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Aquella mirada por siempre y para siempre

  • La galería de arte Arrabal & Cía rinde homenaje al fallecido pintor Pepe Arrabal en una exposición que recoge 16 de sus obras más recientes.

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José Arrabal. Galería Arrabal & Cía, Granada.

Corría el año 2005, la Granada artística, todavía, gozaba de los esplendores que venía experimentando desde años anteriores, si bien, en el arte andaluz, Málaga comenzaba a enseñar sus cartas de naturaleza en favor de un arte contemporáneo que la ciudad de la Alhambra había dominado con creces desde hacía tiempo. En aquellos momentos, el panorama artístico andaluz se mostraba bastante convulso porque la cultura de la comunidad había perdido su tren por culpa del empeño político en dar vida a un Museo Picasso que se comía todo el presupuesto cultural -y mucho más- que había para el resto de una región que veía cómo todo los caminos conducían a Málaga y a un palacio de Bellavista que era, absolutamente, un pozo sin fondo y donde los dirigentes culturales andaluces, con doña Carmen Calvo a la cabeza, experimentaban un esquivo orgullo, mientras la familia Picasso se frotaba las manos ante la estulticia institucional. Fueron momentos donde se hizo necesario recomponer, a la carrera, muchas situaciones para que el agujero no fuera tan hondo y la Cultura andaluza no se viera abocada a un desastre casi imposible de superar. Todos los centros culturales andaluces, Sevilla, Granada y Córdoba, antes bien posicionados, perdían la onda y veían surgir un esplendor malagueño -al principio incipiente pero, pronto, con mucha fuerza- en detrimento de lo que en ellos se había cocido anteriormente.

Centrándonos en los paisajes artísticos granadinos, el entusiasmo que tanto existía, hacía que, la ilusión no se perdiera ante los desmanes de la política cultural. La Facultad de Bellas Artes seguía manteniendo su poderoso status, haciendo posible que promociones de alumnos dejaran constancia su alto potencial artístico. A aquellos primeros grandes artistas que salieron de sus aulas, por entonces, ya, felices realidades, siguieron otros que pronto empezaron a dar mucho de qué hablar. La programación artística de la Diputación Provincial continuaba con su esclarecedor discurrir, con el Centro José Guerrero, ahora, convertido en el buque insignia de su sistema expositivo. La galería Sandunga de Emilio Almagro seguía con su espléndido trabajo aunque, las veleidades, de los dirigentes de ARCO se ensañaban con una de las mejores programaciones de cuantas existieron en las galerías andaluzas del momento. Nadie sabía, de un año para otro, de la presencia segura del espacio de la Calle Arteaga en una Feria que, ya, había perdido mucho de su antiguo esplendor. Otras salas de la ciudad trabajaban buscando horizontes claros por donde circular con solvencia en un mar de aguas poco seguras.

Y, en eso, llegó Pepe Arrabal. No era desconocido en los ambientes artísticos de la ciudad. En el año 2004, adquirió una casa en medio del Realejo granadino, Callejón del Señor, número 12. En ella se pensó para un proyecto expositivo que viniera a completar el paisaje artístico de una ciudad que se quería pleno y con la vocación de futuro que, desde hacía años, llevaba experimentando. Así surgió el Espacio Artístico Arrabal & Cía. Al frente de lo expositivo se colocaría a uno de los artistas granadinos más respetados, por su seriedad, rigurosidad y, por supuesto, su importante trascendencia artística, Alejandro Gorafe. Fue un trabajo arduo hasta poner en valor un espacio que parecía tener muchas posibilidades para una galería, necesaria en la ciudad porque estaría destinada a cubrir muchos huecos y a posibilitar a que muchos de los artistas existentes encontraran el vehículo adecuado para canalizar y dar a conocer su trabajo.

Para el inicio de la andadura se podían haber escogido infinitos nombres que inauguraran aquel proyecto ilusionante. Pero, era de justicia, que fuese Pepe Arrabal el que cortara la cinta de las estancias del Callejón del Señor con su trabajo, desconocido para la mayoría, pero que poseía infinitos valores artísticos que debían ser dados a conocer. La galería comenzó a mostrar su apasionante deambular y se convirtió, en poco tiempo, en referencia expositiva en una ciudad que, cuando la crisis empezó a mostrar su descarnada realidad, veía cómo se iban quedando en el camino galerías que, no hacía demasiado tiempo, eran de suma trascendencia. Arrabal & Cia se quedaba excesivamente sola para una Granada con mucha exigencia expositiva debido a su muchísimo dinamismo creativo.

Los visitantes a la galería del Realejo se encontraban casi siempre a Pepe Arrabal enfrascado en su minucioso trabajo. Era como un elemento más y un atractivo especial añadido a aquel bello rincón que, pronto, fue casi un lugar de peregrinación para un arte que, repetimos, se veía cada vez más necesitado. Pepe Arrabal, en aquel ambiente de suma artisticidad, ejercía de sabio anfitrión, mientras realizaba su pulcra e inteligente pintura en la que recreaba un universo de bellísimas sensaciones y emociones pintadas. Allí lo conocí hace años, después de haberme perdido impenitentemente entre las calles del dédalo callejero del barrio granadino. Pepe, siempre me señalaba sabiamente, en la distancia, el camino a seguir mientras me mostraba una obra que no pasaba desapercibida ni dejaba indiferente. Sus imposibles estructuras, de claras referencias mandálicas, ofrecían mucho más que un bello y paciente trabajo. Sin embargo, aquel treinta de noviembre del 2013, truncaría inesperadamente una vida y dejaría inacabado una pintura que todavía tenía mucho que decir. Murió Pepe Arrabal, pero nos dejó su legado expositivo y su importantísima creación.

Ahora, todos podemos disfrutar de aquello que tan calladamente realizaba, convirtiendo cada línea, cada trazo, cada arabesco en un horizonte artístico donde todo era susceptible de ser posible y tener sentido artístico.

La obra que se presenta en la galería que él creó nos ofrece un apasionante discurso plástico y estético. Todo está en ella perfectamente delimitado, el sentido de la simetría se rompe a conciencia o suscribe más racionalidad geométrica; cada pieza nos plantea una escenografía pulcra y elegantemente estructurada, sometida a unos particulares criterios compositivos que, quizás, Pepe Arrabal mantenía ocultos pero acertadamente dispuestos para que las formas surgieran definitivas, sin posibles renuncios; todo ello manifestando una iconografía espacial rigurosa, limpia, medida y meditada. En la obra de Pepe Arrabal se compendia el discurso de las formas en el tiempo y en el espacio. Es heredera de todo el feliz geometrismo que en su ciudad se ha creado para goce y disfrute de todos; pero, además, abre las perspectivas para que la visión descubra un nuevo horizonte de imaginación bellamente transcrito y felizmente transmitido.

Se fue Pepe Arrabal pero nos dejó su impagable y eterno testimonio artístico. Nosotros, hoy desde una mirada limpia, brillante y emocionada, quizás, pintada de verde con dulces veladuras meladas, queremos llevarlo eternamente presente. Por siempre y para siempre.

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