesis del profesor e investigador que ahora llega a las librerías bajo el título de No parar hasta conquistar (Trea) y que mañana se presenta a las 20 horas en la Biblioteca de Andalucía.

-Los intelectuales fueron adaptando la ideología del régimen a las circunstancias del momento: apoyaron a Alemania cuando llevaba la iniciativa en la II Guerra Mundial, después se alejaron de los nazis conforme iban perdiendo terreno, después tocó una política de acercamiento a EEUU...

-La gran conquista de este grupo no solo fue servir al Estado cuando le hacía falta la ideología fascista, sino que también fue capaz de servir al Estado cuando fue desmontándose en clave fascista. En buena medida, el Estado les recompensó por estos servicios excepto a algunos díscolos como Ridruejo, que lo pasó mal. Es posible que con la llegada de la tecnocracia y del Opus no se entendieran bien, pero la conquista ya fue otra, la conquista de la posteridad que no le correspondía a ellos como pretendidos liberales, porque estaba claro que no eran demócratas.

-¿Los partidos de la derecha de la actualidad beben de alguna manera de la ideología de estos intelectuales?

-Bueno, los pequeños grupos fascistas que sigue habiendo beben directamente de ellos. En gran medida, lo que sí consiguió este grupo es hacer ver que la propaganda no tiene que ser burda. La derecha e incluso la izquierda han utilizado eso de la cultura al servicio del Estado. Hay que tener mucho cuidado porque todos tenemos un pequeño fascista dentro. En esta línea está lo que dijo Federico Trillo el otro día de que si se excarcela a un etarra nos tenemos que saltar la ley para que no esté en la calle.

-¿Cómo se hicieron con el poder intelectual?

-En primer lugar a través de la guerra, de manera más o menos directa. Muchos de estos intelectuales fueron acusados de cobardes, de estar en la retaguardia, de luchar con la pluma y no con la espada.

-Exactamente igual que en la novela de Vizcaíno Casas 'De camisa vieja a chaqueta nueva'.

-Es que el Estado que se iba a montar necesitaba de muchos servicios. El nuevo libro de Paul Preston va a desmontar muchas falacias y deja claro que hubo una política clara de eliminación del enemigo, y esta política necesitaba un respaldo ideológico que fue el que cubrió esta gente. Queipo de Llano era un auténtico carnicero y la labor del grupo Escorial era reconquistar a las grandes élites culturales que habían participado del liberalismo y atraerlos a la España Nacional.

-¿Tenían las manos manchadas de tinta?

-Claro. En el primer número de Escorial dicen que ellos no vienen a legitimar al régimen porque ya está legitimado por la sangre.

-En los últimos años se intenta recuperar la imagen de Luis Rosales como un hombre liberal que tendió la mano a los exiliados. ¿Está de acuerdo con esta revisión de su figura?

-Rosales, Vivanco y Panero actuaron en los cuarenta como gestores culturales. Es erróneo pensar que ellos fueron poetas falangistas pero que tenían otras miras. Lo que pasa es que a ellos les correspondió administrar el régimen y Rosales lo hizo muy bien y marcó con Vivanco las directrices de Escorial. Yo veo al grupo en conjunto. En los cincuenta, Rosales, que ha conocido a los católicos de Ruiz Jiménez, intenta exportar a Latinoamérica su política cultural. Conocen a gente que en buena medida puede limpiar su pasado. En los sesenta cambian su manera de escribir, pero es que España entera está cambiando. En este sentido, Laín Entralgo les vino bien porque era un hombre profundamente católico y de gran formación. Cuando el estado fascista pasa de nacional-sindicalista a nacional-catolicista, revistas como Escorial venían muy bien. Laín Entralgo era magnífico porque era reconocido como el gran intelectual. Ridruejo estaba claro que era el jefe político y Rosales fue el gestor administrativo ideológico.

-¿Se tiende a trivializar la ideología fascista? ¿Es un error y un peligro?

-Es un error pensar que la ideología fascista es burda. Es algo que veremos en los próximos años en Europa en relación con los inmigrantes, el Islam... Estamos viendo posturas fascistas en algunos políticos europeos que en principio no tienen nada que ver.

-Su director de tesis es el profesor José Antonio Fortes. ¿Ha asumido su análisis materialista y marxista de la Historia?

-Me gustaría pensar que sí porque es mi maestro, pero mis planteamientos no son estrictamente marxistas, intentan ser más ampliamente sociológicos.

-¿Franco era consciente de estas sutilezas intelectuales o su reino era otro?

-A Franco esto le venía grande. Además, ellos eran tan falangistas que nunca le reconocieron como el Caudillo, les estorbaba. Y tuvieron muchos problemas, Ridruejo el primero. A Franco le venía muy bien este grupo porque le montaba el Estado, pero todos sabían que el control político era de Franco, que estaba ajeno a este tipo de cosas. Franco era un militar y no terminaba de comprender estas cosas. Él siempre hablaba del mando del Estado de una manera militar. Mandaba y punto.

-¿Qué sitio ocupan en la posteridad?

-Han pasado a convertirse en precursores de la democracia española. Pero ya se puede desterrar el término absurdo de falangistas liberales. Mire usted, eran fascistas, defendían un Estado nacido de la eliminación del enemigo. Después, a partir de los 60, con el afán de unidad nacional, alguien quiere ver ahí una política de mano tendida, pero esa mano la tendía la Falange a quien quisiera unirse a la patria que acaudillaba Franco. Tuvieron la suerte de que a finales de los 60 hay un proyecto político antifranquista que quiere recuperar lo que sea recuperable del Estado fascista, y en ese barco consiguen meterse por el esfuerzo de otros, no por su esfuerzo.

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