Javier bozalongo. Escritor y editor

"Soy menos melancólico: los años te enseñan a relativizar"

  • El editor y nuevo Premio de Poesía Blas Otero presenta ahora un libro de aforismos, 'Prismáticos', su primera incursión en el género

El poeta Javier Bozalongo presentó ayer 'Prismáticos' en la librería Babel acompañado de Carmen Canet. El poeta Javier Bozalongo presentó ayer 'Prismáticos' en la librería Babel acompañado de Carmen Canet.

El poeta Javier Bozalongo presentó ayer 'Prismáticos' en la librería Babel acompañado de Carmen Canet. / álex cámara

Javier Bozalongo, nuevo Premio de Poesía Blas Otero, presentó ayer en Granada un volumen de aforismos titulado Prismáticos. La cita fue en la librería Babel y estuvo acompañado por Carmen Canet, la "artífice" de la obra.

-El aforismo, como otros géneros breves tipo haiku, ¿está de moda por el laconismo que imponen las redes sociales?

-Siempre ha habido editoriales que han publicado aforismos porque es algo que viene de antiguo: de Hipócrates, de las sentencias que se ponían al final de las recetas tipo "el otoño es una estación pera melancólicos". Desde el siglo del XIX ha habido una tradición europea fortísima de aforismos pero ahora han surgido muchas editoriales que dedican colecciones exclusivas al aforismo. No sé si diría de moda, que es un término que no me gusta, pero sí que se ha revitalizado mucho el género. Puede que tenga que ver con la inmediatez de las redes sociales porque en vez de leer un poema largo lees una frase o una sentencia que compartes de forma inmediata. Las redes han ayudado mucho a la difusión tanto del aforismo como del resto de la poesía.

-Incluso, cuando se visitan ferias como Arco, en los artistas plásticos actuales puede verse esta tendencia a la búsqueda del fogonazo brillante, del golpe de ingenio casi más propio del publicista.

-Sí, los aforismos que me gustan son miradas subjetivas sobre algo concreto, invitan a reflexionar a quien lo lee para estar de acuerdo o para estar en contra. El aforista mira sobre algo para soltar esa especie de fogonazo. Por eso no me gustan los aforismos con moralina y sí los aforistas irónicos, pero sin caer en la gracia o en el chiste.

-En esa ironía sin llegar al chiste estilo Gómez de la Serna, ¿cuáles son sus referentes?

-Entre los clásicos contemporáneos además de él, Juan Ramón Jiménez, que fue muy buen aforista. Y de los actuales hay muchos, como Ramón Eder, que me gusta mucho, o la propia Carmen Canet, que ha sido la artífice en cierto modo de este libro. Recientemente se han publicado dos antologías muy buenas: una de diez autoras y otra titulada Concisos en la que hay muchísimos nombres como Vicente Verdú, Carmen Camacho, Raquel Vázquez... También hay un premio especializado en aforismos, que es algo que hasta ahora no se había visto.

-Se ha juntado con dos publicaciones muy próximas en el tiempo: 'Prismáticos' y en breve verá la luz la obra ganadora del Premio Blas de Otero, 'Todas las lluvias son la misma tormenta'.

-Ha surgido así. Prismáticos se publicó hace unos meses en Trea, que fue de las primeras editoriales que tuvo una colección específica de aforismos y está haciendo una gran labor. Todas las lluvias son la misma tormenta saldrá a la venta en enero en Amargord, lo que me hace mucha ilusión, porque hace 8 años que no publico un libro de poemas. Y hace un año ya que salió el libro de relatos, Todos estaban vivos.

-¿Qué papel ha jugado Carmen Canet?

-A raíz de que publicásemos en Valparaíso su primer libro de aforismos, Malabarismos, conoció lo que estaba haciendo y me animó a mandarlos a Trea. Además de autora, ella es una gran experta en aforismos. Me animó, me presentó a Trea y firma la contraportada del libro, por lo que creía que tenía que estar en la presentación.

-El premio se falló a finales de octubre por lo que se presentó antes y el libro que ahora se presenta salió a la venta hace unos meses. ¿Cuál de los dos escribió primero?

-Iba escribiéndolos de forma casi paralela. El aforismo permite llevar un cuaderno en el que anotar una primera imagen en cualquier momento. Permite que uno los vaya escribiendo casi al azar luego se reelaboran, se van puliendo porque el tienen que ser muy sintéticos. Luego hay que ordenarlos y darles forma de libro. Pero a veces esa frase inicial es el hilo para convertir una primera imagen en un poema más largo. Por eso han corrido de forma paralela. El de poemas recoge 30 poemas de los último cinco años y el de aforismos está escrito en los últimos tres años. Y en los dos casos se ha quedado mucho material fuera que puede aparecer en otros futuros libros.

-En ese proceso de orden posterior, ha dividido los aforismos en tres bloques: '1x', '2x' y '3x'. ¿Por qué esa división y esos títulos?

-El libro tiene tres partes que van de lo más individual o próximo pasando por lo amoroso y llegando a lo más social o lo que nos rodea: el mundo en general, las relaciones humanas, el arte y la literatura. Las partes se llaman 1x, 2x, 3x jugando un poco con lo que los prismáticos hacen: que acercan o alejan lo que uno ve porque el libro va de lo más individual a lo más colectivo.

-Además, los aforismos tienen título, una curiosidad en el género.

-Sí, es algo que no se hace. No es tanto un título como una pista para que la posible intención quede reflejada. A veces es sólo una palabra entre paréntesis que intenta redondear o cerrar la intención de cada uno de los aforismos.

-Al final también incluye un glosario, 'Gotas de tinta'.

-He intentado jugar con el abecedario. En cada una de las letras he puesto, a modo de diccionario apócrifo, un par de palabras con una definición que es en el fondo un aforismo. No tiene nada que ver con un diccionario de verdad porque no se trata de definiciones académicas. Hago varios homenajes a poetas o a a ciudades como Granada, que es el lugar en el que vivo, y a Tarragona, que es el lugar en el que nací.

-Adelántenos algo de lo que podrá leerse en enero en 'Todas las lluvias son la misma tormenta'.

-Va en la línea de mis anteriores obras. Al final uno es el poeta que es, aunque procurando no repetirme porque creo que eso es muy malo en poesía. Sí son poemas menos melancólicos que otras veces: la madurez te enseña a relativizar muchas cosas. La última parte está dedicada a distintas ciudades a las que en los últimos años, por mi actividad editorial, he podido viajar. El resultado creo que es un libro más sosegado que los anteriores.

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