La luz al final del túnel

Lugar: Planta Baja. Fecha: miércoles 21 de marzo de 2012. Aforo: lleno.

Casi tres años después de su última actuación en Granada, Damien Jurado, aquel circunspecto cantautor abandonado a la pesadumbre que ejerció de telonero de los imprescindibles Lambchop en un inolvidable concierto en el Teatro Alhambra, volvió a nuestra ciudad para presentar en directo su flamante disco, Maraqopa, en el sexto concierto de una gira española en la que el de Seattle viene mostrando una faceta hasta ahora desconocida, sin duda muy estimulante, y que da muestras inequívocas de la hondura y la enorme calidad de su propuesta y del buen olfato de quienes apostaron por él cuando sólo parecía ser un tipo gris con camisa a cuadros que con los ojos cerrados cantaba y contaba un inevitable y desasosegante descenso a los infiernos.

El inicio de la colaboración con el productor Richard Swift para la grabación de su álbum de 2010, Saint Bartlett, marca el nacimiento del nuevo Damien Jurado, versión corregida y aumentada del anterior, que al dramatismo y la aspereza de su producción previa añade un matiz de luminosidad, esperanza y optimismo contenidos que impregna sus nuevas canciones: las melodías, los textos, la interpretación.

Acompañado, además de por su inseparable guitarra acústica, por un cuarteto eficaz y poco dado al exceso, Jurado representó a la perfección el papel de líder de una banda de rock sobre el escenario. El público que abarrotaba la sala había brindado un caluroso recibimiento al grupo y éste correspondió con una emocionante interpretación de su último disco al completo, con un excelente sonido y ecos de Neil Young & Crazy Horse (y también de algunos de sus más aventajados alumnos, como Painted Hills), del Ben Watt de North Marine Drive, pasajes impregnados de suaves toques de jazz e incluso algún ligero flirteo con el rock progresivo.

Terminada la relectura de Maraqopa, un crecido pero accesible Damien Jurado se quedó a solas en el escenario y se mostró poderoso al interpretar sin micrófono, al borde del escenario, la deseada Arkansas, cénit de un magnífico concierto que aún se extendería algo más y sirvió reconciliar al cantautor norteamericano con algunos seguidores descreídos, para renovar la devoción de sus más acérrimos defensores y para captar nuevos adeptos.

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