La magia de Fazil Say

La Orquesta Ciudad de Granada dedicó su décimo concierto sinfónico a la música del siglo XX. A través de un programa variado viajó desde el neoclasicismo de Ravel hasta la fresca actualidad que ofrece Soutullo, pasando por los tintes nacionalistas de Bartók y Kodály. Con estas cuatro obras ofertó una visión variada y acertada en su selección de la música del siglo precedente, a la que todavía nos acercamos con recelo.

Para abrir el programa la OCG, dirigida magistralmente por Rubén Gimeno, interpretó All the echoes listen de E. Soutullo. Esta obra representa en cierto modo la pluralidad de lenguajes que la música actual presenta. Aunando recursos expresivos de diversas fuentes, a través de esta partitura el autor nos demuestra las posibilidades tímbricas que una orquesta puede ofrecer en los albores del siglo XIX.

Como plato fuerte del concierto se interpretó el Concierto para piano y orquesta en Sol mayor de Maurice Ravel. Pieza conmovedora por su lenguaje e impresionante por su dificultad, es poco frecuente encontrarla en los programas de conciertos. El director Rubén Gimeno estuvo acertado en la construcción del complicado entramado orquestal que acompaña la obra. Pero sobre todo hay que destacar la versatilidad y virtuosismo de Fazil Say, un pianista poco heterodoxo que ha desarrollado su técnica a través de diversos lenguajes. Frecuente visitante de salas de jazz y compositor de música moderna, Fazil Say aborda con una insultante facilidad y enorme musicalidad el repertorio clásico; este concierto de Ravel fue una prueba de ello. Supo en todo momento describir cada línea melódica, superar las dificultades de la partitura y calibrar sus fuerzas con la parte orquestal, igualmente importante. Al final de su interpretación el público demandó reiteradamente su saludo, a lo que el pianista respondió con tres propinas, una de ellas de su propia invención.

La segunda parte estuvo integrada por dos obras cercanas en el tiempo y en sus intenciones: el Divertimento de Béla Bartók y las Danzas de Galanta de Zoltan Kodály. Ambas obras son muestras del compromiso que sendos compositores húngaros tuvieron con la música de su país. Nuevamente, Rubén Gimeno supo extraer de nuestra OCG los mejores resultados, construyendo una correcta versión de las piezas. Con ellas se cerró un viaje maravilloso a través de la música del siglo XX, un repertorio tan cercano en el tiempo como lejano, en algunas ocasiones, del público en general.

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