La memoria de otro tiempo

  • Tica Fernández-Montesinos, la primera sobrina del poeta Federico García Lorca, rememora en 'Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra', todas las vivencias de su infancia y el mundo infantil que habitaba en la Huerta de San Vicente a comienzos de los años treinta, antes de la Guerra Civil

"No me hablaron de la desaparición de mi padre y de tío Federico, pero sabía que no estaban, adivinaba por indicios lo que no podía saber ni preguntar directamente. Un día unos familiares se llevaron a mi madre por el campo para consolarla. Llevaba un bonito vestido de flores naranjas y azules. Pero, de pronto, ella y mis abuelos empezaron a vestirse de negro. Luto riguroso. Hasta la ropa interior era de color negro. La acompañé una tarde a comprarse ropa interior y medias de ese color, ahora de moda".

Ella tenía cinco o seis años, pero esos recuerdos se quedaron grabados intensamente en su memoria. Son los recuerdos de la guerra civil, de los olores de la infancia. Vicenta Fernández-Montesinos García, más conocida como Tica, ha decidido publicar ahora Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra. En ellas rememora sus primeros paisajes y la tragedia familiar que supuso la muerte de su tío, Federico García Lorca.

El libro, publicado por la editorial Comares, huye de cuanto sean datos históricos, fechas contrastadas o sesudos pasajes. Como su título indica, se trata de fragmentos de recuerdos, de trozos de la infancia, de olores, de sensaciones, de sabores. Tica, una de las sobrinas de García Lorca, la primera que tuvo el poeta, va consiguiendo, a grandes retazos, sumergir al lector en lo que era la Granada a comienzos de los años treinta.

"Yo fui una de las personas que pensaba que debía escribir aquellos recuerdos, porque son netamente granadinos, porque son los recuerdos de la Huerta de San Vicente", dice la investigadora Antonina Rodrigo, autora del prólogo. "Es fascinante cómo habla de los olores, de los árboles. Este libro es de los que van a quedar como más granadinos y más lorquianos. Es un libro irrepetible".

Tica Fernández-Montesinos muestra unas memorias muy vívidas de su infancia (el libro concluye cuando la familia García Lorca decide partir hacia Nueva York). Hija de Manuel Fernández Montesinos Lustao, el que fuera alcalde socialista de Granada en 1936, fusilado en agosto de ese mismo año, y Concha García Lorca, la hermana de Federico, la pequeña sufrió en su infancia una gravísima afección en los oídos que la dejaría casi sorda para el resto de su vida. Eso la hizo una niña mucho más introvertida, pero también más observadora.

El libro aporta la 'intrahistoria' de la familia García Lorca en la Huerta de San Vicente y en la calle San Antón. Narra las cosas que no ha descrito ningún historiador ni biógrafo de Lorca, como las comidas que se hacían, los vestidos que se compraban y, sobre todo, las canciones de la época.

Tica Fernández-Montesinos hace un repaso exhaustivo por todas aquellas canciones que aprendió de pequeña y que nunca llegaría a olvidar. También aporta decenas de fotos inéditas con escenas familiares. "Cuenta, por ejemplo", dice Antonina Rodrigo, "cómo en la Huerta de San Vicente no había ducha y los niños se tenían que bañar en una tinaja, o cómo hacían la mermelada que luego guardaban en latas y cómo un hojalatero acudía allí para soldarlas".

Una de las anécdotas que revelan el carácter de Federico García Lorca en el libro (Tica lo llama siempre Tío Federico) es cuando la niña sufrió una espantosa otitis y para que el pelo no infectara más aún sus oídos, le tuvieron que cortar las trenzas. Cuando Federico llegó a casa y vio las trenzas cortadas, hizo como que se echaba a llorar hasta conseguir que la niña se pusiese a reír.

"García Lorca fue quien la enseñó a cantar y a bailar", comenta Antonina Rodrigo. "También fue el responsable de que la niña se llamara Vicenta, como su abuela. Al haber nacido un 9 de diciembre, tras el día de la Inmaculada Concepción, todos querían ponerle Concha, como a su madre. Pero Federico, que era el padrino, insistió en que tenía que llamarse Vicenta".

De Vicenta pasó a llamarse Vicentica y de ahí surgió lo de Tica. Luego llegó su hermano más pequeño, Manuel Fernández-Montesinos, uno de los grandes responsables de llevar adelante la Fundación García Lorca.

"Fue la primera nieta para los padres de Federico y su primera sobrina", comenta Rodrigo. "Lorca se refería a ella en muchas de sus cartas a sus amigos. Para él, la niña era su juguete. Ella fue la nieta adorada de su abuela".

Con la misma honestidad con que Vicenta Fernández-Montesinos narra sus juegos infantiles, narra también la guerra y la tragedia. "La pareja de la guardia civil", escribe respecto a los primeros días de la contienda, "venía a registrar la Huerta, les recuerdo mirando debajo del piano, creo que un día preguntaron por los niños, porque ya no hacíamos ruido. Una tarde en que mi madre nos llevaba a la Huerta del Tamarit [colindante a la de San Vicente] vimos que se acercaban por el polvoriento camino de nuestra Huerta y nos volvimos atrás porque los abuelos estaban solos. Tenía mucho miedo a la guardia civil pero intentaba no demostrarlo, ya los había visto venir en varias ocasiones, agachada entre los grandes macetones de pita de la terraza, a través de las rejas de hierro, mientras los mayores utilizaban unos prismáticos para verlos llegar desde lejos".

El libro, a juicio de la prologuista, "es una gozada, se lee muy bien, casi del tirón. Es casi como uno de esos pastelitos de López Mezquita. Es un libro palpitante de vida, muy sincero, muy personal. Tica Fernández-Montesinos representa lo mejor de los Lorca, lo más noble".

Los recuerdos de la sobrina del autor de Poeta en Nueva York consiguen que el lector pueda recrear mentalmente cómo era la Granada de la época, los dulces de moda, los olores del verano, aquellas primaveras en las que, según cuenta Tica Fernández-Montesinos, todas las tardes había una tormenta. Es un montón de recuerdos frescos, recién cortados, olorosos y llenos de vida. Es la memoria de otro tiempo.

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